#EnMisTiempos

Por Arturo J. Flores

Me sonrió con aquella astucia gatuna que el alcohol no había conseguido adormecer. Después de pagar la cuenta, puse dos opciones en la mesa.

–Ya estás muy peda. Así no deberías manejar. ¿Por qué no hacemos algo? Aquí al lado hay un hotel. Dejemos los autos estacionados (cada uno traía el suyo), nos metemos a dormir y ya mañana nos vamos. Si no te late, entonces déjame llevarte a tu casa en tu coche y yo regreso por el mío en taxi.

Igual que quienes leen, en cuento escuchó “hotel”, me fulminó con una mirada que sugería “estás bien pendejo” y le exigió al valet parking que fuera a buscar su automóvil.

–No te voy a dejar manejar mi coche, ni te conozco.

En efecto, no nos conocíamos como se conocen los que estudiaron juntos la primaria y aparecen en decenas de selfies. Pero si nos habíamos comido a besos minutos antes, como si nos quisiéramos meter a bucear dentro del otro. Una semana antes ella y yo nos empezamos a hablar en un concierto de heavy. Terminamos cenando tacos e intercambiamos números telefónicos. La invité a salir el jueves siguiente. Ya entonados por la cerveza, nos animamos a reconocernos con la boca.

–Ok, no te enojes. No me late la idea, pero te voy a escoltar en mi coche. Por favor vete muy despacio y si ves el alcoholímetro, oríllate –le pedí.

Entonces, la dueña de la mirada de pantera, soltó la mordida.

–¿Alcoholímetro? ¿De qué hablas? Sí sólo hay que meter nuestros autos al estacionamiento del hotel y está aquí junto.

Varias veces he sido actor de escenario de un one-night stand. Con la mano en el corazón puedo decir que el sexo casual no merece la mala fama que le precede. Por el contrario, coger en la primera cita se parece mucho a lanzarse en paracaídas. Una inyección de adrenalina directo en el corazón (Nikki Sixx dixit), que hace caber la eternidad en un instante (Cerati dixit), y cuyo recuerdo alcanza para saborearlo por el resto de tus días (Enanitos Verdes dixit).

No es que las relaciones duraderas y formales no sean placenteras, pero contra el one-night stand juega un factor determinante: el tiempo. Ninguno de los involucrados, cuando es de común acuerdo, espera nada. Sólo que cuando amanezca, pueda desplegar sus alas y salir por la ventana.

Quienes se privan de los placeres que provoca el one-night stand, argumentan que les parece “vacío”. No entienden que hace falta vaciarse, porque a veces la vida te llena de sentimientos que pesan mucho.

La locutora. Nuestra inmoralidad nos colocó en una posición muy incómoda, pero conveniente, a la quinta cerveza. Ella, subida en la mesa del bar desierto, abrazándome con las piernas y susurrándome que pagara la cuenta y nos escapáramos adonde pudiéramos hacer realidad lo que nos habíamos sugerido con los ojos una tarde antes cuando nos conocimos, mientras me entrevistaba en un programa.

La junkie. Confieso que no podía quitarle los ojos del escote. Por mucho que suelo reprimir ese embrujo suicida y dirigir mi mirada lo más lejos que pueda de él. La culpa fue de sus pecas. Me obligaron a seguirla hasta el baño cuando se levantó. Llevábamos una hora platicando y lo que empezó como “algo tranqui, unos drinks en jueves”, terminó como una degustación de sudores en el mantel de sus sábanas. Compartimos el cuerpo como quien se presta una jeringa. De cuates, eso sí. Porque fue sólo esa vez.

La estrella. Ninguno de los dos bebió de más, para que Baco no tuviera la culpa. Le pregunté en un momento de la cena: ¿te acostarías conmigo? Antes que conocer su color favorita o su segundo apellido. A ella le gustaba llevar la batuta. Por eso reclamó: primero dime si tú te acostarías conmigo… hoy.

Este viernes se estrena el nuevo disco de The Kooks. El quinto en la historia de los británicos. Hasta el momento se conocen tres canciones. Una de ellas lleva por título No pressure y desde que la escuché, siento que me representa.

“Sólo nos estamos divirtiendo, querida.

No hay que complicarlo.

Sin presiones.

Nos la estamos pasando bien” 

Todos deberíamos tener sexo casual de vez en cuando.

Un one-night stand de vez en vez.

Pero sólo en algunas ocasiones.

Porque si no, deja de ser casual.

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