Últimamente  por doquier aparecen lumbreras ilustrados y gozosos anunciando la postración definitiva del ser humano ante la tecnología, algo que por otro lado es ya un hecho. El hombre maquina no solo es un requisito de la sociedad virtual que convierte el yo en empresa, con departamento de marketing 24 horas, es una alegría para estos señores.

Rafael Yuste, neurocientífico, y Darío Gil, director de investigación de IBM,  anunciaban en una entrevista en el diario El País que en unos diez años será requisito llevar unas especies de diademas, [email protected] [email protected] que también dan la opción de que sean gorras, que harán de interfaz entre nuestro cerebro y nuestros dispositivos electrónicos. Estos aparatos pegados a nuestro cráneo tendrán una tecnología, ya existente aunque primitiva, que facilitará a través de sensores unificar pensamiento y búsqueda de contenidos. Los susodichos con entusiasmo dan como ejemplo lo que sucede ya con el procesador de texto. De igual manera ocurrirá cuando nos comuniquemos verbalmente. Es decir nuestro desarrollo discursivo se verá ayudado por una infinita base de datos que hilará nuestras palabras ante los interlocutores los cuales lógicamente darán su respuesta con igual herramienta. Dicho de otra manera seremos papagayos ilustrados.

Buen ejemplo el del procesador de texto. La herramienta que ha logrado borrar de nuestros cerebros en unos años lo que tanto nos costó aprender en la escuela, esa cosa llamada gramática, invento inútil ya que nos permite expresar con precisión intenciones, sentimientos y saber. En virtud de justamente el objetivo de lo que decimos, ya no la gramática, sino las mismas palabras carecen de importancia cuando por cada pensamiento tenemos un dibujito que lo expresa.

En el éxtasis de estas criaturas apologistas, su saber ha sido requerido hasta por la misma Casa Blanca, centro mundial de la cultura, inteligencia e independencia de pensamiento, pues temen desde el despacho oval esté ya China utilizando esta tecnología con fines de inteligencia militar. Sin duda en manos de la CIA ayudará para entre todas las mentes hacer una paloma de la paz virtual, desaparecer fronteras y sobre todo intereses energéticos.

Pero volvamos al uso tabernario de las diademas. Las herramientas de búsqueda: ¿cómo se interrelacionarán con las emociones?. Cuando dos personas discutan, ¿su interfaz de búsqueda tenderá a reducir enojos en las respuestas?, o por el contrario ¿habrá apps que serán de gran éxito por lo afilado y destructivo con el interlocutor de su procesador de pensamientos y respuestas?

Y en los negocios, ¿se aplicará inocentemente el concepto de capital social de Fukiyama y Coleman? ¿Nos obligará a posiciones de entendimiento?  O de manera opuesta el éxito de procesadores nihilistas convertirá el dialogo entre personas en una carnicería dialéctica.

La tendencia poralizante de las redes sociales, de usuarios enfrentados en grupos cada vez más homogéneos y opuestos buscando la hegemonía ideológica es directamente proporcional al fracaso de armonía. El único motor conciliador es el miedo de las empresas y marcas a perder clientes. En este ensordecedor escenario de victimismo y enfrentamiento, el control de la tecnología discursiva es más que atemorizante, da escalofríos.

Como escribió Mario Puzo en su obra Los Borgíasi un hombre es capaz de vender su alma a un diablo, ¿acaso no podrá vendérsela también a otro hombre?” pues prolongándolo hasta nuestra era, por qué no a una app que nos otorgue el poder de la palabra. Prevalecer no por nuestro ingenio, formación o cultura sino por la falta de escrúpulos de un procesador tan ingenioso y basto en saber como ausente de empatía emocional en sus respuestas. Seremos papagayos con la lengua de Rasputín, Savaranola y Richelieu.

Pero tranquilos los woke del mundo, habrá un corsé ideológico vigilante de que cada nueva diadema sea inclusiva y sirva para gentes de todas las razas, credos…

Eso sí, admiten los argonautas de la ciencia que los primero en desarrollar esta tecnología serán video juegos y plataformas pornográficas. El mundo [email protected] quedará servido.

No se puede negar la capacidad de mejorar nuestras vidas de la ciencia. Esta misma semana otra tecnología aplicada igualmente al cerebro logró operar un tumor cerebral sin hacerlo de manera invasiva. Otro ejemplo menos trascendental es el disco de Tar Lokik, Soundtracks Chapter 1, entre el ambient y el goth, entre los digital y lo corpóreo.

Aplicada al día a día, tanta tecnología, nos hace extremadamente perezosos en nuestra comunicación con los demás. Hay un evidente desapego por el otro,fruto de la auto satisfacción digital. Llamar por teléfono parece haberse vuelto de mala educación. Lo cierto es que solo es una parte más de la pereza en los que nos vemos envueltos.

La cuestión más atemorizante es ya no solo dónde queda la empatía, sino el gran damnificado de tanta facilidad pastoreada por el algoritmo; la voluntad. De nuevo recurrir al mito de Sísifo es obligado. Los dioses nos arrojaron a la vida con un solo objetivo y porqué, que el esfuerzo nos haga virtuosos.

Un invento que evita pensar nos lleva a una dimensión ya no tan desconocida. Solo marquen un teléfono a ver quién contesta.