Natalidad de cuarentena, la soledad ha quedado preñada, es la Era del Show, la separación definitiva entre el goce del cuerpo y el de la palabra. “No estás solo, estás mirándote a ti mismo” cantaba Bowie en “Rock and Roll Suicide”. La ceremonia del yo frente al atril de su imagen, o a la de sus deseos, la mayoría de éstos jamás satisfechos, lo que genera la espuma del inconsciente en forma de envidia y frustración. Ahora, en la primera catástrofe mundial de esta Era, a la que solo el victimismo social y los errores  de los gobiernos tildan de guerra, recluidos en el confort o en la pesadilla,  o turnándose entre ambos, nos vemos, en cualquier caso, obligados a estar con nosotros mismos. Justo en estos tiempos en los que el silencio es tan extraño que tiene un valor místico y se cobra por facilitarlo. Escena del Show para el silencio: ‘meditación con colchoneta’.

TXT:: Borja Ilián

¿Decir preñada, significa, murió la soledad? Sí, falleció, y con ella la ya antes poco frecuentada autocrítica. El algoritmo fecundador convierte la existencia en un “conmigo o contra mí”. El pasado domingo, el diario El País, arrancaba su edición online poniendo a reflexionar a políticos, científicos, economistas e intelectuales, sobre el futuro tras la pandemia. Entre tanto texto, 75 en concreto, curiosamente, escasas menciones a los muertos, ya los dejan en el pasado cuando todavía no acabó el exterminio darwinista. Dos meses de confinamiento deluxe y nuestra infantil sociedad ya tiene un trauma que superar. ¡Cuánta fragilidad nos rodea! ¿O será esta incapacidad para estar solos? El virus que lo cambió todo es la hiper-conectividad. Expuestos hasta lo más recóndito de nuestra vida. El lingüista y filósofo Jean Claude Milber, en su obra La Política de las Cosas, escribió que el único “garante necesario” de la libertad “es el derecho al secreto”. Kant lo definió como lo impenetrable de la materia. Este breve y prorrogable cambio de escenario, nos ha mandado a todos al plató de la intimidad de nuestras casas. Hace unos días, la psicoanalista Mónica Unterberger, en relación con el confinamiento, invitaba en un artículo a reflexionar sobre la situación en la que queda el parlêtre ,  neologismo psicoanalítico creado por Lacan para definir un nódulo en el que convergen goce  físico -lo real- con  la palabra -lo simbólico- .

Esta cuarentena nos ha dado la oportunidad de  atender el Show debidamente. En lo más profundo del corazón de lo simbólico y alejado de lo físico. Si no hay parlêtre, sino hay conexión alguna en la psique del individuo entre palabra y cuerpo, el ser se divide en dos, como el personaje de Italo Calvino, el Vizconde de Mediado, partido en dos ‘otros’ o dos ‘yos’, según se mire,  irreconciliables, ajenos. Uno de los dos personajes gana cada día mayores facultades, las del sustento, las de consumo, las del yo atendido sexualmente. La estrella de las redes. Mientras, el cuerpo, queda para dormir, para la desconexión y para ser mantenido en forma, como un auto que tan solo nos lleva donde queremos. Pocos lo  predijeron y analizaron como Sherry Turkle en su obra La vida en la Pantalla de 1997. “Nos movemos hacia una cultura de la simulación en la que la gente se siente cada vez más cómoda con la sustitución de la propia realidad por sus representaciones”, sentenció la estadunidense. 

En medio de las amenazas a la salud, a la economía, a la seguridad y a los derechos humanos, contemplamos, nítidamente, un primer episodio mundial para testar, tras décadas de transformación, a los individuos y su sociedad del Show. Una metáfora a la que se enfrenta  la ciencia, la tecnología, la democracia, las redes sociales,  el nacionalismo,  el feminismo, la migración fobia, el capitalismo de datos y el comunismo de mercado, entre otros,  interconectados en el escenario virtual. Algunas estadísticas previas al evento Covid-19, muestran el sendero de las cosas. INEGI publicó esta semana cifras de suicidios en México en 2018. La gran mayoría los cometieron seres humanos en una franja de edad entre los 15 y los 24 años. Hijos de esta Era. Esta marcada tendencia a nivel mundial las últimas décadas, relacionada con la ‘socialización tóxica’ en el entorno, se ve apuntalada por fenómenos como el cybersuicidio. El Show tiene cabida para toda expresión de la vida, o de la muerte.  Addison DeWitt, personaje de la película All About Eve, afirmaba, en este film del año 1950: “Los de teatro somos una rareza aparte de la humanidad, somos personalidades desplazadas”, lo que no suponía el  director Joseph L. Mankiewicz, autor del largometraje, es que en el 2020 estaríamos ya, todos, en esto del teatro.