Lo que no comprende en su ardor el activismo reciente, es que su aparente éxito proviene de la obligación del mercado de crear necesidades y de buscar chivos expiatorios que le haga capaz de absorber sin riesgos cualquier movimiento crítico a su esencia.

No hay hoy lucha social de gran impacto que cuestione los pilares de nuestro modo de vida, tan solo enfrenta cuestiones formales. Antes de apoyar una causa se debería emprender un análisis de hechos más allá de un trágico suceso, por muy capturado en vídeo que esté, y entender a quién beneficia nuestro activismo, ya que es necesario como individuos involucrarnos en demandas de igualdad y justicia. La agenda social debe ser una de las prioridades de los ciudadanos y sus gobiernos.

Ayer el gobierno de México presentó unos optimistas presupuestos, con un crecimiento de la economía de un 4% aproximadamente, según el secretario de Hacienda. Hay un alentadora subida del apoyo presupuestal en salud, del 9%, pero por otro lado un restricción al gasto, propio del mas neo liberal de los gobiernos. No hay aumento de impuestos, lo cual siempre, y más en esta situación de crisis económica, pone en duda la capacidad del Estado de llevar a cabo sus programas sociales. Sin duda el incremento en gasto sanitario es en México una cuestión fundamental en la agenda social.

En EEUU las elecciones están marcadas por el reciente conflicto racial. Independientemente de que la violencia parece favorecer lentamente en las encuestas a Trump, llama la atención el peso que estas protestas tienen en el expositor vital que es la publicidad. La última campaña de Nike, en horarios de máxima audiencia, compartiendo bloque publicitario con complejos de golf en acantilados de lujo, es una proclama social a rebufo de la cuestión de las minorías.

Hace unos meses un estudio realizado por el Instituto de Política Estratégica Australiano ASPI, denunció que 80,000 uigures, minoría étnica musulmana china, fueron trasladados desde los ‘centros de reeducación’ de Xinjiang a factorías subcontratadas por empresas internacionales, en programas de trabajo forzoso. El ASPI identificó a 27 fábricas en nueve provincias de China que utilizan mano de obra uigur transferida desde Xinjiang, desde 2017. Las fábricas son parte de la cadena de suministro de marcas como Nike, Google, Apple y Calvin Klein, entre otras. Un anuncio, o zapatillas customizadas por  jugadores, de los que pidieron cancelar la liga por la lucha contra el racismo en USA, le valen a una marca deportiva para sacar redito del activismo y tapar sus propias vergüenzas.

Mientras la disputa por la Casa Blanca sigue, Trump ha sido nominado hoy para el Nobel de la Paz por sus esfuerzos para ayudar a negociar el acuerdo entre Israel y Emiratos Árabes Unidos. Pacto que por otro lado tiene mas pinta de alianza bélico económica contra Irán que otra cosa .

La nominación fue presentada por Christian Tybring-Gjedde, miembro del Parlamento noruego “por su mérito” de intentar crear la paz entre las naciones “más que la mayoría de los nominados al Premio Nobel de la Paz”, declaró a Fox Tybring-Gjedde . Esta candidatura  hará que muchos nos  tiremos de los pelos asombrados. Lo cierto es que en 4 años de gobierno Trump, EEUU, no ha intervenido en ningún país a diferencia de otro reciente nobel de la paz, Obama, que intervino en Libia y Siria, además de haber sido el presidente drone, por utilizar activamente esta arma para eliminar enemigos.

El pasado lunes Trump, seguramente conocedor ya de la noticia de su nominación, declaró que los principales líderes del Departamento de Defensa están comprometidos con la guerra para contribuir con el enriquecimiento de los contratistas y empresas militares, según recogió The New York Times. “No estoy diciendo que los círculos militares me amen, pero los soldados me aman. Las personas más importantes del Pentágono probablemente no lo hagan porque no quieren nada más que pelear guerras, para que todas estas maravillosas compañías que fabrican bombas, aviones y todo lo demás estén felices”, dijo el nuevo Lennon Rayos UVA Donald  Trump,  que seguro aún medita si un conflicto en Irán o Venezuela le haría ganar las elecciones o no.

En clave interna de EEUU y en relación con las protestas del Black Lives Matter, es interesante leer las estadísticas del FBI. La agencia agrupa datos de unas 16,800 fuerzas policiales: federales, universitarias, tribales, estatales, de condados, municipal… Su informe Crime in the United States: https://ucr.fbi.gov/crime-in-the-u.s , revela que tras un descenso del  número nacional de homicidios en 2013 y 2014, de un 3,2%, durante la presidencia de Barack Obama, en 2015 y 2016, con el demócrata aún en el Despacho Oval, la tasa anual  de homicidios subió un 12%. En 2017, ya con Trump, el número de homicidios  se mantuvo para luego en 2018 y 2019, descender un 6,6% en 2018 y – 3,9% en 2019. Las víctimas de raza negra, repuntaron en 2015 y 2016 y cayeron en los dos primeros años de mandato Trump. Otro dato significante es que el 90% de las personas negras asesinadas fueron víctimas de criminales de su misma raza. La necesidad de un cambio profundo es indudable, la marginación por la falta de estudios y sanidad deben ser corregidos desde una perspectiva de clases y no de razas, a nivel global, no nacional, para no caer en un simplismo estampado en la ropa. Los vellocinos de oro del consumismo – Bank of America valoró el negocio de las zapatillas en 3.000 millones de dólares el año pasado- que generan ansia  al individuo, forman parte esencial de la cultura a revisar.

Decía George Orwell que “si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír”.  No se es revolucionario por tener 24 años, como demuestra el nuevo disco de la japonesa, nacida en 1959, Phew. El riesgo de confundir revolución con involución  es aterrizar en un territorio solo explorado  por la idea , el ideal ,  sin atender a los antecedentes históricos. Reclamar una dictadura de lo correcto, como solución a todos los males, no es mas que un maquillaje represor, de la cabeza a las zapatillas.

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