Cuando alguien alcanza el éxito, lo común es rascar en su pasado para encontrar trazos que permitan crear algo parecido a una biografía. Cuando eso sucede con una pareja cuya historia es además de esas interesantes y poco comunes, la búsqueda de rastros biográficos se hace más intensa. Lo malo es que cuando esa búsqueda aterriza en terrenos metaleros, la gran mayoría de los medios que parecían interesarse en ese pasado, lo desechan. Casi pareciera que tener un pasado en el metal es pecado, cuando en realidad la falta es discriminarlo, y peor aún, eliminarlo del contexto de él o los famosos en cuestión. Si esto parece enredado, espere usted querido glóbulo lector a que le explique un poco más a detalle. Porque aquí se va a hablar de Tierra Acida.

Tierra Ácida es un proyecto de metal noventero que por razones varias nunca sacó un disco larga duración, sin embargo mantuvo su estatus de culto durante décadas y que pudo haber sido rescatado o sacado a la luz cuando en los albores de los años dos mil, el dueto Rodrigo y Gabriela hizo que miles voltearan a México, y por una ridícula necesidad malinchista (como pegaron fuera entonces merecen ser reconocidos dentro) los propios mexicanos decidieran adoptarlos como historia de éxito, aunque sin tomar en cuenta su pasado. Y así vamos por el camino típico de estas historias, el de recurrir a los famosos para hablar de algo de su pasado. Ok, borre usted el casete querido lector y permítame (además de la metáfora desatinada de un casete en tiempos modernos) volver a empezar.

Tierra Acida (el nombre originalmente está escrito así, sin acento en la A) fue un cuarteto de metal que existió durante la mayor parte de los años 90 en México. Tocaban en lugares como La Diabla, Rockstock (antes de volverse insoportablemente fresa), Naked City y El Antro. Además de Rodrigo Sánchez (guitarra y voz) y Gabriela Quintero (guitarra), estaban César “Chezz” Navarro en la batería y Edgardo Pineda en el bajo. Grabaron tres demos, dos de los cuales fueron editados de manera independiente en esos años y después, como desgraciadamente pasó con muchas bandas de metal, dejaron de tocar.

Hoy, gracias a “Chezz” y un insipiente sello discográfico llamado TAC Records (y aquí sin mayor elemento de prueba que mi imaginación supongo que TAC será por Tierra Acida), los tres demos han sido editados en formato CD. Esto representa no solo el rescate de la música de una banda que en su momento lo hacía muy bien, con toques de pronto reminiscentes a Black Sabbath, de pronto a cosas más ad hoc con la época, sobre todo en lo que eventualmente fue llamado Groove Metal sino la muestra (por millonésima vez) de que en México han existido siempre bandas de gran calidad que se mueren porque nunca ha existido una verdadera industria del entretenimiento que abrace igual tanto a los artistas populares, como a las propuestas alejadas del llamado “mainstream”. Apoyar por ejemplo la escena metalera significaría no solo una muestra de coherencia en cuanto a políticas culturales y visiones empresariales dizque incluyentes, sino un generador de recursos y trabajo, pero esa es otra historia.

Parece mentira pero editar el CD significó buscar a los músicos para tener la autorización de todos y sacarlo sin temores, liberar posibles problemas legales con el uso de los nombres de Rodrigo y Gabriela que hoy por hoy tienen contratos con empresas internacionales y por supuesto, también era un riesgo porque han pasado más de 20 años desde que la banda grabó sus últimas canciones. El resultado es mejor de lo que se esperaba. Son once temas que si bien suenan totalmente noventeros en cuanto a su estilo, muestran que la banda tenía gran calidad y que tenía bien claro que incluso para grabar un demo era necesario ser profesional. Es decir, la calidad del sonido es mucho mejor de lo que la palabra demo podría sugerir, gracias en buena medida al trabajo de Nino Salazar y Benito Romero en la remasterizada y transferencia de audio, respectivamente. Y en el origen claro está la música, que es al final del día lo que hizo que el nombre de la banda nunca dejara de aparecer en la charla entre los metaleros que hoy son vistos como vieja escuela.

Entonces, si al escucharlo se coloca uno en lo que fueron los 90, el disco es una gloriosa postal sonora de la década. Fueron años en que surgieron y se consolidaron bandas como Guillotina y Ansia por ejemplo, y si bien Tierra Acida no es tan decididamente Grunge o Alternativo y tiene riffs más heavy metaleros, también tiene momentos que encajan en esos otros géneros. Eso era parte de su encanto, que por momentos te recordaba a Sabbath, por ahí algunos riffs parecían como si los Scorpions se metieran esteroides y sin embargo sonaba totalmente acorde a la época con un sonido y una voz graves, con una importante presencia del bajo y el bombo por ejemplo, con dos guitarras afinadas en tonos también graves y con un estilo que estaba en la frontera entre lo que sería el Doom tipo Stoner (lento, pesadote y grave pero melódicamente accesible) y esas referencias al Grunge y el Alternativo (sobre todo el estilo vocal).

Y debe quedar claro, la idea de este texto no es menospreciar ni siquiera remotamente la carrera de Rodrigo y Gabriela, es en todo caso un esfuerzo por mostrar que también vivieron su etapa de formar parte de una banda, cuando ellos eran dos de cuatro miembros de Tierra Acida, una banda que merecía mejor suerte y reconocimiento y que, afortunadamente, con la edición de sus demos deja un testimonio físico de su paso por la escena metalera mexicana. Y en ese contexto el reconocimiento máximo es para “Chezz”, quien fue el encargado de rescatar la música de esta banda de la cual no sólo fue fundador, sino co compositor. ¡Altamente recomendable!

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