“¿Hay una forma de pensar que no sea tiránica?”, se preguntaba la filósofa alemana Hanna Arendt en uno de sus diarios.

Hoy todo el mundo parece tener ideas formadas sobre sí mismo y sin dudarlo las convierten en etiquetas para sus perfiles sociales. En estos tiempos que negarse a auto definirse es dejar en manos de los demás semejante acto de segmentación social y prejuicios,  si damos por bueno el cuestionamiento de Arendt y contemplamos la sopa virtual tan llena de opiniones; el pequeño dictador que llevamos todos dentro va a sufrir mucho.

Nadie es capaz de imponer enteramente su perspectiva de la vida, de la que actualmente nos ocupan asuntos más serios de lo habitual, de los ya de por sí severos entresijos de nuestras existencias.

Desde la decisión de poner en riesgo a la familia en una cena de navidad, o creer por el contrario que no existe tal peligro y que solo se trata manipulación para amargarnos las fiestas; hasta decidir vacunarse o no,  estudiar o trabajar- según una encuesta mundial sobre los jóvenes y el Covid-19 realizada en el marco de la Iniciativa Mundial sobre Empleo Decente para los Jóvenes, 60% de las mujeres y 53% de los hombres jóvenes vislumbran su futuro profesional con incertidumbre o inquietud-,  solicitar un crédito, un cambio de trabajo, de residencia, ser madre o no, romper con tu pareja, pedir un favor personal, hacerlo…

Nuestras opiniones y decisiones  van a estar muy ocupadas en estos inestables tiempos.

Que nadie dude una cosa, finalmente decidiremos someternos al tirano, propio o extraño.  Por este motivo, entre otros, el control de la información que nutre nuestra “forma de pensar” es un asunto serio.

2020, además del crack vírico, nos dejará todo una red de nuevas instituciones, leyes y herramientas de control informativo por todo el planeta. A principios de este mes la asociación británica Full Fact creó una organización  con ‎ministerios del Reino Unido y Canadá, sumando a  gigantes de la información -Facebook, Twitter, ‎Google-YouTube y la agencia Reuters- para luchar contra la “desinformación” en las ‎redes anglófonas de Internet. ‎ Otro noble concilio en busca de la verdad.

El diario británico The Times reportó hace dos meses que el GCHQ -Government Communications Headquarters- el ‎servicio británico de intercepción de las comunicaciones recibió la ‎tarea de contrarrestar en Internet los argumentos contrarios a la vacunación. Obviamente sin importar el hecho que entonces no había una vacuna aprobada y por lo tanto fiable para la población británica.

No es de extrañar que Gran Bretaña fuera el primer país occidental en iniciar la vacunación, ni tampoco la escasa difusión del texto firmado el pasado 7 de diciembre por el ex vicepresidente y director científico de Pfizer, Michael Yeadon, y el especialista en neumología y parlamentario alemán, Wolfgang Wodarg, solicitando urgentemente ante la Agencia Europea del Medicamento –EMA- suspender inmediatamente  todos los estudios de la vacuna contra el SARS-CoV-2,en particular la desarrollada por Pfizer”, ya que la duración demasiado corta del estudio no permite una estimación realista de los efectos tardíos, según Yeadon y Wodarg.

Si de verdad quieren actualizar a James Bond, que no busquen una mujer de raza negra, sino  un algoritmo inquisidor. El espionaje se realiza directamente al trono de cada cerebro humano.

Antes de abandonar las islas británicas una parada en el nuevo EP de Keeley Forsyth; Photograph, entre el cabaret, la opereta y  Tom Waits  en un salón de la alta sociedad londinense de 1911.

Otro curioso récord del 2020, relacionado con este asunto de informarse para poder opinar, es la detención de al menos 117 periodistas detenidos o arrestados mientras cubrían protestas en Estados Unidos en el 2020. Un reporte dado a conocer el lunes por el Rastreador de Libertad de Prensa, un proyecto de cooperación de dos organizaciones defensoras de la libertad de expresión, indica que los arrestos en 2020, suman más del doble de lo que el Rastreador registró en 2017, 2018 y 2019 juntos. Lo del conflicto civil USA es un hecho. Veremos su alcance.

A los reyes no les suele gustar que les lleven la contraria, al reyezuelo opinador que todos llevamos dentro le molesta profundamente derriben creencias con las que ha convivido, juzgado y obrado.  Una vida pensando que EEUU era un país desarrollado y resulta que un nano virus devasta el país mientras parte de su población se dedica a darse cuchilladas, enfrentada por sus ideas. Suecia, ejemplo de sistema sanitario, ve saturadas sus UCIS, mientras que África, que en abril ya había creado el Grupo Operativo Africano para el Coronavirus y el Fondo Africano de Respuesta a la COVID-19, sigue siendo el continente menos golpeado por la pandemia. Preocupa más en esa parte del mundo las plagas de langostas del desierto que se están formando en varios países africanos en estos momentos, según advirtió ayer la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO-. Una sola plaga devora la comida de 35 mil personas. Eso no hay opinión que lo niegue.

Para cuando acabe este año, tras las celebraciones, que para muchos serán las últimas, gran  parte de  la población mundial enfrentará un escenario desolador. Puede que el agotamiento, y fracaso, debido a ejercer nuestra responsabilidad de decidir, de paso a otro paisaje social e individual incluso más sombrío que el actual. Quizás la costumbre de que otros decidan por nosotros nos lleve a dar por bueno al  tirano ajeno.