Música

The Flaming Lips y un viaje mental atravesando los sesenta

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Ambulante 2024

The Flaming Lips

“Emigra de la muerte
para hacer un signo de vida nuevamente en ti”
Allen Gingsberg

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Wayne Coyne y Steven Drozd -el núcleo creativo de la banda- constituyen en sí mismos un universo cuántico, múltiple y complejo al que no es tan sencillo adentrarse. Esto queda muy claro al momento que en que ambos son renuentes a calificar a American Head -su más reciente álbum- como un disco conceptual; tampoco lo asumen como una Ópera rock ni un disco de viaje. Para ellos no lo es, pero la paradoja sobreviene al escucharlo y tener la sensación de que reúne características de todo lo anterior. Por eso es cuántico, es y no es… está y no está, positivo y negativo a la vez.

La banda de Oklahoma se ha aventurado a crear una extensa pieza de ficción que parte del clásico “que hubiera sido de…”. Me explico. Tom Petty tenía una banda en Tulsa llamada Mudcrutch, mucho antes de alcanzar el éxito. Como se sabe, el músico dejó este proyecto y más tarde formó The Heartbreakers. ¿Qué hubiera sido de aquella banda si hubiera seguido girando y grabando? Los Flaming decidieron ponerse en los zapatos de esos “otros” y a la vez contar sus propios recuerdos.

American Head (Bella Union, 2020) deberá entenderse como un disco con una marcada línea argumental que intenta plasmar desde su perspectiva el final de los años sesenta. De hecho, Wayne publicó un ensayo para explayarse a propósito del disco al que tituló We’re an American Band, justo como una muy conocida canción de Grand Funk Railroad; todo va sumando en esa recreación de época.

Repitamos: estamos a finales de los sesenta y el comienzo de la siguiente década… aún se percibe aquel sueño lisérgico en busca de Peace & Love. Desde el futuro (2020), la banda desea narrar cómo eran las cosas. A la prensa europea le dijeron que nunca han expresado de esa manera “qué era ser un adolescente en Estados Unidos, con drogas, suicidios, accidentes de coche…”.

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Todos sabemos que The Flaming Lips posee una enorme capacidad para montar tremendas marañas psicodélicas, pasajes retorcidos, estructuras sinuosas y rebuscadas; que les encanta lo experimental, pero aquí nos sorprenden apegándose al formato clásico y subrayando el sentido melódico. Han hecho la colección de canciones más aterrizada desde The Soft Bulletin (1999) y Yoshimi Battles the Pink Robots (2002) sin perder un ápice de lo impredecible y de su capacidad de sorprender al escucha.

Para American Head se han dado un paseo por el repertorio de Beatles, Beach Boys, del primer Pink Floyd; luego han recurrido a su amado productor Dave Fridmann para que aporte su toque genial, han hecho algunos arreglos en los que el pop barroco que les encanta se junta con secciones de cuerda y se dan vuelo a contar fragmentos muy puntuales de historias.

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Existe un nexo de su protagonista con el núcleo familiar; pasa de ser confesional “Mother I’ve taken LSD” a suplicar “Mother, Please Don’t Be Sad”. Se dan lamentables accidentes al interior de los temas, el hermano se vuelve junkie, un robo de barrio resulta muy mal, mientras la existencia va transcurre entre subidones y caídas muy prologadas. Todo un cúmulo de experiencias que va dejando moretones y rasguños en el alma de toda una generación.

Es como si al escuchar American Head estuviéramos viendo una docuficción, un falso documental, acerca de ser y estar en un momento concreto en la historia del mundo. ¿De qué otra forma podemos entender canciones como “At The Movies On Quaaludes”, “You N Me Selling Weed”, y “God And The Policemen”. Hay todo un entramado que une las piezas en un todo inmenso repleto de música vibrante.

¿Los conciertos del futuro? Parece que The Flaming Lips tienen la respuesta

Y es que por si fuera poco han compuesto uno de sus mejores temas en mucho tiempo; “Assassins of Youth” es conmovedora y una vez más nos lleva hasta esa danza entre amor y muerte (“Assassins of youth/ Even when they tell the truth/ Another part of you diez/ The truth is a lie”) que se extiende a lo largo de todo un disco que tiene también en “My religion is you” a una especie de manifiesto que cierra el viaje. Se trata de un desfile de belleza y tragedia que comienza con “Will You Return / When You Come Down”, partiendo desde lo brumoso y la pérdida: “Shooting stars/ Crashing in your car/ What went wrong/ Now all your friends are gone”.

Han invitado a la texana Kacey Musgraves a colaborar en “God And The Policeman”, nos hacen acordar de las guitarras de George Harrison y hacen una relectura de un instante utópico en que los jóvenes deseaban exprimir al mundo y beberse su esencia.

Con su décimosexto álbum se elevan hasta lo más alto del plano creativo y de su discografía; ofrecen 13 canciones para 50 minutos que van desvelando sus secretos cada vez que se escuchan. La belleza de sus canciones se prolonga y es como si el tiempo y el espacio se suspendieran y pudiéramos casi palparlos.

Fotos por George Salisbury.

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