Bipih es la nueva aventura sonora de Ramón Amezcua. Seis piezas de hondura considerable donde textura y pulso marcan perfil mientras la imaginación del escucha hace un viaje que comienza con los pies en las costas de Tijuana.

TXT:: Alejandro González Castillo

Bipih podría funcionar como una excursión subacuática que arranca en la arena, bajo el sol, para encaminarse hacia los recovecos que se tienden en lo profundo del mar tijuanense. Cuevas bajo el agua que por ratos permiten la filtración de la luz, hogares imposibles para entes sin branquias que por minutos se vuelven confortables gracias al equipo de buceo que Ramón Amezcua nos presta a lo largo de composiciones que el propio autor califica como retrospectivas; su manera de subrayar “raíces e influencias musicales”.

No cuesta trabajo imaginarse a Ramón ajustando muros de perillas para, grano a grano, conformar inmensas playas submarinas donde el ritmo se manifiesta como un pulso discreto o una exhalación eléctrica difusa. Los suyos son paisajes inagotables, hasta donde alcanza a escucharse en Bipih; media docena de cortes (“Azezk”, “Rubato”, “BIPIH”, “Aton”, “Promenade” y “Unfamiliar suite”), apenas un trozo de una imagen gigantesca que, de ser considerado, tomaría muchos más casetes abordar en su totalidad.

Porque Bipih es un trabajo editado en casete, ciertamente. Envidioso, Amezcua (también conocido como Bostich en Nortec: Bostich+Fussible) apenas fabricó cincuenta copias que, por supuesto, volaron de los estantes de las cuatro tiendas de discos elegidas en México para vender la obra. Sin embargo, es posible escuchar el trabajo aquí, en lo que otros cuantos afortunados se hacen de la también muy limitada edición en CD que está por ver la luz.

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