Buena manera de empezar el año, una performance revolucionaria de aires reaccionarios provocada por la era del show mas que  por el principal señalado de los disturbios en el Capitolio de EEUU, el todavía presidente Donald Trump. El Cesar de la cultura de la hamburguesa y el simplismo en seriales, tiene el mérito de entender la mala sangre que nutre el reality global, él ya tuvo el suyo en formato televisivo, que nos da la opción de elegir un personaje de ficción a cada individuo, un perfil soñado hecho realidad. Lo coherente es llevar el compromiso actoral hasta el final.  Una competencia supremacista del ego.

Si algo nos han enseñado décadas de sociedad del espectáculo es que solo aquel que cumple comprometidamente su rol gana respeto. Hasta el punto que hoy cantantes, actores y esa amalgama de payasos TV que son los influencers y youtubers ofrecen como todo mérito la absoluta disolución en un solo elemento de privacidad, vida pública y labor profesional.

Era una oportunidad de oro para los súper héroes caras pálidas. Hombres bisontes, cow boys, soldados universales y demás huestes blancas. Las imágenes de sí mismos que han obtenido les  garantizan a sus protagonistas el maná de la popularidad virtual, puede que la cárcel también, pero la era del show es así de demandante. Faltó en la escenificación unos camiones con bocinas para una ambientación sonora uniforme que impulsará a esos ya de por sí ardientes corazones a la toma del edificio. Como propuesta el atronador primer disco de la banda de Texas Frozen Soul, Crypt Of Ice. Death metal para no tenerle miedo al más trágico fin.

Terror que sí se ha adueñado de Donald Trump, quien entre Coca Cola y Tweet en algún momento se imaginó como el primer Duce made in USA.

Las últimas horas ha reculado, se ha enrocado para protegerse tras la derrota que rehuyó y negó, quizás atemorizado por las repercusiones legales que incluso le pueden alejar de presentarse a las elecciones del 2024, único fruto perceptible de tanta convulsión post electoral para el trumpismo.

Donald recalcula y lo hace erróneamente. Insulta a sus seguidores, toma distancia, se cura en salud, quizás por conocer las punibles bambalinas que propiciaron semejante envite al sistema constitucional de EEUU. Parece poco probable después de esto sea tomado en serio por su vanguardia de combate. “Solamente yo cargo la responsabilidad” dijo Hitler en 1923 tras la sublevación conocida como el Putsch de Múnich, que llevó al futuro Führer a la cárcel de donde salió ya hecho un mito. Y no es difícil adivinar que muchos de los asaltantes del Capitolio harán la comparación.

Entre el instigador presidente y sus chicos rabiosos hay una ideología cinematográfica de buenos, malos y malvados. De héroes y villanos. Una mezcla de negacionismos varios, capitalismo darwinista, colectivismo emocional, vanguardia rebelde y hartazgo periférico de hipocresías burguesas. Todo bañado en un simplismo de complots diabólicos 8 mm que no nos exime de al menos preguntarnos si lo que sucedió fue orquestado con un objetivo definido, o producto de la espontánea furia.

Este mismo domingo 3 de enero, diez ex secretarios de defensa de EEUU, los únicos vivos, 8 republicanos, y 2 demócratas publicaron una carta en el diario Washington Post afirmando en el escrito que desde el entorno de la administración Trump hay presiones a los militares para que tomen partido en la disputa electoral.  “Los esfuerzos para involucrar a las Fuerzas Armadas en la resolución de disputas electorales podría llevarnos a un territorio inconstitucional, ilegal, y peligroso” declaran los ex secretarios de Defensa, y advierten que “los altos cargos militares y civiles que dirijan o lleven a cabo esas medidas deberán ser considerados responsables, lo que incluye responsabilidades penales, por las graves consecuencias que sus acciones pueden tener para nuestra República”.

Una advertencia de los que fueron máximos responsables de las Fuerzas Armadas de EEUU, incluido quien ostentó el cargo con el propio Trump hasta hace un mes, de un posible ruido de sables o dicho menos eufemísticamente, un golpe de estado. Al día siguiente de las revueltas así, ” golpe de estado”, lo ha definido la presidenta del congreso Nancy Pelosi, al pedir invocar la 25ª enmienda a la Constitución de Estados Unidos para destituir al presidente Donald Trump.

Pongamos que el FBI en su investigación de los hechos encuentra nexos con Rusia. Pelosi, archienemiga de los asaltantes, dijo tras la toma del Capitolio (que en momentos parecía el caos y otras una visita guiada) que fue “un regalo para Putin”. Desde luego no deja de ser significativo que los seguidores de Trump tomarán las cámaras de representantes que hasta dos veces, durante el mandato del magnate, firmaron un paquete de ayuda militar para Ucrania, país en guerra civil contra fuerzas internas pro rusas, que el Presidente vetó en ambas ocasiones.

Desde Moscú pocas voces han opinado sobre lo ocurrido en la capital de EEUU, una ha sido la de Edward Snowden. El cobijado por los rusos ha puesto el foco de atención en la censura de Twitter y Facebook sobre las cuentas de Donald Trump. Línea discursiva continuada por el presidente de México, López Obrador. Mientras, el cerco virtual se estrecha. WhatsApp está pidiendo a sus usuarios que acepten su nueva política antes del 8 de febrero para poder seguir utilizando la aplicación. Esta nueva regulación compartirá los datos recopilados por WhatsApp con Facebook, lo quiera o no el usuario.

Habría un capítulo de insospechadas consecuencias al intervenir una potencia extranjera en un formal intento, no ya de desestabilización,  sino de establecer una dictadura afín. Por ahora todo esto queda en la política ficción, aunque lo de ayer no fue otra cosa que justamente la representación de una avanzada heterogénea de neo nazis, chamanes, ex militares, camorristas con argumentos, gamers, señoras indignadas, varones vintage, geniales individuos en red, anti chavistas, cristianos en cruzada constante y defensores del individuo con colt. Juntos en su happening llevaron el ardor virtual a la realidad, como antes el Estado Islámico, el colectivo tira estatuas, el neo feminismo místico, las primaveras árabes que fueron inviernos medievales islámicos, los nacionalismos independentistas,  los anti emigración europeos y todos los que bajo el paraguas del algoritmo y con la inspiración de 60 años devorando memeces televisivas, se ven un día convertidos en convencidos radicales.