Una misión fundamental de la cultura y el arte es contrarrestar a la barbarie… hacerle frente y difundir la diversidad en todas sus formas… pienso en ello mientras transcurre Electro Baghdad, un álbum que desde su título mismo reviste el encuentro de tradiciones artísticas; Shiran & Bakal provocan un festín de la música electrónica contemporánea con reminiscencias ancestrales.
TXT:: Juan Carlos Hidalgo
Esta pareja parte, en este disco, de canciones tradicionales procedentes de Irak y las transforma para instalarlas en el presente; Shiran aporta la voz (que ya ha mostrado en una larga carrera solista), mientras que Ron Bakal se encarga del aparataje electrónico que funciona tanto para un club como para escucharse en otro tipo de espacios.
Electro Baghdad es un disco que transita por la misma senda que Omar Souleyman, Natasha Atlas y Acid Arab, entre otros; nos encontramos ante música árabe de la actualidad producida por una pareja que también son matrimonio y que decidieron dejar su Yemen natal para instalarse en el barrio de Harlem desde el 2017.
Este viaje arranca con “Sghayiroun”, que ya deja entrever ese halo místico junto al poderío del clubbing, algo que se potencia con “Alahudlak Yaba”, en la que la voz luce pletórica y los subgraves se cuelan hasta lo profundo de los huesos -mente y cuerpo fundidos en busca del trance-.
Shiran & Bakal han entregado en total 8 canciones muy bien perfiladas y que habrán de seducir tanto a los escuchas naturales del Medio Oriente, como a los occidentales más aventureros; “Ah YaLayla Yumma” es una pieza que se antoja destinada para sonar en festivales y colocarnos dentro de un ensueño propio de Las mil y una noches; además se trata de una frase que significa “Oh, mi noche, madre” y que aparece en muchas canciones iraquíes.
Por supuesto que en Electro Baghdad también hay sonoridades yemeníes, pues ambos tienen un origen mixto entre ese país e Irak, aunque nacieron en Israel, y ahora crean desde La urbe de hierro. Entre lo más virtuoso de esta entrega debemos mencionar “Alamtni Shlon Ahibak”, que inicia ofreciendo una experiencia coral a través de multiplicar la voz de Shiran y con el apoyo de invitadas.
Es así como la legendaria y milenaria Bagdhad tiene ahora su versión etno-techno y en la que suenan instrumentos tradicionales como la flauta ney, el dabke (un tamborcillo) y el qanun (un instrumento de cuerdas); todos ellos arropados por sintetizadores analógicos y secuencias percusivas digitales.
La fiesta electrónica extiende su diversidad estética y tiene en Shiran & Bakal a unos nuevos embajadores, ahora que urge su presencia en un mundo asolado por la intolerancia, el racismo y el pensamiento único -en su mayoría promovido por un señor con piel anaranjada-.
Mientras tanto apoyemos que el arte no tenga en más mínimo temor de encarar a la barbarie y a las nuevas formas del fascismo. ¡Que suene la electrónica de Medio Oriente!
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