Con su narrativa directa y áspera, en la que describió la violencia urbana y el libertinaje de los brasileros en perpetuo carnaval, Rubem Fonseca es considerado como un transformador de la literatura brasileña (y del mundo) en el siglo XX. Cuando publicó su primera colección de cuentos, ‘Los Prisioneros’, en 1963, su estilo fue descrito como tremendo, atrevido y crudo; [brutalista].

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Fonseca, que había estudiado derecho y trabajado como Comisionado de Policía, escribió primordialmente historias de crímenes, que garabateó por puro entretenimiento –pero a un alto nivel literario–, urdió también novelas como ‘Agosto’ (1990) sobre las conspiraciones tras el suicidio de Getúlio Dornelles Varga (1822–1907), apodado como “el padre de los pobres”, y ‘Vastas emociones y pensamientos imperfectos’ (1988), sobre filmar en Alemania una película basada en ‘La Caballería roja’ (1926), aquel volumen de cuentos de Isaac Bábel (1894–1940).

Por su trabajo, Rubem Fonseca recibió el más alto premio literario brasileño ‘Jabuti’ (1970), el Premio ‘Camões’ –algo así como el Premio Nobel de la lengua portuguesa– y el Premio “Juan Rulfo” (‘FIL de Literatura en Lenguas Romances’) en 2003, uno de los premios literarios más prestigiosos de América Latina y el Caribe, otorgado en Guadalajara y celado por los hijos del autor de ‘El llano en Llamas’ (1953).

Conocido por su reclusividad, regularmente rechazaba toda solicitud de entrevista; sin embargo, fue una de las grandes personalidades del “Río de Enero”. Vestido con gorra y gafas de sol, Fonseca –quien nació en la ciudad de Juiz de Fora en 1925, en el estado de Minais Gerais y llegó a Río a la edad de siete años–, era insólitamente visto caminando por el Distrito de Leblon, cuasi disfrazado e iracundo .

En privado, como sus amigos lo llamaban: “Ze Rubem”, era una persona jocosa y a la vez respetuosa. La escritora Nelida Pinon (‘Dulce canción de Caetana’, 1987) le dijo a ‘GloboNews’: “la pérdida de Rubem deja un gran cráter en Brasil. Atrajo una gran cultura al núcleo de sus obsesiones […]; a veces incluso, escribiendo sobre la banalidad típica del individuo promedio de Río de Janeiro”.

Rubem Fonseca se fue y el golpe dejó de ser certero. Ya no conocemos el color de la sangre y la noche se volvió más clara; tal vez así, podamos por fin encontrar el verdadero camino a casa; pero quedaremos trastornados para siempre con las pesadillas bestiales de la pluma amalgama: el cuentista por excelencia de la favela, la violencia y la desigualdad.

Descansa en paz, Ze Rubem, nos veremos de nuevo… cuando caiga la luna.