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The Rose en México: Un jardín sonoro en la jungla de asfalto

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The Rose en México: Un jardín sonoro en la jungla de asfalto

The Rose no es una banda que simplemente “lo logró”; no es aquel grupo que sacó un hit y todo lo demás se dio como un eco. Sus integrantes trabajaron duro por ocho años, compartiendo al mundo su mensaje bajo su propio tono y ritmo, convocando en el camino a quienes necesitaban encontrarlos. El pasado 12 de agosto ofrecieron un show sold out en el Pepsi Center, demostrando que ya se codean con bandas mainstream, divisando sus inicios.

Llegando por Insurgentes Sur, las calles aledañas al Pepsi Center ya daban la bienvenida a las Black Roses que no perderían la oportunidad de ser las primeras en la fila no importando el clima. Si bien este no era un concierto de K-pop como tal, desfilaban sin falta los lightsticks, los freebies y los outfits inspirados en la banda, todo llenando el aire de esa cálida sensación de pertenencia.

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No eran ni las 11 AM cuando la fila ya contaba con unas 60-70 personas, quienes sin conocerse platicaban desde las 8 recuentos de su historia con The Rose. Mientras tanto, los regalos se hacían presentes: rosas tejidas a mano, pins, stickers, peluches, llaveros… allá un friendship bracelet se quedaba corto. Intercambiar un freebie es como sentir que compartes un lazo invisible con los fans de la banda que verás. Cada fan hace entre 100 y 300 ejemplares, intentando darlos a todos (spoiler: nunca son suficientes).

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La banda arribó al lugar en una van negra alrededor de las 12:30. Desde la ventanilla se veía a Dojoon emocionado por estar en México, grabando la cantidad de público antes de entrar; su sonrisa no mentía. Estaba feliz de volver. La última vez que The Rose estuvo en México, la fila para entrar al recinto alcanzaba varias cuadras. Los vendedores ambulantes apenas se distinguían, pues aunque el recinto solo albergaría a unas 4,000 personas, el resto estaba ahí para ser parte de aquella gira, el documental que sería más tarde viviría en el video oficial de “Cure”, o simplemente respirar el mismo aire que los miembros.

Woosung, Dojoon, Hajoon y Taegyeom forman aquella banda que, sin ser parte de alguno de los cuatro sellos más grandes de Corea, ha logrado crecer exponencialmente dentro de la escena del rock indie, no solo en Asia sino en todo el mundo. Tocando en festivales como Lollapalooza, Coachella, BST Hyde Park y Festival Estéreo Picnic, los surcoreanos saben que están en otro punto de su carrera, pero sin perder los pies en la tierra. Su trato a los fans, ya sean nuevos o de debut, siempre es cálido y suave como una rosa.

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Volviendo al show, a las 5:00 PM quienes tenían un paquete VIP (aprox. 350 personas) podían escuchar su soundcheck acústico y participar en un Q&A. En la sesión acústica, sus voces se mezclaban y envolvían el lugar de manera única. Ahí las fans escucharon canciones como “I love you”, “Time” e “Insomnia”, haciendo que la espera para el show se sintiera aún más eterna, pero al mismo tiempo como un alivio: el día por fin había llegado.

A eso de las 8 PM los simples mortales comenzamos a entrar. El espacio se llenó de conversaciones creando un efecto cóctel mientras buscaban su lugar, compraban comida y, en general, nos preparábamos mentalmente para las siguientes dos horas. Así, en punto de las 9 las luces se apagaran, el momento había llegado. Tendríamos el reencuentro con The Rose en un recinto el doble de grande. Estaban ahí y nosotras éramos testigos.

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“Once upon a world” comenzaba, “숨” nos guió directo al primer acorde de “Ticket to the sky”, cuando todos los lightsticks y teléfonos se elevaron en el aire. El tiempo se detuvo, para mí, en ese momento: nuevamente estaba ante The Rose, mucho más cerca que la primera vez, pero sintiendo glitches de aquel primer show, que sentí como un curita al corazón.

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El primer bloque del concierto unió al público entre acordes y voces que entraban por los oídos y llegaban directo al alma. Con “Childhood” y “Definition of ugly”, el corazón se estremecía y la piel se erizaba (porque sí, sonaba todo igual que en el disco). Cada persona cantaba al unísono, cada quien con su propia expresión, pero todos conectados. Ese refugio emocional que crean sus letras se coronó con un clásico: “She’s in the rain”.

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Después de la bienvenida, el show tomó un giro más folk, pues su último disco dio ese giro (no es queja). El ambiente empezó a fluir y subir en emoción. Fue cuando sonó “Nebula” que dejaron caer la icónica cortina, revelando un escenario inspirado en la habitación de los chicos. Una cama al centro (que, según Woosung, venía directo de la habitación de Dojoon) daba todo el ambiente para sentir que era algo cercano.

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Al avanzar, fuimos testigos de la evolución musical de The Rose, navegando entre hits como “Back to me”, hasta su primer sencillo, “Sorry”. La banda no dejaba de impregnar su huella en cada testigo del show, cambiando las letras al español, bromeando entre ellos, y haciendo un show muy a su estilo.

Cuando el show iba más de la mitad, hicieron una breve encuesta preguntando quiénes habían estado en su show de 2018. La sorpresa fue que menos de la mitad habíamos sido testigos de ese show; las demás asistentes eran fans que se habían unido a lo largo de estos años de ausencia en México o que habían esperado pacientes. Lo que a todos los integrantes les sacó una sonrisa, acompañada de un agradecimiento genuino. De ahí en adelante, nos llevaron en una montaña rusa de emociones entre “Cosmos”, “Wonder”, “Alive”, “The beauty and the beast”, “Nevermind” y “Sour”.

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El show terminó con “O” (no había mejor manera). Alrededor de 23 canciones viajaron por los parlantes del lugar y ahora vivirían en nuestra memoria. Pasadas las 10:40, empezamos a desalojar el recinto. Mientras dejábamos atrás aquel escenario, se veían algunas lágrimas, globos del fan project de Red por todos lados y expresiones de sorpresa en varios rostros. Al salir, nos recibía el aire frío que se sentía como vuelta a la realidad, mientras nos topábamos con el largo pasillo de merch pirata que nunca decepciona, el tráfico que hace de esa calle un reto de paciencia, y fans que ya se disponían a volver a casa.

Caminando por una avenida poco transitada por ser martes, volvía a la realidad. Había visto nuevamente a The Rose en vivo, y aun así sentía que no podía esperar a la próxima. Un gran show, una gran noche y una banda que seguro llegará aún más lejos. Con freebies en mano y camino a casa, solo pensé: “nos volveremos a encontrar”.

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Stephania Santoyo

Stephania Santoyo

Un INFJ intentando sobrevivir con un poco de cafeína, música e intentos de poesía.

Auditorio BB