Nunca está de más en insistir en que un artista se consolida como tal en la medida en que avanza en el control del fenómeno estético… en provocarlo, en crearlo tal lo concibe. Pienso en ello a propósito de Deadbeat, el más reciente álbum de Tame Impala y en el que da un brusco viraje hacia la música electrónica; Kevin Parker nos ha sorprendido para bien, nos descoloca y que mejor que distanciándose de un tipo de sonido que ya parecía marca registrada.
TXT:: Juan Carlos Hidalgo
¡Vaya importancia la de insistir en torno al oficio elegido! El australiano rebaja aquello del rock psicodélico y demuestra su amor por los raves de principio de los noventa, en los que encontraba una gran pureza -tal como ha explicado-. Deadbeat es un disco muy diverso y ello le agrega aristas interesantes… por ejemplo, “Ethereal Connection” parece concebida para ser pinchada ya muy entrada la madrugada y cuando emergen los actos de psy-trance -aunque no es de las mejores del disco-.
Antes de la llegada de este quinto álbum, me parecía que la historia de Tame Impala estaba demasiado ligadas y lastrada por Lonerism y ese himno incombustible que es “Elefant” (incluso me tocó presenciar un concierto excedido en densidad y modorra). ¡Hay que apreciar mucho las sorpresas! Tame Impala presenta Deadbeat cuando ya se ha casado y es padre (hasta una de sus hijas aparece en la portada)… ha buscado concentrarse en las labores domésticas y hurgar en aquellos estilos musicales que le apasionaban y todavía le apasionan.
Deadbeat tiene en “My Old Ways” una vertiente nueva y elegante… una incursión a través del deep house que cobra atractivo mediante un teclado que se deja ir con sabor árabe, una vibra que también se nota en “Loser” -que bien podría ser una rola nueva de Gorillaz-, que forma parte del grupo de letras apesadumbradas del conjunto. Lo que contrasta con el tono festivo de “Dracula”, que lo ha catapultado de nuevo hasta lo más alto de las listas.
Para un disco que llega tras una ausencia de un lustro los comentarios han sido dispares… hay quienes lo encuentran demasiado caótico y otros muchos están interesados en la diversidad radical entre los temas; cierto, estamos en 2025, ya bien entrados en el Siglo XXI, pero no deja de ser sorpresivo que Tame Impala -con gran reputación psicodélica- entregue “Oblivion”, que es su particular manera de apropiarse del dembow.
A la postre, Kevin Parker sigue buscando su lugar en el mundo , por lo que es capaz de soltar: “You’re a cinephile/ I watch Family Guy” en “No Reply”, en la que se asoma también al mundo percusivo del afro -house, sin perder por ello su sentido melódico.
Hoy día, Tame Impala puede regodearse en la Nu disco sin ningún pudor, como en “Afterthought”o asomarse a los sonidos de comienzos de siglo en “Obsolete” e incluso ser un poco meloso en la forma de canto. Se ha propuesto probar con todo aquello que lo atraiga musicalmente… es un artista libre que no se ha conformado con las glorias pasadas y ello es algo digno de ser reconocido y valorado.
¡Tame Impala, que el pop electrónico te acompañe largo tiempo!
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