A diferencia de lo que muchos piensan, el rock millennial no es un fenómeno que se gestó por generación espontánea. Su nacimiento es el resultado de múltiples vistas al pasado y a sus propuestas más refulgentes. Social Cues, el más reciente álbum de Cage the Elephant, es una prueba fehaciente de dicho asunto.

Esta producción podría considerarse como la muestra definitiva de aquella serie de fusiones ilimitadas que definen al indie contemporáneo más propositivo.

A lo largo de su propuesta conceptual, nos encontramos con una serie de cohesiones atmosféricas que fusionan potentes ejecuciones guitarreras pop-punk (basta con escuchar los primeros segundos de “Broken Boy” para entender de qué estoy hablando) con una colección de sintetizadores galvanizantes los cuales nos remiten a una sofisticación casi disco.

Lejos de buscar la unidad en la semejanza genérica, Cage the Elephant nos ofrece un variopinto recorrido anímico que permite la adhesión de una importante cantidad de matices sonoros que van, desde una serie de elementos cuasi psicodélicos/funk (“Night Running”, “Dance Dance”), hasta un dejo de ominosidad que, por momentos, pareciera conjurar cierta atmósfera de Death Rock (“House of Glass”, “Tokyo Smoke”).

Es en medio de este caos perfectamente cohesionado que también nos encontramos con piezas tremendamente hermosas como “Love’s the Only Way” las cuales parecen sugerir el regreso nostálgico a un rock clásico el cual, a pesar de su alma vintage, se ve reestructurado mediante la intervención quirúrgica de las nuevas tecnologías.

En una era en la que las bandas parecen casadas con un sonido sumamente específico -¿cuántas veces nos hemos topado con proyectos cuyos álbumes parecen reproducir la misma fórmula durante diez canciones consecutivas?-, resulta más que grato toparse con un trabajo tan decididamente variado y, sin embargo, tan plenamente coherente.