La exposición AtardeSer de Rodrigo Ímaz permanecerá abierta hasta el 7 de junio en art latinou, Colima 29, roma norte.
Rodrigo Ímaz ha inaugurado recientemente AtardeSer curada por Luis Ramaggio en la galería Art Latinou de Adriana Gómez. Un volkswagen, o mejor dicho, un “vocho”, recibe a los espectadores, sumergido en la arena a punto de hundirse por completo; el gesto refleja, en palabras del curador, la descomposición de ese “emblema de clase social, progreso, movilidad, diseño y deseo moderno”.
TXT: Raciel Rivas
El diálogo con el artista fue motivado sobretodo por la exposición. No obstante, como buen diálogo, nos desbordamos en corrientes de temas y resonancias que nos han llevado a laberintos de la memoria personal y colectiva. Días después henos en el estudio de Rodrigo Ímaz. Cruzo un pasaje de balones ponchados de los que florecen plantas; es primavera, hace calor, se aproxima un mundial de fútbol. El arte puede esperar.
RR. Rodrigo, veo muchos balones alrededor, cuéntame ¿cómo es que llegaste al fútbol o el fútbol llegó a tu vida?
RI: Yo jugué desde muy chamaquito fut, pero primero como todos, de manera amateur, cascaritas, coladeras, “gol-para” en la cochera, el “gol-para” con un amiguito y ya.

RR: Sí, me acuerdo del “gol-para” ¡Era un clásico!
RI: Todos estos juegos de pelota son lo que a mí me formó físicamente. Igual jugar un poco de base americano y así, pero no en equipos, sino simplemente jugar con la pelota. Eso está muy relacionado con mi jefe que jugaba mucho conmigo. Y luego ya, fíjate que me volví parte de un equipo más serio, como a los 9 años. Pasé un año en California y estuve jugando ese año fútbol.
RR: Claro y es que el fútbol nunca ha sido muy de Estados Unidos, es más el americano.
RI: Exacto, y ese fue curiosamente en el año, creo que el 90 o 91, en el que institucionalizan el fútbol en todas las primarias públicas y en todas las secundarias públicas. Entonces yo, de churro, entré a mi salón y decía “if you want to play soccer, sign this list”. Y bueno, de ahí empiezan a salir las primeras generaciones de profesionales en Estados Unidos.
Pero entonces estuvo chido porque me llamaron a la selección de California y jugué un tiempo ya no representando el equipo de mi escuela, que era una escuela pública, sino a los seleccionados para representar al estado. De pronto ya era yo “Selección de California”, recuperando el territorio (risas).
RR: ¿Llegó entonces a ser tu sueño ser jugador de fútbol?
RI: Bueno, estuve en un equipo así formal con amigos, hicimos un equipo y ganamos la liga y no sé qué y ahí llegó un visor y me intentó fichar. Pero es una larga historia y pues dejé de jugar fútbol, y me clavé después con el alpinismo.

RI: Sí, escalamos en piedra y jugamos fut, billar, dominó y ajedrez. Había una afición muy clara por los juegos de lógica y de mesa. Luego entré a la ENAP (Ahora FAD)
RR: Rodrigo, ¿cómo fue tu experiencia ya digamos en el proceso artístico? ¿Cómo pasamos de los balones pateados a los balones ponchados? ¿Sientes que has construido un discurso, o más bien un discurso te jaló para tu producción? ¿Cómo ha sido tu proceso?
RI: Creo que para tener un discurso en el arte significa que hay un lenguaje artístico y en ese lenguaje hay una serie de podemos llamar sectores, perspectivas, maestros, etc., que de alguna manera van moldeando eso que tú vas entendiendo como la posibilidad del lenguaje del arte, cómo poder usar esa herramienta y luego cómo convertirla en un arma y que sea “un arma cargada de futuro”, decía el poeta.
Entonces, yo creo que esa búsqueda la tenemos todos aquellos que queremos producir nuestra opinión, nuestra obra y nuestra incidencia frente al mundo. Los que no, se van alejando del uso del lenguaje para simplemente tenerlo como algo con lo que tú conversas más como desde el punto de vista el arte, desde el punto de vista de la filosofía.
Pero yo creo que aquellos que tenemos esta voy a decir, vocación-ambición, (para ponerlo equilibradamente) de producir arte y de producir sentido, pues lo que vas haciendo es que vas moldeando y modificando y expandiendo eso que tú entiendes por tu lenguaje. Y eso al mismo tiempo es un descubrimiento interior, porque cuando entras a estudiar artes eres un niño de 18 años, claro que no entiendes nada de nada, que tienes que ir expandiendo, digamos, tu forma de ver hacia adentro para entender tú quién eres, cómo te relacionas con el mundo y desde ahí empezar a construir un discurso. Ahora, ese discurso evidentemente se apoya en los maestros, y los maestros son los otros artistas y los otros agentes de producción cultural, filosófica, poética, que nos muestran otras posibilidades de donde nosotros aprendemos. Voy a poner el ejemplo, yo estudié en una Academia muy académica, muy decimonónica, muy cerradita, muy de estas son las reglas de hacer arte, vaya usted y dibuje, aplique la técnica. Pero no necesariamente había esta profundización de la parte filosófica, o venía, digamos, un poco, venía más tarde, venía ya como a la mitad de la carrera y estaba muy chingón.

RR: Supongo más técnica que teórica.
RI: Veníamos de un plan de estudios muy antiguo. Primero era tecnificarnos, con una razón instrumental y luego aprender a sentir y a valorar cómo se conforman los lenguajes semánticos y todo esto. Y ahí nos llega un tanque de oxígeno. ¡Gabriel Orozco con la exposición del Tamayo!
RR: ¿Gabriel Orozco, puedes considerar que fue un parteaguas en tu quehacer artístico?
RI: Él nos estaba hablando en un lenguaje que nos era más cercano y afín a nosotros y que los maestros rechazaban. Decían: “eso de no usar talleres es absurdo”; “necesitas un taller”. Y yo lo recuerdo como ¡Guaaaao!, ¡Qué buena onda, este güey, está fresco! se está pitorreando de toda esta academia y está haciendo un arte que es sorprendente y suscitativo. Había un asombro en algo muy común, pero estaba muy bien visto y muy bien escrito y era muy claro, y los títulos eran muy buenos. Entonces te llevaba como a la creación de un sentido con una forma muy bien construida.
RR: Sí, me imagino que fue una revolución para su momento.
RI: Sí, saber que estaban ahí y que nosotros éramos libres. Y luego descubres que hay otros más de esos señores que ah, que viene con su compadre Cruzvillegas y Demián Ortega. ¡Ah, oye, que Philippe Parreno y Douglas Gordon en Francia están haciendo esto otro!. ¡Oye, que…! Entonces empieza a haber una cosa de que se está expandiendo el arte. No nada más fuimos a estudiar a una academia para hacer monedas, ¿no?
Entonces nos poníamos a estudiar a los posmodernos. Sí, pero ¿Cómo? En mi país no llegó la modernidad, entonces a mí que no me digan que soy postmoderno, porque yo vengo de un rancho electrónico. ¡No llegó esa madre! ¡Claro, estamos en otra dimensión filosófica!

RR: Justo Enrique Dussel, con quien tuve el honor de trabajar (termino mi comercial), siempre decía “vivimos la transmodernidad”, no “posmodernidad”, pues nunca pasó la modernidad, y si lo hizo, parafraseando, fue por encima de nosotros. (risas).
RI: Es que ese señor es el único que realmente entendió este viaje; también entendió los símbolos de la conquista reconfigurados desde el mexicano y no desde la hegemonía europea. Muchos ni siquiera entienden que nosotros no somos Sudamérica. Piensan que Estados Unidos es América y que nosotros somos sudamérica, como los españoles.
RR: Ahora que hablaste de Gabriel Orozco, al menos desde mi perspectiva, siento algunas resonancias de tu obra con la de él, en esta última instalación que hiciste en la galería Art Latinou, o sea, “el vocho” ahí como sumergido entre la arena, como entre saliendo, no sé si hundiéndose, o sea, como esta sensación rara como de medio acuosa, pero también entre arena, como si fueran arenas movedizas, por ahí unas botellas… ¿Cómo lo interpretas? Me parece que es una de las piezas más icónicas y visibles de la exposición.
RI: Mira, aquí en esta obra el tema es el hundimiento, el cual está muy arraigado a una serie que yo hice hace mucho que se llamaba “Diluvios y apocalípticos: imágenes del porvenir”, un proyecto que era sobre los diluvios contemporáneos que después del maremoto en Sri Lanka asumí de modo diferente, dije ¡no, ya! esto ya enseñó todo lo que va a pasar: incendios arriba del agua, casas sumergidas.
RR: Y es la realidad. La realidad climática sobre la ficción.
RI: Dibujo mucho que el agua sube, y es que siento que el agua es una aliada, o sea, mi aliada en términos simbólicos, metafóricos y poéticos. Hay un libro precioso que no sé sí conocen, se llama…es sobre el agua y es de un filósofo francés…
RR: ¿Gastón Bachelard?
RI: ¡El agua y los sueños! Yo leí ese libro y me voló mi cabeza y todo es sobre la poética del agua. Qué capacidades expresivas tiene y qué significa como materia prima. Leí el aire y los sueños, y no me hice afín al aire ¿Me entiendes? Mi afinidad estuvo siempre con el agua.
Rodrigo ha puesto libros sobre la mesa, específicamente catálogos sobre sus anteriores exposiciones. Los barajeo como cartas mientras le escucho describir cada obra que apunto al azar. Como en una especie de juego de mesa aparecen monos astronautas, un mono poeta que aúlla versos de Allen Ginsberg, una Coatlicue con máscara de Blue Demon, una ballena aplastando a un auto afuera del metro Oceanía, un perro xoloitzcuintle salchicha, Keiko (la famosa orca noventera de Reino aventura) vuelta un avión como de la segunda guerra mundial.
RI: Me encantan las ballenas aviones, ¿ya viste la orca ésta? Es como la de Liberen a Willy. ¡Está poca madre!
RR: Veo mucho sentido del humor en tu obra, mucho cotorreo.
RI: Justo hablando con Luis Ramaggio, a quien conozco de hace muchos años y quien me presentó a Adriana de Art Latinou, él vino a ver obras y yo estaba produciendo unos “vochitos” que están como curvos. Y pues he intentado alargar al “vocho” y luego como destazarlo y rearmarlo un poco, como hacerlo chorizo. De hecho me faltó el “vochorizo”.
Yo había trabajado muchas escenas como de hundimientos, aviones hundidos, coches hundidos como en el agua, como inundación. Decía ¡ay qué chingón hacer esa escultura, o sea, qué chingón cortar este coche, pero todo se quedaba en el papel. Luego un amigo resultó que tenía una carcasa de un “vocho” y pues al final sacamos la carcasa que era de su padre y la corté a la mitad. Es la primera vez que logré hacerlo fuera del papel. Tiene mucho que ver con esto de Bachelard, los sueños y el agua.
RR: ¡Claro, tiene sentido!
RI: Sobre todo con el tema del apocalipsis y de que venimos de una era que supuestamente estuvo inundada y vamos hacia una era que estará inundada y todo parece indicar que eso es cíclico y que estamos en un síntoma, digamos, ambiental, ecológico: el antropoceno. Creo que por ahí va mucho la obra. La obra habla mucho de lo que es artificial y lo que es natural, ¿en qué punto colisionan, en qué punto se juntan? Es interesante cómo colisionan esos puntos. Son muy violentos y hay humor y ¡auch!. ¡Oye, no le hagan eso porque es un avión¡ ¡déjenla en paz, es una ballena! (Risas)
La clausura de la exposición AtardeSer, será este próximo domingo 7 de junio en la galería ArtLatinou, en la calle Colima 29, roma norte. El horario de clausura será de 12:00 a 17:00 horas. Así mismo el artista presenta actualmente la exposición Latas de Palestina en el Centro Cultural de España en México (CCEMx), la apertura de la exposición se realiza en el marco de la Noche de Museos de abril. Bajo la curaduría de Sol Vargas, la muestra está conformada por 35 fotografías de las latas de aluminio, 12 imágenes de registro, 9 piezas en formato gofrado con acuarela y tinta, así como diversas latas originales y objetos recolectados por el artista durante su investigación durante 2017.

Rodrigo Ímaz
Ciudad de México, 1982. Utiliza el dibujo, el grabado, la pintura, la fotografía, la escultura, el cine y la instalación como medios para cuestionar y representar críticamente los acontecimientos contemporáneos. Su narrativa reflexiona en torno a la división entre naturaleza y cultura, el espectáculo como mediador de la sociedad y la huella del Antropoceno sobre nuestro planeta.
Es Licenciado en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Maestro en Práctica Artística por la Universidad Politécnica de Valencia, . Realizó estudios de cine en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM.
Ha participado en residencias artísticas como Zanate (Colima, México, 2020); Art Cube Artist Studios (Jerusalén, Israel, 2017); Flux Factory (Nueva York, Estados Unidos, 2014); Residency Unlimited (Nueva York, Estados Unidos, 2013); Art Omi (Nueva York, Estados Unidos, 2013) e International Studio and Curatorial Program (Nueva York, Estados Unidos, 2010).







