Pequeños Gigantes (2018), la más reciente cinta de Keith Berhman, es una suerte de microscopio estético a través del cual este director se da a la tarea de indagar en los rasgos inéditos que se esconden detrás de la cotidianidad adolescente de clase media-alta.

Esta cinta narra las vivencia de Franky, un clásico espécimen suburbano quien parece llevar la adolescencia perfecta; misma que transcurre en medio de la popularidad y el éxito con las chicas.

Sin embargo, ésta no es sino una endeble fachada que pronto habrá de disolverse después de que las dudas que nuestro protagonista profesa con respecto a su sexualidad queden evidenciadas frente al resto de su comunidad.

Es de este manera que Franky se convertirá en el blanco por excelencia de una sociedad la cual, a pesar de sus supuestos “avances sociales”, aún esconde una serie de prejuicios terriblemente arraigados.

Pequeños Gigantes es un poema visual el cual sirve de homenaje a esas emociones desbocadas que florecen durante la juventud.

Misma inquietud que encuentra su principal fuerza emotiva en una fotografía la cual parece decidida a capturar la presencia de esos agentes milagrosos que se encuentran latentes en la cotidianidad más mundana.

A lo largo de esta cinta observamos la concreción de una serie de conflictos que dejan en claro esa facilidad con la que la realidad más onírica puede tambalearse en un santiamén.

Sin embargo, también encontramos en su discurso un relato de espléndida belleza que nos recuerda que, ante las presiones de nuestro entorno normalizado, la única opción es aferrarnos a nuestra propia esencia.

Esta excelente cinta forma parte de la Semana de Cine Canadiense. Checa los horarios aquí.