Olvida todos los prejuicios y preceptos que tenías de Taylor Swift, Folklore, su disco producido por Aaron Dessner de The National lo cambia todo, no en vano que hasta Bon Iver aparece en una canción.

 

Vamos a ponernos en contexto, unos pocos años atrás, al cerrar el ciclo de su disco Reputation del 2017, al finalizar la gira mundial, Taylor Swift dijo adiós a su manager y disquera con la que venía trabajando, la Big Machine, que es un sello principalmente enfocado en música country completamente dirigido a la clase media de Estados Unidos.

Antes de Folklore estuvo Lover, que con ese disco Taylor logró un gran deal con Universal Music, que sentó bases para ser un game changer en términos de negocios dentro de la industria musical.

Ahora ya con toda esa fuerza detrás, Taylor Swift, pudo tranquilamente escribir sus canciones y hacer lo que artísticamente se le viniera en gana, dejando atrás los tiempos en que le endilgaron ser una rubia bonita más, dentro del pop mainstream.

Para Folklore Taylor Swift armó un equipazo, se trajo al multi-instrumentista Aaron Dessner de The National como productor, este capo es co-escritor junto a Matt Beringer de las canciones de The National, pero además co-escribió con Michael Stipe de R.E.M. “No Time For Love Like Now”, y sus créditos como productor grandes éxitos de Sharon van Etten, Local Natives, Mumford & Sons,  y un largo etcétera: Así que Taylor se trajo a la persona perfecta.

Si bien la música, arreglos y grabación hacen perfecta la mitad del disco, las canciones escritas por Tay-Tay y su ejecución visceral llena de sentimiento nos dan la otra mitad que completa el disco pop perfecto.

De bote pronto podrás leer muchas comparaciones de Taylor con la música plana de Lana del Rey, pero te puedo jurar que tiene más que ver con los mejores momentos de Feist o Cat Power.

Otro gancho en este disco es la presencia de Bon Iver, en “exile” canción que cierra el primer acto en la narrativa de este disco, a la primera escucha parecería que quemaron la colaboración muy pronto, pero prestando atención tiene todo el sentido el acomodo de las 16 canciones que fluyen con una soltura y hermosa armonía.

Si te vas a dar el tiempo de poner atención para escuchar el disco por primera vez, te recomiendo que te sirvas una copa de vino, o te prepares una taza de tu té favorito, porque va a haber un gran ajetreo emocional, y más vale apapacharse.

Le das play al disco, lo primero que te encuentras es una melodía en piano que inicia la construcción de “The 1” que funciona como un preámbulo perfecto, y a la par la canción te toma de la mano para cruzar un umbral que separa a la vieja Taylor y esta nueva faceta en su música.

El primer “órale en serio esta es Taylor” llega en la tercera canción “the last american dynasty” con sus hermosos arreglos de cuerdas por debajo de la voz de la ex de Calvin Harris y de una base rítmica sintética, para dar paso a “exile” que cierra el primer capítulo de esta historia.

“my tears ricochet” abre un pasaje de canciones íntimas, con sonidos más ambientales y atmosféricos que hipnotizan. Las cuerdas con una constante que va apareciendo para llegarnos al lado etéreo que obviamente nos recuerda a The National.

El final del segundo capítulo es la esperanzadora “this is me trying”, que luego del bajón nos hace levantar la mirada para ver el cielo y decir “a huevo, hay esperanza”, y el coro se convierte en un mantra que bien me pudo haber ayudado en las depresiones más profundas de mi vida.

“illicit affairs” nos lleva a un lado más folk, que obvio nos deja claro que este es un disco de canción norteamericana, pero en vez de llevarnos al rodeo del country, Taylor Swift nos muestra que hizo su tarea y mejor se acercó a Sufjan Stevens o a Chan Marshall  para construir este castillo del pop norteamericano que abre una nueva página para revalorar el indie folk de las últimas dos décadas.

Para mi percepción la historia del disco cierra en “epiphany”, denso, diciendo adiós, gracias por todo, pero voy a estar bien. Y las últimas tres canciones son el epílogo que no permiten que haya un final abierto y nos muestran la sobriedad y salud mental de Taylor después de todo estrujo sentimental, la sacudida del amor y desamor de la que habla Folklore.

El disco cae en clichés de la cultura norteamericana, pero bueno, recordemos que es un disco construido sobre ese modus vivendi.

Taylor Swift muchas gracias, me regalaste un disco que me hizo sentir de nuevo, y hacía años que nadie me comunicaba tanto sentimiento en un álbum, te hace enfrentar a tus fantasmas, recordar sonrisas, miradas, caricias, pero también peleas, sufrimiento, y toda la mezcla de sensaciones que nos hacen sentir vivos.