La música disco surgió, precisamente, como un clamor de liberación para todos aquellos que buscaban su lugar en una sociedad llena de opresión. Eran principios de los 70 y la ciudad de Nueva York se convirtió en el epicentro de esta ola que sacudió el mundo entero, llevando la unión como estandarte. Al principio todas las canciones hablaban sobre el amor, fraternidad  y hacer del mundo un lugar mejor. Cambió para siempre la forma en cómo convivíamos; la pista de baile ya no era exclusivamente para parejas heterosexuales, se convirtió en una celebración en masa. Las discotecas eran los santuarios en las que mujeres, comunidad LGBT, y todas las minorías encontraban la forma de expresar su identidad con fuerza. El club era el lugar donde el DJ era la figura predominante, era quien presentaba las novedades al público asistente. Por primera vez, los clubes y no la radio mainstream, determinaban qué discos serían el éxito del momento.

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Los recientes hechos ocurridos en la ciudad de Minneapolis nos hacen toparnos de frente con una realidad que permanece vigente hasta nuestros días: el racismo sistémico que perdura en nuestro mundo. No sólo eso, nos encontramos todos los días con misoginia, homofobia, segregación y rechazo a lo distinto. 

Steve Dahl frente a discos antes de ser quemados, foto por Paul Natkin

La rápida propagación que el movimiento tuvo incomodó a muchos, aquellos apegados a las viejas costumbres, y el 12 de julio de 1979, el DJ Steve Dahl, convocó a la Disco Demolition Night. Bajo el argumento de que la música disco acaparaba todo el espectro de la radio, reunió a un séquito de seguidores que se propusieron a destruir una pila enorme de discos en el estadio Comiskey Park, de Chicago, con el lema Disco Sucks! Esa noche, según muchos testigos, no sólo era para terminar con el legado de la música disco, sino con el de la gente de color, LGBT, latinos y otras minorías. Fue un movimiento político más que musical.

Desde entonces, la música disco ha pasado por una serie de transformaciones y epifanías, pero su esencia se ha mantenido. Nunca fue diseñada para envejecer con gracia; al contrario, ha permanecido viva y en constante renovación por más de cuatro décadas. Su mensaje de amor y unidad perdura hasta nuestros días. 

En este documental podrás encontrar más información.