#EnMisTiempos por Arturo J. Flores

Pinche Corona. Tenemos quizá la relación más tóxica que haya sostenido con un Festival. Todos los años me prometo dejarte. No volver a responder a sus estímulos. Romper tus viejos boletos, tirar los brazaletes de prensa, borrar las fotografías, como dice Xhelazz en una canción, “todas las canciones de mi ordenador”. Quemar las naves. No dejar el menor rastro de ti.

Pero vuelvo a ti.

Pinche Corona. Ojalá pudiera, como Arnold Schwarzenegger en Total Recall, implantarme falsos recuerdos en la cabeza. Unos en los que no hayas dejado estas profundas cicatrices. Memorias felices de un Festival que suma ya 8 ediciones y en cada una, el diablo me ha usado para trapear el piso del Infierno.

Me hiciste daño, ¿te enteraste?

Maldita sea la curva 4 del Autódromo. Estúpido y sensual cartel de bandas. Quisiera que tus bocinas reventaran para que las notas musicales no me aguijonearan el corazón.

Cierro los ojos y me sudan las manos. Si lo viera, Stephen Hawking plantearía una disertación acerca del hoyo negro que se me abre en el estómago. Pinche Corona, déjame en paz.

Sucedió en 2012 la primera vez. Habíamos ido a ver a New Order. Sí, otra vez como sucederá este fin de semana. Sería nuestra despedida. Porque después de cuatro años, la relación era un gato que se había acabado sus 7 vidas. Pero nos fascinaba la banda inglesa, así que una vez resuelto terminar, ¿por qué no ir juntos a sepultar un romance que en sus últimas semanas se había transformado en una tortura inquisitorial?

Antes de eso, nos recuerdo peleando. Siempre riñendo. Alzando la voz. Profiriendo insultos y descalificaciones el uno al otro, como si dos cuchilleros de un viejo circo hubieran resuelto dejarse los cuerpos como alfiletero.

La pasión se había extinguido. No restaba sexo como oxígeno no existe en el espacio. En un intento por reanimar a los muertos que expelen el último aliento sobre la plancha de la morgue, intentamos experimentar con el lado oscuro. Una aventura swinger que por una vez devolvió el fuego al torrente sanguíneo.

Pero que a la mañana siguiente, a diferencia del dinosaurio de Tito Monterroso, ya no estaba ahí.

Firmamos una tregua. Relación abierta le dicen ahora. Como una fiesta a la que, rapea Residente, entran los que quieren. Desde ese momento los amantes del Círculo Polar se convirtieron sólo en los guardianes del ártico. No quedaba sino tomar la decisión de romper, de partirnos en dos.

El Corona Capital, sí pinche Corona HDTPM, ibas a ser el 16 de octubre de 2012.

Nosotros romperíamos el 2 de noviembre, simbólicamente, el Día de Muertos.

Aquel día llegamos juntos a la Curva 4, ese paraíso de ombligueras y abdómenes cuadriculados, gente hasta el culo de drogada, florecitas en el pelo, tarjetas sin gota de crédito; música nuclear, atómica, etérea, hipnótica, volcánica, ígnea, inflamable, transmutable, explosiva y volátil.

Pinche Corona. Nos evoco a ella y a mí mucho más civilizados. Sentados en el pasto, compartíamos una cerveza horrenda y tibia del mismo vaso acartonado. Recapitulando nuestra relación. Desechábamos los episodios psicóticos, los gritos y los largos periodos de silencio, en los que nos aplicamos una Ley del Hielo tan gélida que hasta los personajes más sanguinarios de Juego de Tronos hubieran pedido una tacita de té.

En vez de eso, exhumamos los ratos felices. Porque los hubo, aunque ahora fuera más sencillo encontrarse con un unicornio que con ellos. Reciclamos viejas risas y al final, tomados de la mano, nos pusimos de acuerdo para derramar una misma lágrima.

Esta historia no tiene un final feliz. Eso no existe.

New Order apareció en el escenario y lo vimos juntos en el Pinche Corona. Con la admiración y emotividad de quien avista un cometa.

Al final de su set, los ingleses se (nos) regalaron un tributo a Joy Division.

Love will tear us apart.

“¿Por qué el dormitorio están tan frío?

Te has dado la vuelta sobre tu lado,

¿Es mi tiempo lo que está mal?

El respeto que nos tenemos escurre tan seco…”.

He vuelto a ir al Corona, pero no a escuchar a New Order.

Uno le teme a los déjà vu.

Pinche Corona, si me desbarato este año será tu culpa.

Allá los topo.