Uno de los mejores títulos en la literatura mexicana es el de la novela del gran Daniel Sada: Porque parece mentira la verdad nunca se sabe. Así queda en evidencia el estrecho lindero entre ficción y hechos consumados. ¿En cuantas ocasiones la invención resulta más fidedigna que la cosa real? Doy vueltas a esta idea a propósito de la quinta novela de Juan Pablo Torres, Quiero ver tu dolor (Editorial Gato Blanco), un escritor nacido en León en 1982, que cuenta con instinto para tocar puntos neurálgicos de la sociedad guanajuatense, por una parte, y por otra, exponer las miserias del futbol mexicano.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Conversamos con el también autor de Los de arriba y Bien bajado ese balón para abundar en una historia que de ser leída ampliamente provocaría la ira, tanto de los más pudientes y encumbrados como de los hinchas de hueso colorado; un escritor que fustiga a diestra y siniestra.

Tradicionalmente, Guanajuato es visto y entendido como uno de los estados más conservadores del país (ahí están libros como Las buenas conciencias de Carlos Fuentes, que abonan al respecto); el hecho de tener como protagonista a un destacado empresario que se decanta por ser asesino serial y hacer guantes con los cuerpos de sus víctimas es algo que uno pensaría de escándalo para el público local. ¿Cuál ha sido el impacto entre los guanajuatenses? ¿Se habrán enterado suficientemente de la existencia del libro?

Si bien la región es considerada conservadora, en la que incluso podemos incluir la vecindad con Jalisco, la ficción le sirve a la realidad para explicar sus cualidades y defectos. Históricamente, los asesinos seriales han sido analizados con morbo, lo que, más allá del contexto en el cuál está escrita la novela, es un recurso universal.

A mi parecer, el impacto que ha tenido es positivo, pues ha generado inquietud y preguntas desde el orden de la fantasía. Espero que la promoción sea tal que la gente pueda enterarse lo suficiente y esto provoque cualquier tipo de diálogo. Cabe mencionar que, dentro de la tradición de novela guanajuatense, Las muertas, de Jorge Ibargüentgoitia, al igual que gran parte de su obra, desnuda a la sociedad y satiriza las costumbres conservadoras de familias y sociedad.

En 2004 se publicó la novela Cámara húngara de Javier García Galiano y en ella se deja malparada a la directiva del Pachuca; ¿habrá sido una extraña coincidencia la que ocurre en tu novela? Claro que los Esmeraldas de la novela están en Segunda y no son el León, pero las inferencias se pueden dar, y el presidente del León es hijo del dueño del Pachuca.

En este caso, dada la coincidencia futbolera, la novela trata el tema de manera distinta, ya que parte de una ucronía desde el plano de la ficción: “¿qué habría pasado si en el 2012 el León no hubiera ascendido?”, sería la pregunta ucrónica de la realidad. En este mismo hilo, supongo que la novela deja bien parado al Grupo Pachuca, pues esta infiere lo opuesto a su llegada.quiero-ver-tu-dolor-juan-pablo-torres-editorial-gato-blancoEn ese mismo sentido, ¿cómo es que calculas el efecto de crear un personaje al que es muy fácil comparar con la figura de Guillermo Ochoa? A fin de cuentas, manejas un muy delgado lindero entre ficción y realidad. Muy, muy atractivo, pero con cierto riesgo.

El riesgo es de quienes lo asumen como propio. Si le pregunto a un lector leonés a quién hace referencia Lauro Paniagua, me dirán que a Rafa Márquez. Es verdad, el lindero entre lo real y lo ficcional es delgadísimo, por eso le permite al lector sentirse identificado con ciertos aspectos o personajes de la novela. Paniagua no está basado en Ochoa ni en Márquez, se trata simplemente de una bomba cebada, como tantas que han tratado de explotar en el futbol mundial. De hecho, Lauro tiene pinta de leñador y lucha contra sus propios secretos, y es, para Eleno, una suerte de salvavidas que ha comprado con simples billetes. El portero atiende más al desconocimiento que podemos tener los aficionados en el manejo de un equipo profesional. Los aficionados somos emocionales, mientras los directivos tienen que buscar patrocinadores constantemente.

La novela deja muy mal parado al futbol mexicano… lleno de corrupción, falto de profesionalismo, plagado de gente de muy dudosa ética. ¿Cómo fue que concebiste una crítica tan devastadora? ¿Qué fue lo que opinó al respecto un ex futbolista de la talla de Roberto Gómez Junco?

Hace un par de décadas, cuando nadie volteaba a ver a la Segunda División, los aficionados fuimos testigos de innumerables injusticias, improvisaciones y ausencia de ética. El futbol es una industria, las grandes decisiones están en manos de unos pocos y las pequeñas decisiones millonarias en manos de cientos.

Entiendo que aspiremos a la mejora continua de nuestro futbol, pero tampoco podemos ser ingenuos. Al respecto, Roberto ha sido sumamente objetivo, y por su propia condición de escritor, comprende a la medida los procesos de creación. Por el contrario, lejos de cuestionar la historia, ha sido un apoyo en el entendimiento de la obra como trabajo literario.

La tenería es una de las ramas industriales más importantes históricamente para León; ¿el hecho de que el asesino haga uso criminal de la profesión, no era dar un puyazo muy doloroso a algo tan simbólico para los habitantes de la ciudad?

La novela hace un tributo a la industria del cuero: habla de ella, la toma en cuenta y la integra al contexto literario. El problema es Eleno y sus conocimientos de curtiduría y sus manías. Si, desde el género literario proyectado, el escritor no desmenuza su entorno y no deja registro de la actualidad, se pierde de lo más sustancioso que tiene a la mano.Dalila (amante del asesino) es un personaje muy atractivo -es inteligente, llena de temple-; ¿cómo fue que concebiste este personaje femenino y en qué medida equilibra las fuerzas presentes en la novela?

Uno de mis mayores deseos era que Dalila marcara ciertas pautas, que fuera la operadora de algunos mecanismos narrativos. Siento que su nombre tiene fuerza y que es dueña de su destino. Me importaba que esta figura fuera una mujer, porque así es, las mujeres mueven al mundo.

Eleno me recuerda un tanto al Patrick Bateman de American psycho. ¿De dónde brotó? ¿Podría ser un arquetipo guanajuatense?

En varios sentidos se trata del arquetipo guanajuatense, salido de la penumbra industrial, del trabajo diario; Eleno pudiera ser un ejemplo para la sociedad si no se tratara de un asesino. Me interesa el uso de los estereotipos, porque son asequibles y fáciles de identificar. Las gratificaciones personales de Eleno se procuran desde lo estético y artesanal, su reconocimiento es quizá la llave oculta de la trama.

Eleno también es un salvador, ha rescatado al equipo de sus amores, y ese romance no es tan distinto a cualquier otra situación que un ser humano haya vivido o imaginado. Los asesinos seriales provocan el caos sigiloso, nadie sabe quién podría ser la siguiente víctima. Mi trabajo como escritor es abonar al acervo personal de cada lector, mostrarle las diversas posibilidades dentro de mis limitantes. Eleno es una de esas posibilidades que, para bien, existe en esa simulación de la verdad que es la ficción.

¿Estarías interesado en que tu libro se adaptara para una película o una serie de Netflix, por ejemplo?

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