Que no trate de distraernos la norteamericana Taylor Swift al intentar señalar que es una cuestión de machismo que se le critique a ella y no a Ed Sheeran, quien también recurre a un nutrido grupo de co-autores para terminar sus canciones.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Querida Taylor, se trata de una evidencia en muchos tipos de artista -hombres y mujeres por igual-; la industria del pop -y mucho más en las alturas del éxito- se preocupa por cuidar todos los detalles al máximo para asegurarse de multiplicar su inversión, y si para ello hay que llamar a otros compositores pues se hace y nadie se lo cuestiona.

Al final se trata de un trabajo colectivo aplicado a un negocio, una estrategia demasiado usual -lamentablemente- y que ella se encargó de poner en la mesa de debate, como si algo tuviera de malo. El asunto es que ya se sienta una “Singer-songwriter”, cuando siempre le meten mano a los bocetos con los que inicia un tema.

Querida Taylor, el problema es que ahora te imagines como una Bob Dylan, una Leonard Cohen o quizá una Tracy Chapman -para no irnos tan arriba-. Las transnacionales insisten en traer arreglistas, músicos de sesión, coristas y todo tipo de ayudantes para que “el producto” este listo para fascinar al mercado -es una práctica recurrente-.

El problema es querer aparentar lo que no se es; me tocó ver a una Madonna dando pena en Coachella durante el segmento en el que quiso hacerse pasar por guitarrista rockera y le pusieron un ayudante en el amplificador para que la apoyara en el trance; era obvio que la diva del pop no era una instrumentista como tal, ni pisadas hacía.

En un brillantísimo artículo titilado Canciones que Taylor Swift escribió sola, y canciones que no, el periodista Sebas Alonso trata de ponderar las cosas y no sólo ataca a la rubia norteamericana; trata de ser puntual y llega a una conclusión contundente, tal como se aprecia a continuación:

“Llegando a la nueva etapa folk indie de Taylor Swift, la última que conocemos, en Folklore la única canción que escribe sola es ‘My Tears Ricochet’, la primera que se completó para el álbum, dedicada a Scott Borchetta, fundador de su viejo sello y dueño de sus viejos masters, lo que ha traído a Taylor por la calle de la amargura, llevándola a regrabar su música. La mayoría de las canciones -hasta 9- están compuestas mano a mano con Aaron Dessner de The National (como el single ‘Cardigan’), 4 están hechas junto a Jack Antonoff (‘August’) y alguna otra está hecha junto a Justin Vernon “Bon Iver” (‘Exile’) y William Bowery (‘Betty’)”.

Damon Albarn ya se disculpó y dijo que no es para tanto; quiso hacer una distinción ente ser autor y trabajar en co-autoría (algo que él hace en Gorillaz). Resaltó la calidad y categoría de Billie Eilish, precisando que también su hermano Finneas mete mano.

En un momento dado, a Taylor le afectó una fiebre hípster que le provocó sentirse una figura “arty” y ponerse a la altura de The National y Bon Iver. Ella desea que se le reconozca como una artista seria y de culto, pero todavía no le alcanza. Un día -tomando un Macha en Williamsburg- imaginó que podía llegar a ser una gran cantautora y quizá algún día lo sea, pero no ahora (quizá se lo dijo al productor Max Martin, que antes transformaba sus piezas en el estudio).

Querida Taylor, sé realista y reconoce fortalezas y debilidades; no trates de hacerte pasar por alguien que no eres.

También te puede interesar: Cabaret de Galaxias #17: islas sonoras que flotan en la Vía Láctea