Un texto de Alejandro Mancilla @nosoymoderno

Artículo publicado originalmente en la edición #146 de Revista Marvin. Compra tu número aquí

Uno de los mejores conciertos a los que he ido en la vida, fue al de The Radio Dept. en el Lunario del Auditorio Nacional en el DF allá por el 2011. Recuerdo que le dije a unos amigos que me acompañaron que cerraran los ojos y dejaran que la música los transportara. Por más naif que pareciera, la cosa funcionaba. Inclusive una buena amiga implementó esa práctica en todos los consecuentes conciertos de shoegaze a los que fue. 

Claro que tiene años que The Radio Dept. dejó de ser siquiera dream-pop. De hecho odian las etiquetas, no les gusta que la prensa diga que suenan a tal o tal cosa. Si bien es cierto que en los discos recientes han abrazado los sonidos electrónicos y dejado las guitarras con capas de sonido a un lado, la melancolía sigue ahí así la disfracen con loops y las guitarras apenas y emerjan. Tras una larga sequía en la que sólo publicaban singles ocasionales (cómo “Death to Fascism”) y donde el firmamento no ofrecía indicios de su retorno, el grupo volvió a la carga en este 2016, 6 años después de su último álbum, con Running Out of Love publicado por su sello de toda la vida (Labrador, distribuido en México por Arts and Crafts) que sin ser conceptual, sí encapsula en 10 tracks la impotencia del desamor en la vida y el mundo moderno.

Pequeños destellos de electrónica, dance que no es dance, distorsión minimalista y esa misma voz fría que, a pesar de todo, transmite más que la mayoría de sus contemporáneos embelesados en el mainstream o absortos en los clichés de una malinterpretada independencia; The Radio Dept. son la quintaesencia del indie-rock, ése al que sí le importa lo que dicen las letras.

Hace algunos años, la banda comentó que el hecho de que en sus discos saliera el logo de Warner (porque los distribuye en algunos países), para ellos era tan grave como tatuarse el logo de MacDonalds. ¿Actitud? El nuevo disco despliega eso y además, grandiosa música. Desde el primer track, “Slobuda Narodu” (que en croata significa “libertad de personas”), sabemos que la mejor versión de The Radio Dept. está de regreso. Ahí están las voces sampleadas y las atmósferas obsesivas pero delicadas. Temas como “Swedish Guns” nos demuestran que se puede ser sensible y al mismo tiempo hablar de temas complicados. El resto del material se mueve entre esbozos house minimalista, sintetizadores lo-fi (“Occupied”, por ejemplo), reivindicaciones new wave (“This Thing Was Bound To Happen”, donde destaca el bajo).

El dueto integrado por Johan Duncanson y Martin Larsson sin duda sigue siendo un maestro de los malabares pop, disfrazando su activismo recurrente y compromiso con verdaderos ganchos sónicos impresionistas, que asemejan acuarelas con mensajes (no tan) escondidos en sus líneas y colores. Platiqué muy brevemente con Johan sobre política, amor y música noventera. 

Por el título del disco, pareciera que no creyeras en el amor…

Johan Duncanson: No se trata de creer o no creer, sino de que se acaba. Y no sólo el amor de una pareja, de amigos o de la familia, se trata del amor por la humanidad y la sociedad.

¿Has cambiado tus convicciones políticas con el tiempo?

JD: No, para nada.

¿Eres un pesimista?

JD: Usualmente no, me gusta la gente y el mundo que me rodea. Así debe ser, porque, entonces, ¿qué tendría sentido? Aunque cuando todo se pone difícil, es el momento que me da por escribir canciones sobre lo que me pasa. Es complicado a veces no ser pesimista.

Son tiempos políticamente terroríficos y vale la pena preocuparse por lo que estás cantando”. —Johan Duncanson

¿Sabías que las canciones del grupo están catalogadas con “R” (para adultos) en Spotify?

JD: No lo sabía, es súper raro, de hecho no sé qué pensar sobre esa situación.

“We Got Game” es una de las mejores canciones del disco y debo decir que me suena un poco a Technotronic… ¿los recuerdas?

JD: Claro, me encantan. Todos crecimos con esa música dance de los primeros años de los 90 y quizá por eso para mí fue fácil comenzar a escuchar house cuando ya era un poco mayor, ya que estaba familiarizado con ese sonido. Claro que aquella música noventera era más comercial, pero sentó ciertas bases para lo que vino luego.

¿Hay una división de fans del antiguo The Radio Dept. con los nuevos adeptos? Muchos quieren que sigan haciendo cosas como This Past Week

De hecho sí, la segunda parte de This Past Week podría ser justamente nuestra primera canción con un beat dance.

Cómo activistas que son, ¿qué se siente tocar en países donde no está permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo? 

En Suecia, nuestro país, es legal desde el 2009, lo cuál de hecho, no tiene tanto tiempo que digamos. Ya habíamos estado tocando durante 7 años ahí cuando esto finalmente sucedió. Por lo general, las personas con las que convivimos en los shows suelen ser liberales donde quiera que estemos. 

¿Alguna situación donde no haya sido así?

Hace algunos años en St. Petersburgo, mencioné algo durante un show acerca de la alta tasa de crímenes de odio contra las personas gay en Rusia y alguien del público gritó que era mentira, porque en su país no había homosexuales.

¿Compones pensando un poco en los fans?

Hago la música que me gusta escuchar, cuando nos damos cuenta que hay algo que la audiencia espera encontrar en el disco, ya es muy tarde. Si tuviera eso en la mente, tendría muchas dudas y no terminaría las cosas, siempre estaría desechando todo y comenzaría a hacer las canciones desde cero. 

¿Sientes que la música y la política encajan entre sí, que con el riesgo de que la música se convierta en mero vehículo para el mensaje, despojado de todo el contenido?

Definitivamente hay siempre ese riesgo. Eso tuvo que ver para que no hiciéramos muchas canciones políticamente abiertas cuando comenzamos la banda. Hay problemáticas de las que se tienen que hablar urgentemente, sobre todo por la extrema derecha extendiéndose en Europa. Pero en el fondo, siempre seremos un grupo de pop, la música siempre será lo número uno para nosotros, sino fuera así, no estaríamos haciendo canciones. Pero, ¿sabes?, si éstas llevan letras, creo que tienes que decir algo y a veces ese algo tiene que ver con la política. Son tiempos políticamente terroríficos y vale la pena preocuparse por lo que estás cantando.

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