The Killer Barbies regresan, sí, pero no para acomodarse en el museo del rock nostálgico. Los de Vigo regresan para recordar que, en un mundo saturado, hiperconectado y domesticado por el algoritmo, todavía hay espacio para el ruido, la irreverencia y la risa que escupe. La cultura pop puede autodestruirse, pero también reinventarse cada vez que alguien se atreva a hacer una pregunta incómoda. Charlamos con Billy King, letrista y batería de The Killer Barbies, en un momento decisivo para la banda, con nuevo disco bajo el brazo y un libro autobiográfico donde se destripan memorias, heridas y el tipo de anarquía emocional que no cabe en una biografía complaciente.
TXT::Tim Drake
En el disco, El pop se autodestruirá en 4, 3, 2, 1…, parecen cuestionar qué demonios significa el pop hoy. ¿Desde qué lugar lo critican ustedes?
Es que el pop es muy amplio. Dentro del pop puedes tener a Britney Spears, Taylor Swift y por otro lado puedes tener a Blondie. Es un universo enorme.
En “Voy a ser millonaria” se ríen del dinero mientras el capitalismo devora todo. ¿Se puede ser feliz sin eso de ser millonario?
Hay un exceso de consumismo absurdo: más por más. Es difícil escapar, pero es necesario. Si seguimos así, nos lo cargamos todo. Ese más por más es un sinsentido.
El regreso de The Killer Barbies llega en un momento en que el reguetón parece dominar el mundo. En sus inicios, ustedes peleaban contra las Britney´s, los NSYNC…
Sí, siempre hubo como esa sensación de que todos ellos estaban en primera línea, y lo siguen estando. Y por eso es necesario que existan otras visiones de lo que es hacer música, de cómo es la realidad. No todas las propuestas musicales tienen que venir de multinacionales. En nuestro caso pasaba algo parecido. Cuando surgimos en los años 90 aparecieron un montón de bandas y la escena cambió radicalmente. Con la llegada de Nirvana hubo un giro brutal; lo que era underground llegó de pronto a un público enorme.
Si el pop se autodestruye —como dicen—, ¿qué autodestruye al rock? ¿La rabia, la ironía, la memoria?
Creo que Nirvana fue la primera banda en pegar un pelotazo enorme y demostrar que se podía hacer música con guitarras potentes, sonidos fuertes, y aun así llegar a un público amplio. Ya no era cosa de cuatro chavales en un sótano, sino de algo con grandes posibilidades. Pero ahora está difícil. Aquí el reguetón está pegando muy fuerte. Aunque tampoco sé si tanto como hace un par de años. Siento que otra vez el rock y el punk rock están recuperando cierto protagonismo; en los conciertos y festivales empieza a notarse.
¿Es posible burlarse del sistema sin convertirse en parte de su maquinaria?
Creo que tener acceso a absolutamente todo es una gran ventaja, pero también un gran problema. Las plataformas manipulan los gustos de la gente. Con determinadas listas y algoritmos te marcan lo primero que te va a salir, y cuando no tienes el gusto formado, te llevan a donde ellos quieren. Eso es peligrosísimo. El exceso de información es, en el fondo, desinformación. Antes tenías que buscar tu propio gusto, ahora es tan abrumador que un chaval puede escuchar en el mismo día a Britney Spears, ver cualquier programa de televisión tipo Operación Triunfo y luego escuchar a Green Day sin entender realmente de dónde viene cada cosa.
¿Qué esperan que arda primero: la música, el sistema o la paciencia del público?
Esperemos que el sistema. Ojalá lo primero en transformarse sea el sistema.
El punk se refirió en su momento al No future. Treinta años después, ¿qué futuro encontramos?
La gente ni siquiera es consciente de que está siendo manipulada, y esa es la realidad. No sabe qué hay detrás de todo esto, cómo funcionan los algoritmos. Es como lo que pasaba antes con la radiofórmula, pero multiplicado por mil. Vivimos en un momento en que estamos más adormilados que nunca. Esto siempre ha pasado, pero la sociedad del espectáculo lo ha llevado al extremo. Somos espectadores de un accidente mientras seguimos comiendo. Se queman los montes de tu ciudad y pasas a la siguiente noticia. Ya nada sorprende. Estamos tan anestesiados por los medios que es muy difícil provocar hoy en día.
El punk ahora parece existir solo en redes sociales o en camisetas de fast fashion. ¿Es una vulgarización del punk real?
Eso ha pasado siempre. La cultura se absorbe. Lo que fue vanguardia y underground termina domesticado. Pasó en el arte: el cubismo, que al principio era durísimo y criticadísimo; a Warhol le cuestionaban si hacía arte o fotocopias pintadas. Cuando algo es absorbido pierde su espíritu vanguardista. Con la estética punk pasa lo mismo. Te vas a los grandes almacenes y encuentras una camiseta de Misfits, pero la mayoría no sabe quiénes son los Misfits.
Han compartido escenario con leyendas. ¿Cuál fue el instante en que se sintieron parte de esa estirpe inmortal?
Abrir la gira de Iggy Pop. Fue un lujo. Hicimos una gira de, creo, 8 días con 7 conciertos seguidos y un día libre en medio. Uno de mis artistas favoritos de siempre. Verlo cada noche, hablar con él, tenerlo a un metro en el escenario… un sueño cumplido. Además, el señor habla castellano bastante bien, así que fue sorprendente que te saludara diciendo: Hola, ¿cómo estás? ¿Qué tal? ¿Con ganas de tocar?
A nivel personal: ¿qué aprendieron de envejecer juntos haciendo música?
Somos dos personas distintas. Los grupos no tienen que estar de acuerdo en todo; cada miembro tiene su forma de ser y eso enriquece. Lo que siempre nos ha unido son los proyectos en común, los gustos compartidos y esa necesidad de crear cosas juntos, cosas que nos llenan.

A la par del disco sacaron un libro. Voy a matarte esta noche: la ruidosa y acelerada historia de Killer Barbies. Fiestas, excesos, luchas, momentos frágiles. ¿Fue más difícil contar esas cicatrices o mantener una actitud invulnerable en el escenario?
La verdad, no. Con el autor del libro, Luis León Luri, hablé muy a gusto. Me dijo: vamos a hablar como amigos, luego te enseñaré lo que quieras que sea publicado. Y le dije que no, que no quería saber nada hasta que tuviera el borrador final, que todo lo que grabáramos lo publicara. No soy de mirar hacia atrás. Apenas pienso en lo que hice ayer; si estuvo mal, intento corregirlo al día siguiente.
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