Hay veces que el scroll infinito tiene sorpresas para el espectador consumista de las redes sociales. Así fue para mí el día que conocí a Print. Una que otra transición y una actuación con acento argentino lograron que yo y millones de personas nos quedáramos en un reel un minuto entero (que en esta generación es un milagro). Al terminarlo, quería saberlo todo del artista que había ordenado seis remeras; ‘Print‘, dijo ser su nombre. Sin embargo, esa impresión fue interrumpida por la cotidianidad de la vida, y solo di un follow.
Fue varios meses después cuando por fin pude darle play al álbum ‘Las Malas‘, y desde el primer riff de ‘Apego’ supuse que había una gran mente detrás. En cuanto terminó el EP, lo busqué y, después de una mudanza y algunos cambios de horario, en el momento menos pensado estaba esperando a Print en mi sala virtual mientras repasaba mis preguntas entretejidas entre curiosidad y emoción, con un objetivo: desenmarañar una sola pregunta que rondaba mi mente. ¿Quién es Print?
Así, “FIPO EL REY DEL MOFO” entró a la reunión. Felipe, alias Print, rompió el hielo con su username y segundos después estaba frente a mí en pantalla. Contando un poco de las novedades de su apartamento y descubriendo que la Ciudad de México dejó de ser DF hace poco menos de 10 años, empezamos a charlar sobre lo que hay detrás de este artista argentino.
Elegir un nombre artístico es también elegir una narrativa. ¿Print es una versión amplificada de ti o una distancia necesaria para poder decir lo que de otro modo no dirías?
Me siento muy afín con ambas respuestas. Por momentos es una, por momentos es otra. Como cualquier artista, me puse introspectivo con mi primer material, así que eran temas que yo quería contar, para conectar con la comunidad que quiero crear con Print. Pero, por otro lado, siento que debe haber una distancia entre ambos; si no, me carcome estar todo el tiempo pensando en qué más podría hacer Print. Soy Print, pero también soy Felipe. Si tuviera que poner un porcentaje, sería 70-30.
¿Por qué “Print”?
Siempre quise un nombre en inglés. Aunque acá en Argentina se usa y amplifica más el español, yo siempre quise internacionalizarlo: una palabra corta y representativa de todo lo que quiero decir. “Print” habla mucho del ego, del individualismo, del existencialismo. Por un lado, significa “impresión”, que para mí es: si me vas a ver en vivo, quiero que te lleves una impresión mía, que se quede y resuene contigo. Como me pasó a mí en 2010 con Linkin Park: escuché la batería y me fui a casa recordando la sensación en el pecho durante el show. Por otro lado, “huella”. Lo llevo hacia la idea de dejar una marca en el mundo: pisar la tierra y dejar una huella con mi comunidad y mi música.
Hay artistas que escriben para entenderse y otros que escriben para que los entiendan. ¿En qué punto estás tú hoy?
Las letras de las canciones de estudio son para que me entiendan. El show en vivo es para entenderme a mí mismo. Hay algo en esa adrenalina del performance único que me lleva a buscarme a mí, a ser lo más “yo” posible. Tengo claras muchas cosas que me gustan y otras que no: mi ropa, mi estilo… me inspiro mucho en David Bowie. Pero aun cuando estoy frente a la gente que hizo un esfuerzo por verme, siento que descubro nuevas formas de ser yo que antes del show no tenía vistas.
No siempre hay un momento claro donde alguien decide “voy a ser artista”. En tu caso, ¿hubo un quiebre específico o fue más bien una acumulación inevitable?
No puedo elegir siempre ambas respuestas, pero en realidad… no sé. Lo que tengo clarísimo es que simplemente no puedo no hacerlo. No sé si algo pasó cuando era más chico, pero recuerdo que las personas que más me entendieron a lo largo de mi proceso eran artistas. Ver a bandas como Avenged Sevenfold en el escenario, todos tatuados, con uñas pintadas y tocando música re pesada, fue como una especie de llamado. Soy muy metalero y siento que ahí inició todo: en mi iPod y en los videos de shows en vivo que veía.
Hablando de tu música. Tu proyecto nace en Argentina, dialoga con una sensibilidad muy latinoamericana.
¿Qué crees que se pierde o se gana cuando tu música cruza fronteras?
Yo creo que lo poco que se perdería sería lo inevitable: que tu comunidad sienta que has cambiado al crecer. Pero en mi caso hay un tema que se llama ‘Pesadilla‘ que tiene letras en inglés, español y francés, así que se ve claro que mi meta es tener todo por ganar. Igual, no creo que esté mal buscar algo más cerrado, pero yo tengo mucha curiosidad por el mundo.
Si mañana nadie pudiera escuchar tu música, ¿seguirías necesitando hacerla?
Sí. Sin duda. Mientras yo pueda seguir escuchando y haciendo música, lo voy a hacer.
Dentro de cinco años, ¿qué tendría que haber cambiado en tu música para que sientas que no te quedaste quieto?
Las fórmulas con las que hasta ahora hice canciones. Por ejemplo, mi primer EP lo hice con mis lecciones de piano de hace años, pero para el siguiente EP ya estoy tomando clases, cambiando mi forma de componer. Componer en diferentes lugares, como un bosque, por ejemplo. Como Damon Albarn o David Bowie. Nuevos músicos, nuevos sonidos. Así con ello, hago del mundo mi inspiración para crear algo distinto.
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