Con una marcada influencia de Manhattan, de Woody Allen, OK, está bien (2020) es la historia de un guionista de treinta años de edad que vive una etapa de bloqueo creativo. La obra ha sido nominada a Mejor ópera prima en la próxima entrega del Ariel, además de ser reconocida por la crítica mexicana como una bocanada de aire fresco (al menos es lo que se menciona en el tráiler). El debut de Gabriela Ivette Sandoval es una propuesta interesante que, sin embargo, pierde fuerza a lo largo de su desarrollo.

TXT:: Jacobo Vázquez

Mariano es el protagonista del filme, vive con su madre en Tlatelolco. Se trata de un cinéfilo que evade la realidad a través de las películas que ve. Sin embargo, sus dinámicas cotidianas se mueven cuando un primo adolescente llega a vivir a su departamento para  mostrarle que hay vida más allá de las historias que visitan su reproductor de DVD´s; esto se acentúa cuando le presenta a su novia, de 14 años de edad, quien detona el punto de tensión de la cinta.

La obra de Sandoval se debilita por varios factores. Las actuaciones se perciben disparejas, quitándole naturalidad a la historia. Por su parte, Roberto Andrade no luce de la edad del personaje que representa y esto le resta credibilidad al filme. De hecho, la misma directora ha declarado que, en efecto, el actor está al límite de edad; un detalle que se suma a la deficiencia de las actuaciones.

El guion de Ok, está bien… refleja un mundo que Andrade conoce perfectamente, de tal forma que acentúa los rasgos de aquellas personas que viven sumergidas en el mundo del cine. Muestra de ello, la secuencia en el Tianguis del Chopo, en el puesto del recientemente fallecido Juan Heladio. Ahora, si bien se percibe una intención de reírse de lo patético que puede resultar un personaje como Mariano (atención a la escena del disco de Odisea Burbujas), quizá la intención de fondo de la película sea levantar una crítica a la cultura de la cancelación ante la incorrección política. Esto se puede observar en varios momentos de la cinta, algunos de ellos provocadores, un recurso que Roberto Andrade ha aprovechado en su faceta como estandopero, bajo el nombre de Tío Rober.

Es probable que estemos frente a una película que retrate a una generación de creadores que se resiste a los cambios que imponen los tiempos que corren. El mismo Andrade ha declarado que cumplir con lo políticamente correcto ha decantado en un retroceso artístico de 20 o 30 años. Declaración que nos recuerda a la inconsciencia del personaje principal de OK, está bien..., quien no se entera de que los tiempos mutan.  Y, paralelamente, el espectador quizá se pregunte, ¿será que un buen guión debería ir más allá de un chiste diseñado para un show de stand up?