Hay discos que te atraviesan, te golpean en el esternón, te dejan viendo puntos negros como cuando te levantas demasiado rápido después de haber llorado toda la noche. APÁ, el debut de San Venus, es exactamente eso: un acto de resurrección emocional envuelto en distorsión, melancolía, electrónica maltratada y guitarras que parecen gritar lo que la banda apenas puede decir con palabras.
En un mundo donde el “rock alternativo” ya muchas veces es solo playlist-core, el trío Uxi, Mike y Rixxon bajo el mote de San Venus entrega un disco que huele a carne viva, a duelo sin procesar, a familia fracturada y a esa nostalgia que sabe a metal caliente y lágrimas viejas.
Y sí, como dijeron ellos mismos: “Este disco se siente como un ataque de pánico“. -Exacto. Y qué privilegio dejar que te dé uno con audífonos puestos.
El disco abre con “Stoichkov (1979)” como si alguien rompiera una puerta con el hombro. Un sampler de flauta de una cinta vieja —la única herencia sónica del padre muerto de Uxi— se incrusta entre capas de nu metal renacido con hongos psicodélicos. Es imposible no sentir el vértigo: duelo convertido en ritmo, ausencia convertida en muralla de sonido. Esto no es solo un track; es un exorcismo grabado en WAV. Sigue un interludio que huele a medicación vencida pero necesaria. Una melodía tan suave que podría arrullarte mientras te hunde. Sirve como el respiro que nadie pidió.
Con “Rey David” la banda dice: “¿extrañaban el nu metal? Pues prepárense porque en 2026 regresará y nosotros lo vimos venir”. Un drop que te separa las costillas y te recuerda cuando Linkin Park y el mp3 eran razones suficientes para seguir adelante. Ahora “d.C.“, segundo interludio. Es ese trago de agua después de una mala noticia. No calma del todo, pero mantiene la cordura.

Con “Al-Anon” San Venus junta electrónica con rabia metálica y logra un choque de generaciones que debería haber sonado ridículo, pero funciona como una marcha emocional: hijos y padres peleando en un loop infinito. El duelo convertido en rave existencial. “Mejor Despidete” Baja la potencia. La furia comienza a oxidarse y lo que queda es nostalgia, esa que te agarra del cuello y te dice: “¿te acuerdas de cuando todo no estaba roto?”. Inicio del segundo acto: menos golpes, más cicatrices abiertas.
Cambiamos de capitulo con “Hállame” donde la furia se va del cuarto. Apagan el amplificador. Entra el emo. No el barato: el de llorar en silencio en el baño del bar. “Pero bien (¿y tú?)” es la balada flouxetinada, frágil y sorprendentemente honesta. San Venus muestra un lado que en estudio no habíamos escuchado. Momentos que recuerdan —para bien y para mal— a “TQM” de Little Jesus, ese horrible hit pegajoso que todos fingimos no odiar.
Con “Dizzy” nos encontramos ante dos caras conocidas en combo, primero el single que ya conocíamos, con ese pop lleno de nostalgia emo que te hace sentir 15 otra vez y al mismo tiempo 40, cansado y dudando de todo. Si viviste bajo una piedra el pasado trimestre te presento a “Avril“; una canción dedicada a la hermana de un integrante. Es frágil, como hablar despacio para que no se rompa algo en el aire. Ese tipo de amor prioritario que se siente más grande que uno mismo.
“Pau” es el último interludio. Una puerta a la recta final del colapso emocional para cerrar el disco con: “Amá“. Si el disco abrió con el fantasma del padre, aquí encontramos el abrazo de la madre. No la idealizada, sino la que te sostuvo cuando nada tenía sentido. Un cierre que huele a gratitud, a sobrevivencia, a hogar reconstruido con los pedazos disponibles.
Si bien afuera en las plataformas el flujo de lanzamientos no termina, vale la pena estacionarse un rato desconectarse del rush de los lanzamientos y degustar un disco como el debut de San Venus de principio a fin.








