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Oasis en México: Tabacos, alcohol, supernovas y rocanrol

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Avanzo por Viaducto Río de la Piedad a trote sólido. Llovizna. Conforme me acerco a metro Ciudad Deportiva, descubro cómo del asfalto florecen antros atascados de hooligans aztecas que brincotean entre caguamones con música inglesa ecualizada infamemente. Aprieto el paso mirando el reloj hasta detenerme en el tugurio que se encuentra justo frente a la puerta 7 del Estadio GNP Seguros. Me abro paso a codazos; adentro todos sudan, beben, fuman y bailan con “Disco 2000”, de Pulp. Son las 21:05 hrs., cruzando la avenida, Oasis dice “Hello” ante decenas de miles; mientras, acá, en la covacha, las pantallas proyectan a Jarvis Cocker cubriéndose el rostro moritifcado. Pido una cerveza, me acomodo en una periquera.

12 de septiembre

Es la primera de las dos fechas que Oasis apartó para México en 2025. Escaneo a la pandilla ajuareada que preponderó el brandeo con puro ofni adidas de todos los colores y modelos. Ropa deportiva para empinarse montañas de envases de chela mientras Blur habla de calles como junglas, similares a las aceras de la colonia Granjas México, por ejemplo, donde el pavimento alcanza cierto tremor cuando allá, atravesando gradas y torniquetes, los hermanos Gallagher se turnan el micrófono para cantar “Acquiesce”. Extraviado entre bucket hats, me acerco a un tipo que porta una camiseta que dice Oasis, aunque con la tipografía de Los Temerarios y los sonrientes rostros de los hermanos Adolfo y Gustavo. Ninguno de los dos planeamos entrar al primer concierto de los de Manchester y asentimos brindando: acá, en el Bretón, está poca madre el ambiente.

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No hay mejor pre que quedarse en las orillas del bisne. Palpar allí el aire, frotarse las palmas e irse alistando para lo que vendrá. Observo la lluvia arreciar mientras patrullas chillan a las orillas del estadio. Pienso en que hacía mucho tiempo que no se especulaba tanto antes de un concierto, tal como ocurrió con el pacto de los Gallagher con la CDMX. Esa ruta que arrancó en Cardiff para hacer escala previa en Pasadena fue seguida vía redes sociales por hordas de fans que emergían de las grietas día a día, cual enjambre de hormigas ansiosas. Llegaba a exasperar, no había pausa en el scroll que no diera cuenta de algún detalle de la gira Live´25. Hay que ir a la franqueza: en su momento, Oasis no generó en México tal grado de ansiedad (vaya, La Gusana Ciega llegó a operar como telonera); esta vez, con las taquillas inútiles, la reventa alcanza números ridículos. Puro brit-hype.

Sin embargo, terminé cayendo rendido, redondito. Pasé de preguntarme a quién madres le importaría que Oasis se reuniera, a sufrir taquicardia por no tener un boleto. Padecí la presión de memes y stories, por supuesto, buscaba evitar el fomo a toda costa; pero también contenía el peso de mi propia historia. Cuando fue preciso, Oasis señaló puntos áureos en mi vida, escenas extraordinarias que sin sus canciones hubieran extraviado su brumoso fulgor. Tuve el privilegio de presenciar en tiempo real el ascenso y caída del reino Gallagher mientras a mi alrededor la existencia latía con un vigor inusitado. Aplaudí y reprobé cada uno de los lanzamientos discográficos de los ingleses mientras expandía mis alcances; y siempre fue reconfortante volver allí, saber que ese par de hermanos sin falla tendría guardada una tonada para acariciarme el pecho.

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Big Brother Recordings

13 de septiembre

Corro mientras “Fuckin´ in the bushes” truena a la distancia. Llueve otra vez y pulverizo charcos con zancadas. Ya crucé dos filtros pero no alcanzo a ver la luz del escenario del Estadio GNP Seguros. Sudo, crudo. Con el cierre de la marra hasta la barbilla, me siento como Sylvester Stallone entrenando en Rocky e incluso me atrevo a soltar unos cinco puñetazos al aire, contra el soplo frío de la noche. Corro preñado de adrenalina, busco tiro. Me paro frente al escenario, finalmente. Sucede cuando “Hello” arranca y el sonido me impacta seco, duro. El wah de Noel ondula las gradas más altas y al deshacerme de mi adidas Chile 62, con pinche sincronía milimétrica una cubetada de orines me baña sin piedad mientras Liam, manos hechas nudo detrás, señala repetidas veces al lado de su carnal: it´s good to be back! Por instinto alzo la mano izquierda y grito ¡hola!

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Big Brother Recordings
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Big Brother Recordings

Escurriendo champaña de riñón, a la segunda tonada me es sencillo aplicar la de la neta que suenan como en los discos, aunque más recio que nunca. Entristecía escuchar a Liam sin aliento tiempo atrás; esta noche no pierde una sola sílaba con ese acento gañán y ñero que lo define y agitando maracas y pandero besuquea el micrófono al tiempo que Noel cambia de guitarras para que éstas sumen filo. No hay vericuetos en lo que en escena se pasea, al lado de Paul Bonehead Arthurs, Gem Archer y Andy Bell, acompañados de Joey Waronker y Mikey Rowe, los Gallagher apelan a un rocanrol forjado en pubs y callejones a deshoras, a punta de tabaco y alcohol. Un rocanrol que provoca detonaciones celestes, supernovas cuyo burbujeo eructa sistemas planetarios. Allí, en ese cancionero de estatura universal estéreo, las órbitas de T. Rex, The Rolling Stones, Sex Pistols y The Beatles crean rutas que andan los que de noche caminan, hurgando en las esquinas, rastreando viejos sentimientos perdidos… Do you know what I mean? 

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Big Brother Recordings
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Porque sí, tal vez eso sea lo que quieran que pase quienes asisten a solas a un concierto de la talla de éste: que las rolas los mastiquen con todo y cáscara, que se los traguen y luego los escupan. Los Gallagher son buenos estimulando esta acción mientras el personal rola tragos y fumes ilegales. Esos hermanos les hablan a los opacos que viven en el infierno (“Some might say”), a los de vísceras desmayadas y labios zurcidos (“Wonderwall”), a los que les basta respirar para que sus ojos se crucen con cosas imposibles (“Live forever”), a los que saben que quien entone el blues de la libertad, donde sea que se halle, estará bien (“Whatever”). Oasis le canta, sustancialmente, a los que no quieren morir. Punto. Y es bajo este saber que su arrogancia se encuentra plenamente justificada. Cuando el listado de composiciones se va desgranando, éste certifica su categoría atemporal y el mentado brit-hype virtual se va quedando corto porque, después de esto, ¿qué seguiría? A ver, ¿qué otra banda viva y en forma cuenta con un repertorio de condiciones similares?

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Big Brother Recordings

Una flor con una bocina como pistilo y mástiles de guitarra en lugar de pétalos se expande mientras Liam se persigna arrojando bendiciones, tras enfundarse un sombrero de charro. Por su lado, Noel sacude de sus dedos las flamas que de ellos nacen tras electrificar durante dos días a unas 130 000 personas, compás tras compás. Little by little, sus guitarrazos terminan por superar la derrama económica que dejó Taylor Swift en México. Sobre la pareja se lee el nombre de su proyecto de vida, encantador de tan simple: claro, helvetica black oblique, pienso. Y entonces “Champagne supernova” toma su turno para que los soñadores que sueñan que no mueren se abracen bajo luces celestes que se cuelgan como serpentinas de las nubes. Se asoma allí pertinente, entre pólvora parpadeante, una pregunta: ¿por qué las personas especiales cambian? Es decir, ¿por qué la gente y su manera de ser no se conservan como las canciones, intactas, esperando a que uno vuelva a ellas para sobarse el pecho de vez en cuando?

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Porque creen que van a escapar del verano, me responderían Liam & Noel si escucharan mis preguntas. Algo que harían atascados de watts, diciendo también que es mejor no preocuparse tanto porque el mundo seguirá girando pase lo que pase, sin que jamás sepamos la razón. “Don´t look back in anger“, cantan aquellos, hablando de una revolución que comienza en la cama (“cuando se pone uno a dirigir una revolución, la dificultad no está en hacerla avanzar, sino en contenerla”, decía Mirabeau). Ira, amor, qué complicado es entender la vida. ¿Cómo no agradecer que por dos horas las cosas se acomoden en su lugar? Diré que sí de ahora en adelante, que al fin entendí lo que es vivir un verano eterno gracias al sonido. Esto haré cuando me pregunten si estuve en las noches de los hooligans cursis, las noches de los borrachos soñadores. Las noches de Oasis aquí, aquí mero, donde se acaricia uno cuando el rocanrol te arranca la carne para transformarte en estrella.  

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Big Brother Recordings

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Alejandro González Castillo

Alejandro González Castillo

Periodista, y escritor también (porque parece que no es lo mismo). Cruza párrafos con compases. Le gustan las olas, leer y chelear chachareando; además de escuchar discos dejando salir el humo por los ojos.

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