Definitivamente no será la última vez que suceda, y ciertamente no es la primera. Mötley Crüe anunció su regreso a los escenarios tras apenas cuatro años de ausencia. La diferencia radica en todo caso en las formas, lo que no es poco común en el mundo del rock, sobre todo, cuando se trata de bandas estadounidenses o que, por lo menos, han establecido sus carreras desde suelo norteamericano. Su industria, su forma de venderle a la gente la idea de lo que debe ser un rockstar, sus presiones… su famoso American Way of Life. Todo eso influye para que esta banda regrese. Eso y claro, el rumoreado contrato por 150 millones de dólares que habría ofrecido por Live Nation para que esto suceda.

¿Tiene algo de malo? Bueno, malo sería que un presidente intentara cambiar la constitución para reelegirse. Malo es que exista una institución como la Iglesia Católica que protegió, protege y, aparentemente, protegerá por tiempo indefinido a pederastas. Malo es que existan aún quienes en el mundo mueren por falta de alimento o de acceso a la salud. Esto sólo es un negocio, el del entretenimiento, y aunque en su nombre se derraman litros y litros de tinta, podemos siempre recurrir a dos frases clásicas del entorno, una en inglés y otra en español: “I know it’s only rock and roll but I like it”, como decían los Rolling Stones, y aquella de Miguel Ríos que reza: “el rock no tiene la culpa de su reputación”.

Ahora bien, con el advenimiento de las redes sociales y la democratización de la agresión, la pedantería, la soberbia y la ignorancia, muchos han sido quienes han criticado a bandas como Ozzy Osbourne (sí, es una banda y así se llama, más allá de que sea un nombre propio), Kiss, Scorpions y Judas Priest por haber anunciado giras de despedida, que simplemente no acaban. En ocasiones, como en el caso Judas Priest, la necedad y el mal entendimiento del inglés provocan confusiones, y en los otros tres, ellos mismos se echaron la soga al cuello. En ese sentido va un poco el problema: la gente cree tener el derecho de decidir cuando alguien debe retirarse, y como todo mundo tiene acceso a las redes sociales, se apoderan de ellas con insultos, conjeturas, ideas, teorías de la conspiración y todo tipo de descabellos. Sin embargo, en esos casos hubo y hay manera de entender las decisiones. Ninguna de esas bandas llegó tan lejos como redactar y firmar un contrato de cese de conciertos en vivo. Mötley Crüe, en cambio, sí.

:Lo suyo es celebrado. Se dice, y probablemente sin que sea mentira, que existe una ¿legión? de nuevo fanáticos que no merece vivir en un mundo sin Mötley Crüe. Que a raíz de la película semi biográfica “The Dirt”, esas ¿hordas? de fanáticos están ansiosos por ver en un escenario a la pandilla de inadaptados que durante los 80 y 90 perpetuó los cliches y dramas que suelen envolver al rock duro. Al final del día, hay más gente enterada de la vida de Nikki Sixx, Mick Mars, Vince Neil y Tommy Lee por situaciones debajo del escenario, que por su música. Accidentes que costaron vidas (Vince), una endulzada historia de adicción (Sixx), encarcelamientos por violencia contra una mujer (Lee), excesos y fanfarronadas son más parte del “legado” de la banda, que su música.

Ahora bien, si se deja de lado el análisis serio, porque se trata meramente de una banda de rock y no de un personaje capaz de cambiar el destino de la humanidad, entonces no pasa nada. Harán su gira de regreso, se confirmarán o denegarán los rumores que los colocan con Poison y Def Leppard, por ejemplo, se comenzará a leer su nombre en carteles falsos del Domination, por ejemplo y seguramente grabarán algún disco que podría regresarlos a un buen estatus de ventas. Como sea, el regreso de la banda a los escenarios significará una magnificación de sus múltiples contradicciones (por ejemplo, atacar verbalmente a bandas como Kiss y The Who por no retirarse), agredir verbalmente a medio mundo en el entorno del Hard Rock y Metal, como Kiss, Steel Panther, Sebastian Bach, Godsmack, Sharon y Ozzy Osbourne, Iron Maiden y un larguísimo etcétera de bandas con las que el cuarteto ha peleado y quizá, en algún momento, algo de música medianamente decente. Al final del día la noticia no es mala, porque en el mundo del entretenimiento siempre cabe una banda como esta; lo malo en todo caso es que significa también el retorno de una de las bandas más boconas del mundo, algo así como recibir de vuelta al payasito que no hace reír a nadie, pero se aferra en llevar a cabo su acto. Veremos cuánto dura la fiesta antes de que aparezca el mala copa que le echa a perder la diversión a los demás.