El género documental es un estiramiento del inconsciente, un ejercicio sensible cuya finalidad  es alcanzar tiempos ajenos, instantes distanciados que se vuelven tangibles gracias a los músculos de la memoria audiovisual. “The Last Dance”, proyecto que recrea de manera casi cartográfica el ascenso del ídolo -la palabra se queda corta- Michael Jordan es, muy probablemente, la muestra más actual e impactante con respecto a dicho fenómeno.

A pesar de que durante varios años Netflix se ha ufanado de proponer una paleta de contenidos “revolucionaria e inclusiva”, no cabe duda de que, al menos en cuanto a lenguaje fílmico se refiere, sus propuestas documentales -sumamente amplias y variadas- parecen adheridas a un mismo lenguaje estructural, misma situación que se vuelve especialmente notable si ponemos atención a aspectos como el montaje, la edición y el lenguaje narrativo en general.

A pesar de que, por desgracia, “The Last Dance” se adscribe igualmente dentro de esta narrativa un tanto institucionalizada y pedagógica – ver algo de cine ensayo o de recursos experimentales no hubiera estado nada mal- no cabe duda de que, al igual que ocurre con la gran mayoría de los documentales biográficos que se valen de la magia de los materiales de archivo, el influjo afectivo de este proyecto es innegablemente sólido.

“The Last Dance” satisface de manera precisa uno de los deseos más controvertidos pero cruciales dentro del documental contemporáneo: la necesidad inconsciente del espectador de rellenar los huecos antropológicos con el fin de concretar un relato naturalista con respecto al protagonista histórico en cuestión.

Mediante una amplia colección de estamentos audiovisuales los cuales humanizan al mito, “The Last Dance” nos permite apreciar a Michael en toda esa complejidad tanto física como humana que siempre fue su principal aureola; misma situación que se ve complementada mediante un rastreo concienzudo de la serie de acontecimientos que marcaron el legado de este atleta irrepetible.

A manera de conclusión podemos decir que “The Last Dance” es un proyecto el cual se encuentra definido por una máxima insondable: “no hace falta ser fanático del basketball para disfrutar de ese espectáculo que es Michael Jordan”.