“Había una vez… un Dios salvaje se desplazaba/ A través de la memoria en la que estaba enterrado…”, así comienza “Wild God”, la canción que dio título al pasado álbum de Nick Cave & The Bad Seeds y que ahora, en un giro, se convierte en un estremecedor Live God de generosas 18 canciones.
TXT:: Juan Carlos Hidalgo
Se trata del quinto disco en vivo de uno de los grandes santones de la cultura rock contemporánea… alguien que nos ha convencido de pensar que el rock suele semejarse a una religión laica y cuya misión es elevar el espíritu del escucha hasta encontrar la revelación.
Nick Cave es un creador obsesivamente alimentado de la imaginería religiosa y alguien que ha vivido durísimos trances de dolor -concentrados principalmente en la muerte de dos de sus tres hijos-.
Ha sido un músico que sabe combinar una energía desbordada con una lírica atascada de dolor, fe y, como no, violencia. Suele ir modulando la intensidad instrumental y el fenómeno poético en una forma de arte tanto corporal como intelectual.
Y todo ello lo conformamos en este concierto registrado en París y en el que se hace acompañar de su infalible e infaltable Warren Ellis, quien se prodiga entre varios instrumentos y coros, pero también hay que destacar la presencia de Colin Greenwood de Radiohead en el bajo.
He aquí a un Nick Cave en su faceta Gospel dejando el testimonio de una gira que le sirvió como: “un antídoto contra la desesperación”, según sus propias palabras.
Y es así como esta liturgia, estimulada por el hacer del coro, comienza con “Frogs”, prosigue con “Wild God: “Y soy un viejo, enfermo Dios muriendo y llorando y cantando”y prosigue con “O Children”, que cala hasta la médula.
De su larga y contundente discografía incluye en este setlist temas tan entrañables como “From Her To Eternity” -para ponerse fiero-, “Papa Won´t Leave You Henry”-rasposa y oscura- y ese clásico supremo que es “Into My Arms”.
Estamos pues ante una entrega en la que encontramos a un Nick Cave & The Bad Seeds en total plenitud estética, conceptual y humana… no en vano durante este concierto apareció Bob Dylan y tras una intensa sesión de misticismo musicalizado escribió en su cuenta de X sentirse impactado especialmente con“Joy” y el momento en que suelta: “Ya hemos tenido demasiado dolor, es la hora de la alegría“.
Live God nos deja duelo, redención y elevación suprema… furia y recogimiento, ya sea a través de “Bright Horses”, “White Elephant” y “I Need You”; Nick Cave es un poeta lóbrego, un predicador atormentado… un ángel caído en blanco y negro… un ilusionista de la palabra… un semidios condenado a un duro trance terrenal.
Si existe un forma heterodoxa de rezar esa es a través de las canciones de Nick Cave… un evangelio canalla, una teología anarquista, una liturgia rock que todavía no conoce de límites, para fortuna y beneplácito de todos nosotros.
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