Era un pájaro de Katsiaryna Bubovik es un acordeón ilustrado que forma parte de la colección Sueños ilustrados editado por Roger Omar. Como el título sugiere, se trata de una pieza que conjuga la imagen y la narración, o deberíamos decir la evocación, de los sueños de seis niños.

TXT: Carolina González Alvarado

Traducido de manera simultánea al inglés y publicado en 2020, Era un pájaro/I was a bird, es el número cuarenta de una serie de acordeones que combina un marco conceptual onírico, con el diseño y el formato de un acordeón desplegable. Cada uno de los volúmenes que forma parte de esta colección está diseñado por distintos artistas y se basan en los sueños narrados por niños, de entre ocho y doce años, la mayoría de ellos originarios de México y España. Cada número posee una línea temática, un estilo y una paleta de colores propia que respeta la diversidad y autonomía de los sueños conforman la recopilación.

El proceso de creación de un acordeón ilustrado, describe su editor, consiste en cosechar los sueños de varios niños y elegir, de entre un despliegue de piedras de colores hechas de terrores y fantasías, aquellas que formarán parte del volumen. Es notable que el criterio de selección de Roger Omar no está limitado a narraciones extravagantes o a las pesadillas más grotescas, sino a recuperar aquellos sueños que evoquen una imagen, una sensación o despierten el deseo de viajar a otros mundos.

En este sentido, Era un pájaro no pretende ser una traducción o una representación de las descripciones hechas por los niños sino un universo visual que estabiliza en la imagen, el volátil material del que están hechos los sueños. Los niños, así como la ilustradora son autores del acordeón, de manera que estas breves narraciones oníricas están íntimamente entrelazadas con ilustraciones que, a su vez, responden a las emociones, pensamientos y colores que sugieren eventos extraordinarios como convertirse en extraño animal sin nombre, ser un ave que anhela volar pero que termina por caerse de la cama; correr tras ser perseguido por una oveja asesina o lanzarse a un barranco después de disfrutar de los placeres de una fiesta.

Gracias a su formato impreso por ambos lados, este acordeón onírico nos permite transitar por dos espacios visuales. Uno de ellos está compuesto por una imagen extendida donde los elementos de diversos sueños habitan un único espacio visual y con ello, un universo común. Mientras que, en el anverso, se encuentran las breves narraciones que permitieron la creación de este cosmos visual. El estilo utilizado para relatar los sueños es contundente y sencillo, aunque no por ello, superficial. Los dueños de estas historias mínimas muestran con la claridad de una escritura directa, el abismo y los puentes que existen entre el mundo de los sueños y aquel otro que insistimos en llamar real.

En este sentido, estos sueños dibujados funcionan como una indagación al subconsciente personal, pero, sobre todo, como una exploración por la vida interior de la colectividad. El sueño de cada niño entonces se convierte en una aventura colectiva donde la imagen es uno de los caminos para perderse en otro espacio, en otro tiempo, en el que incluso perder una pierna tras la mordida brutal de una piraña, no parece una gran pérdida pues, por el encanto de lo irrealizable, ésta vuelve a crecer.