TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Para los músicos involucrados es una larga historia de camaradería y colaboración entre dos grupos; al menos un músico -Jay Watson- está en Pond y Tame Impala, y otros tres músicos que militaron en el primero están también en la banda que conduce Kevin Parker, quien tocó un buen rato la batería con sus camaradas del otro grupo.

Ellos lo gozan… pero nosotros ponemos el morbo -malsano, pero placentero- para dilucidar cuál es mejor… y en este momento Pond sale ganando, por más que Tame Impala sean más populares. Hay que apostar y acompañar a Nick Allbrook en sus alocados bailes, y en la afortunada decisión de que su banda pisara el acelerador y se encaminara a un territorio de punk-dance-funk.

A jalones y tirones la banda originaria de Perth, Australia, ha encontrado las condiciones profesionales y creativas para construir una discografía que ya llega a su novena entrega, tal como hacen evidente en el título; 9 (Spinning Top Records) es una fiesta de alto octanaje y aunque según ellos se dejaron ir grabando lo más que se pudiera antes de entrar al estudio, al final el disco tiene poco de ese material que ellos llamaban “de relleno” y con lo que comenzaron a trabajar… dejaron la pura crema.

Y es que “Song for Agnes” -que abre- no espera y acomete con ese toque de locura y surrealismo que acomete de principio a fin en el disco. Se quedaron con lo suficiente de la psicodelia que ya les conocíamos y que hicieron brillar es Tasmania (2019), su álbum anterior, que mucho los encaminó al éxito.

9 es un disco lleno de frenesí y en el que “Pink Lunettes” es la joya de la corona; en ella hay nervio, una base rítmica galopante que sirve de acompañamiento al delirio que aportan los sintetizadores -un lujo de toda la entrega-. Aquí nos encontramos en la parte más alta de una senda por lo que han escalado los !!! y LCD Soundsystem.

Para Nick Allbrook -quien comanda Pond– ahora el disco es como parte de un Test de Rorschach de sí mismo; le cuenta a los medios que se clavó en detectar sus obsesiones -como el uso de la palabra plástico y la vida de soltero-, para luego referir como “Human Touch” surgió de un día que una mujer estaba destrozando una auto afuera de su casa, acompañada por su perro, y le pedía ayuda.

Según el músico, 9 es una mezcla entre su biografía y la manera en que observa a la gente, es por eso que puede citar en las canciones a sus pantuflas chinas, un osito de peluche sucio y la pintora canadiense Agnes Martin. Ha contado que él y sus compañeros están aterrados también por como los ha golpeado el paso del tiempo: “Ya no podemos vernos a nosotros mismos de la misma manera, y el mundo que hemos construido ofrece una perspectiva aterradora para ver nuestro pasado”.

Pond comenzaron esta novena incursión grabando en cintas de carrete, luego rearmaron las partes y en el estudio optaron por un sonido muy setentero en la batería que es toda una gozada (Basta escuchar “Gold cup/Plastic sole” para comprobarlo); también sacaron esa parte funkytera-orgiástica que llevan dentro y -como acostumbran- hicieron lugar a la improvisación. Esas combinaciones delirantes que logran homenajean con justicia al surrealismo que tanto les apasiona.

Tengo que decirlo: ni quien eche de menos a Tame Impala, mientras los Pond consumieron adrenalina en exceso para acelerar en el que tal vez sea el mejor álbum en su larga y distendida trayectoria.