Nos es sencillo hablar de una producción tan basta y polifacética como lo es Houses of The Holy (1973).

Su discurso estético podría definirse como un constante diálogo entre dos fuerzas titánicas.

Por un lado, nos encontramos con una pesadez de hierro la cual, aderezada con ciertos guiños funky, podría definirse como la premonición por excelencia de lo que sería el heavy metal de las épocas posteriores.

Este fenómeno se ve reiterado mediante piezas de contundente calibre como la bipolar “Over the Hills and Far Away”, la cadenciosa “Dancing Days” o la alegremente caótica “The Ocean”; track cuyo riff de guitarra habría de convertirse en el antepasado directo de bandas como Wolfmother.

Sin embargo, a la par de esta estridencia, nos encontramos con una serie de experimentaciones conceptuales que dejan en claro que Led-Zeppelin fue algo adelantado a su época.

El interés de la agrupación por los sonidos provenientes de distintas latitudes del mundo traería consigo una vena innovadora que nos regalaría increíbles fusiones estilísticas como la boogie de matices místicos “The Crunge”, o ese himno reggae en esteroides que es “D’yer Mak’er”.

Mención aparte merecen las sensacionales “The Rain Song” y “No Quarter”, ambas producciones de carácter introspectivo que se encuentran pensadas para adentrar al receptor en una serie de atmósferas de carácter envolvente.

La primera es una pieza que, a través de una serie de nostálgicas experimentaciones sonoras, logra reproducir de forma vívida el ánimo evocador de una tarde lluviosa.

Por otra parte, “No Quarter” es una expedición de carácter espacial que parece la antesala de un legítimo episodio de iluminación.

La verdad es que, independientemente de la faceta con la que queramos quedarnos de este álbum, no podemos negar que es una pieza paradigmática dentro de la cultura sonora contemporánea.

Desde que escuchamos sus primeros segundos -el arranque de una potentísima “The Song Remains the Same” en la que la guitarra hechicera de Jimmy Page trabaja a marchar forzadas para ofrecernos una serie de exploraciones que funden pesadez con misticismo-, es imposible no percatarse de que, simple y sencillamente, este disco es una pieza única en su tipo.

 

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