Casi que tendría que bastar la mención de que aquí suenan pasodobles y jotas acompañadas de bombos digitales para hacer que Manual de Belleza sea considerado como un álbum de consolidación para un artista tan heterodoxo y aventurero como Rodrigo Cuevas, quien en su tercera incursión hace maniobras para conectar con un público más amplio… ¡algo que hay que celebrar!
TXT:: Juan Carlos Hidalgo
Ya en Manual de Cortejo (2019) y Manual de Romería (2023) dejó patente su interés por las formas tradicionales españolas -especialmente las asturianas- para luego emprender una renovación que incluye una interpretación casi teatral y una exaltación de la estética gay… nos encontramos ante un estudioso de la historia musical, ante un artista con formación académica y ante una persona extremadamente lúcida y atrevida.
Rodrigo Cuevas es egresado de la Escola Superior de Música de Catalunya, institución en la que también estudiaron Rosalía, Silvia Pérez Cruz y las integrantes de Las Migas, entre otras figuras. Desde estudiante imaginó una estética total que ha ido consolidando y potenciando.
En Manual de Belleza repite con Eduardo Cabra (Calle 13) en la producción y hacen una mancuerna espectacular, por lo que han colocado a “Un mundo feliz” para abrir; un tema que representa la vuelta de la legendaria Massiel tras décadas de retiro y en la que el creador propone una dimensión imaginaria en la que priven el asturiano, hablar en verso y las costumbres queer. Instrumentalmente, la caja de ritmos y los sintes conviven con el piano.
Y para continuar, Rodrigo Cuevas arremete con todo y ofrece “BLZA”, que es un dueto, nada menos, que con La Mala Rodríguez, una figura que con Lujo Ibérico le provocará un encontronazo con el hip-hop cantado en español. Aquí el rapeo de la de nativa de Jerez de la frontera se expone en total madurez, mientras que el compositor prueba con acelerar su flow.
Pero este Manual de Belleza es generoso y exuberante… he de decir que “Sácame a bailar”me parece una auténtica joya, pues es la actualización de un pasadoble a través de un arreglo muy contemporáneo y en el que Rodrigo canta espléndidamente; en la pieza está acreditado el canto de Ana Belén, pero se comenta que también Víctor Manuel colaboró.
Y casi al mismo nivel colocó al tema final… “La fiesta” es toda una verbana con castañuelas a pleno, coros bullangueros y la presencia del cantante de verdiales (un antecedente del flamenco) Carlos Fernández junto a PAN.SEN.FRON (un colectivo gallego de Pandereteiras). ¡Vaya manera en que las fiestas populares se resignifican y suenan a Siglo XXI! Hasta podemos comprender el origen del son jarocho y huasteco.
Aunque este notable Manual de Belleza no se agota fácilmente… más en clave de bolero aparece una “Xardineru” en la que aflora toda la sedosidad sonora del asturiano en medio de un refinamiento total de letra y música.
Mientras que en “El pañuelín” está acompañado por el dueto Tarta Relena, que igualmente se decanta por la transformación de la tradición; juntos emprenden una incursión basada en sintetizadores que imprimen un sello retrofuturista.
Algo que también está presente en el techno-pop tan posmoderno que es “Una muerte ideal”, una canción que abre como un canto gregoriano, pero que luego se deschonga y suelta un desfile de sintes y caja de ritmos que le permiten imaginar un deceso personal en el que pudiera convocar a Selena, Rocío Jurado y ¡Juan Gabriel! -a quien admira muchísimo-.
Manual de Belleza no es perfecto… la presencia de la instragrammer Celimonde es parte del momento de banalidad que es “La playa”, pero prefiero quedarme con la exquisitez que brota de “La hermana cautiva”, que permite exaltar la presencia de la cultura mora, que se filtra en este tema y en otros momentos del álbum.
Rodrigo Cuevas tiene sobrada inteligencia para apropiarse y retorcer al pop… posee conocimiento profundos de la tradición y una extraordinaria visión de futuro; hace bien en pensar a lo grande no sólo en términos de producción, arreglos y puesta en escena, sino también en términos de nuevas audiencias.
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