Es alrededor de medio día, la ciudad está más nublada de lo habitual para estas fechas. El clima es perfecto para un café, puede que llueva, más vale estar preparados con un poco de calor en el pecho. La galería LABOR luce apacible y un suave viento mueve de manera apenas perceptible el enorme reloj de bolsillo que cuelga al centro de la galería. La escena es casi un ritual por la armonía que genera el movimiento oscilatorio de la pieza conjugado con el silencio de la sala.
Aparece de pronto Pablo Vargas Lugo, curiosamente, con un café en la mano.
-¿Qué representa para ti este reloj Pablo?
-Esta pieza la llamo “La máquina del tiempo”. Representa muchas cosas. En principio va en relación con un tipo de reloj que fue regalo de mi padre. Ahora bien, este reloj se llama “Omega”, y todo parece que la marca utilizó la última palabra del alfabeto griego para representar el último avance posible en la medición del tiempo. Este reloj fue el primero en poder viajar en el espacio exterior, gracias a la creación de un sistema que posibilitó que funcionara más allá de la gravedad terrestre. Imagínate ese alcance en la materia. Uno de los primeros logros respecto al tiempo fue lograr medir el tiempo en un barco. Ya que un reloj de péndulo dado por los balanceos del barco es muy difícil para precisar la relación entre tiempo, longitud y latitud. Por eso se tuvieron que desarrollar para el caso de la navegación relojes mecánicos de alta precisión que no se vieran afectados con el movimiento. Por ello, los relojes omega representaron el más avanzado nivel de precisión en la búsqueda de la medición del tiempo. ¡Los astronautas los llevaron a la luna!
Mira, si ves de este lado, -Pablo se acerca a la pieza cuidadosamente para girar el reloj- puedes ver que está separado el reloj, ¡esto puedes entenderlo como una luna menguante o bien hasta como un eclipse!

-Veo que el reloj está colgado de una manera que, en lo personal, su cuerda me evoca a la de un suicidio, digo, o un ahorcamiento, ¿es así?
Pablo Vargas Lugo ríe disimuladamente.
En efecto, pocos logran ver eso. En el apocalípsis bíblico se habla de “alfa y omega”, -Pablo se queda pensando brevemente mientras mira al suelo-. De hecho Caetano Veloso tiene una canción titulada igual. En fin, puede interpretarse con diversos rangos de significados. De hecho hay mucho de metonimia en la pieza. Esto puede ser la conciencia que se sustrae del tiempo como ilusión, incluso una forma de escape del tiempo; el escape como suicidio. Ahora bien, esta pieza está concebida también como un jeroglífico. En el jeroglífico se acumulan diversos significados. Imagina a las personas que recién descubrían los jeroglíficos en las ruinas. Podían interpretar de diversos modos los signos, sin tener la certeza de cuál es el significado correcto o preciso.
El símbolo de Omega así mismo nos lleva a la homofonía del “Om” que implica el sonido cósmico que originó la creación y que funciona para la meditación en las tradiciones védicas. Y esto nos lleva justo a las otras piezas que rodean la pieza.
-Cuéntame Pablo, ¿estas piezas tan coloridas a qué nos llevan? ¿Qué has querido plasmar?
En la relojería, hay un concepto denominado “Complicación”. Las complicaciones son especialmente funciones adicionales además de las manecillas de los segundos, minutos u horas. Las complicaciones pueden ser astronómicas, como las fases de la luna, entrada o salida del sol, o técnicas para mejorar la precisión del tiempo. Lo que he querido plasmar en estas piezas son las complicaciones del tiempo. Como puedes ver hay sombras de los mismos trazos, como si hubiese sucedido algo ya en el tiempo. Estas piezas las he desarrollado como si fuesen el resultado final de algo que ya sucedió. No como un inicio o algo sin tiempo. Sino como un proceso dinámico que ya culminó. Como arte bidimensional quiero que la gente pueda preguntarse “¿Aquí qué pasó?”
Y en este sentido, las complicaciones, así como las ves, se vuelven especie de mandalas.

¿Con qué material están elaboradas estas complicaciones?
Utilizo papel japonés, tela y las hago como especie de collages. Me gusta mucho trabajar el collage
¿Qué otras series has trabajado con esta técnica?
Tengo una serie de collage de accidentes de aviones. Otra intitulada “Sombra de estrellas”, y otra de mapas rotos. Todo esto como te decía anteriormente, como resultados de eventos.
Pablo se dirige hacia el fondo de la galería hasta una esquina donde se erige una pequeña montaña de monedas, se agacha y me pasa una. La observo con detalle: en lugar de tener inscrito el valor pecuniario, tiene inscrito un reloj. Me pasa otra moneda distinta, y del mismo modo puedo ver un reloj inscrito con otra hora. Muchas monedas, muchos tiempos acumulados.

–Veo que te fascina el tiempo Pablo.
Sí, siempre me ha fascinado.
Regresamos a la sala del gran reloj inmersos en un silencio cómodo, pudiera decir que, especialmente pacífico. Nuestros cafés se han terminado, las tazas ya están vacías. El reloj sigue girando lentamente en la gran sala por ese viento sutil que no ha parado desde que llegué a la galería. Sé que el tiempo se ha acabado, nadie ha dicho nada, pero lo único que sé es que llegó el momento de partir ¿es acaso el sonido del viento? ¿O mejor dicho, el sonido del tiempo?
La exposición Omega de Pablo Vargas Lugo abrió este junio en LABOR Galería, Gral. Francisco Ramírez #5, San Miguel Chapultepec, CDMX.
La muestra estará disponible a hasta el 7 de septiembre, incluye un programa con una charla con el artista y un performance que activará toda la instalación artística.







