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San Pascualito Rey & Javier Corcobado: Una historia de fotografías sombrías al corazón

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Se aproxima una fecha que muchos ansiaban celebrar de la mano de San Pascualito Rey & Javier Corcobado. Dos referentes si de pensar en lobreguez esperanzadora se trata en sonoros terrenos. Los primeros desatando demonios desde México, el segundo trazando maldiciones desde España. La cita tendrá lugar en la CDMX el próximo 18 de julio (20 hrs), en La Maraka (boletos dando clic aquí). Sin embargo, no se trata de la primera vez que este par de entes se halla en escena, y de ello existen datos de primera mano.

Esto es morir (Sólo un poco) es el título del libro aún inédito que Alejandro González Castillo escribió sobre San Pascualito Rey. Y en éste se encuentra un pasaje dedicado al primerísimo encuentro entre la banda de Ciudad Satélite con Javier Corcobado. Se reproduce a continuación dicho episodio, muestra de lo profundas que son las raíces que unen a ambas criaturas y, de paso, retrato crudo de la etapa larvaria de San Pascualito Rey en una época de la capital mexicana que hace rato no existe más. La voz es de Pascual Reyes:  

“La primera tocada grande que tuvimos como banda fue en un festival en Lomas Verdes, un concurso cuyo ganador tenía como premio abrirle un concierto a Café Tacvba, quienes entonces promocionaban el disco Revés/Yo soy. Esa fue la primera vez que nos subimos a un escenario sin que nuestras familias estuvieran entre el público. Obviamente jamás ganamos nada, pero recuerdo que esa fue la primera tocada donde nos anunciamos oficialmente como San Pascualito Rey, el 8 de diciembre de 2000.

Entonces ya salían tocaditas en fiestas, más o menos seguido; también en algunos bares y foros de toda clase sacábamos fechas. Esto pasaba como un par de veces al mes, dábamos conciertos para treinta personas y vendíamos a veinte pesos nuestro demo, quemado en computadora con una portada que cambiaba todo el tiempo. Contábamos con unos cincuenta fans entonces y era un poco extraño notar cómo comenzaba a acentuarse un fenómeno: ya empezaban a llegar a los conciertos tipos blanqueados de la cara y vestidos con holanes. Llegamos a alternar con Real de Catorce, Fenómeno Fuzz, Cabezas Crudas o Claroscuro.

En cierto momento, la gente del INJUVE organizó un festival con La Lupita y La Barranca por Milpa Alta, en una onda que tenía que ver con el SIDA, y nos pidieron que abriéramos la tocada. Aquel concierto era gratuito y obviamente hubo muchas mentadas de madre para nosotros, hasta piedras nos aventaron. A Juan Morales se le rompió una cuerda a medio show y le dije ¡vámonos a la verga de aquí!; pero él me dijo que no, que aguantáramos. De esa vez me acuerdo que estaba cantando cuando vi venir algo hacia mí. A toda velocidad, surcando el aire, se me acercaba una bolsa llena de miados y en la mera cara se me estampó, calientita la orina. Pero no nos bajamos, aguantamos.

Por esos días también empezábamos a tocar en el Multiforo Alicia. La primera vez que lo hicimos fue al lado de Juan Pablo Villa y a Nacho Pineda le gustó mucho el grupo; después nos invitó a abrirle a una banda española, Después de Nunca. Y no sé por qué, pero por esa época, de la nada, varios empezaron a asociarnos con bandas españolas. Había alguien en el Tianguis del Chopo, un personaje a quien le decían El Vaquero. Un día éste me llama y me dice, Pascual, ¿puedo ir a tu ensayo con un amigo? Y cámara, que llega acompañado de un tipo caucásico, con la cabeza rapada. Se trataba de Javier Corcobado.

Sí, era aquél de quien tanto nos habían hablado diciendo que San Pascualito Rey tenía mucho que ver con su música y que yo pensaba que era brasileño. De pronto estaba con nosotros. Pero no, para nada era brasileño, sino español, y ahí estaba, en el cuarto de ensayo. Y bueno, nos escuchó y nos dijo que iba a mudarse por una temporada a México para grabar un disco (éste terminaría titulándose Fotografiando al corazón). Paralelamente, para entonces nosotros ya teníamos planes de meternos a grabar un disco formalmente, y Javier nos dijo que estaría encantado de producirlo.

Terminamos abriéndole un concierto en La Victoria, y estuvo muy cabrón. Hubo portazo. Mucha euforia. Esa vez llegaron los granaderos porque se armó un desmadre, desde que llegué me encontré con caguamas surcando el aire en la calle. Entonces pensé, ¿toda esta gente conoce a Corcobado? Porque todos cantaban sus canciones, parecía que estaban en misa. Jamás había visto un fenómeno así. Meses después volvimos a abrirle, en Rockotitlán. Ese día todos esperaban ansiosos al pelón español pero salí yo, un moreno greñudo (nota: la historia se repetiría de igual modo en Guadalajara, Puebla y el Teatro Metropolitan de la CDMX)

Esa noche, cuando empezamos a tocar en Rockotitlán, no miento, en pocos minutos yo ya estaba bañado de gargajos, pero dije, ni modo, así es esto. Javier nos contó más tarde, ya en el camerino, que pensó en salir para calmar a su público. Nosotros jamás nos pandeamos, le dimos y al terminar de tocar la gente nos pedía otra y otra. Empezaron escupiéndonos, pero terminaron alabándonos”.   

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Javier Corcobado & San Pascualito Rey / La Maraka / 18 de julio, 2024

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Alejandro González Castillo

Alejandro González Castillo

Periodista, y escritor también (porque parece que no es lo mismo). Cruza párrafos con compases. Le gustan las olas, leer y chelear chachareando; además de escuchar discos dejando salir el humo por los ojos.

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