#EnMisTiempos

Ya no digamos la vida.

Pensemos que te gusta Denzel Curry. Estuviste pegado a la computadora esperando por el estreno de Ta13oo. El tercer álbum del rapero de ascendencia jamaiquina pero nacido en Florida. Vamos a imaginar que habías atravesado un periodo oscuro. Pasó por tu cabeza la idea de quitarte la vida.

Nunca lo harías. Porque hay muchos besos que dar. Mucha cerveza que beber. Canciones para bailar.

Pero lo pensaste. Alguna vez te hiciste esa pregunta: ¿cómo sería el mundo sin mí?

Entonces una de las canciones de Curry te quedó igual que un traje a la medida. Clout Cobain. Uno de los tres singles que más sonaron previo al lanzamiento del disco por un desfile de productores que incluye a FnZ, Ronny J y Charlie Heat, entre otros. La canción que Denzel escribió inspirada en la muerte. La que menciona al cantante de Nirvana en el coro. Porque Nevermind es uno de los discos favoritos de Denzel Curry. Por eso hizo un juego de palabras con el título. Sustituyendo “influencia” por el nombre de pila de Cobain.

Sí, la canción que tiene un video súper cool. El que viste a oscuras, medio drogado, de la mano de tu ex. Alucinaste con las imágenes de ese circo del horror. Con el rostro del rapero maquillado igual que un mimo del infierno. La sensualidad de la chica a la que un viejo parece colocarle una píldora en la boca. La brutalidad con la que algunos personajes son marcados con una aguja en el rostro.

Le dedicaste la canción a tu ex. Aunque no tiene una pizca de romántica. Pero entonces tampoco era tu ex. Sólo era la persona de la que te enamoraste. Con la que te escribías por WhatsApp en mitad de la madrugada. Le prestabas tu ropa. Cogías sin condón. Te escapas en las vacaciones a Mazunte. Imaginaste hacerte la misma perforación. Ser los últimos amantes en la vida del otro. Los definitivos. Porque eso hacen los enamorados y únicamente para eso sirve el amor: para ser un par de idiotas de tiempo completo.

Antes de que tu ex se convierta en tal su nombre suena igual que un suspiro de la naturaleza. Después, cuando ya no son nada, su evocación duele. Escuchar su voz lastima. Te hunde el filo de una daga en el vientre. Te produce ansiedad. El ex representa un tatuaje ambulante que no se puede borrar. Estará ahí para recordarte lo feliz que fuiste a su lado. La miseria que te dejó en la cama cuando se levantó para irse definitivamente.

El ex te echa a perder tu canción favorita. Ya sea porque se la dedicaste o sólo porque la escuchaste a su lado. En medio de la penumbra. Bajo la influencia de alguna droga. Medio pachecos. Desnudos y tomados de la mano. Cubiertos de sudor. Con el cesto de la basura lleno de condones usados y el pecho de promesas que más tardan en salir de sus bocas que en olvidarse.

Después de un ex, esas canciones que escuchaste a su lado ya no vuelven a sonar igual. Ahora también hieren. Te hacen sangrar. Quieres destrozar las bocinas. Tirar a la basura tu colección de vinilos. Pisotear la pantalla del celular como si con eso ahuyentaras su recuerdo. Asesinaras al fantasma que espera a que llegues de la peda para saltarte encima. Para obligarte a escribirle un mensaje. O llamarle por teléfono en medio de la madrugada.

–¿Te acuerdas cuando escuchamos a Denzel Curry aquí en mi cuarto? Te extraño.

Por eso es mejor escuchar música a solas. Ser egoísta y no compartirla con nadie. No se puede confiar en el corazón. Recuerda que adentro del pecho viaja tu peor enemigo. Un Judas palpitante. Porque la vida se puede medir en exes. Lo que tardes en superarlos o no hacerlo nunca.

Un ex te puede echar a perder una canción. Incluso aunque sea una de tus favoritas y no tenga nada que ver con el amor. No existe una sola historia de alguien enamorado que haya tenido un final feliz.

Igual que en el video de Clout Cobain: parecer que lo mejor sería darse un tiro en la sien.

Pero no. Al final siempre valdrá la pena levantarse y seguir adelante. Como hubiera escrito un Vicente Huidrobro millennial: “huir de ex en ex hasta el fin de la tierra”.