Desde la primera escucha de Mirla, el debut como solista de Simón Mejía, la parte masculina del binomio conocido como Bomba Estéreo, no es difícil sentir que se está recreando la fascinación de famosos naturalistas de la talla de Alexander Von Humbolt (1769-1859), Charles Darwin (1809-1882) y Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829); remontarse al momento en que llegaban a un nuevo paraje y se imbuían de la exuberancia de la flora y fauna.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Y es que más allá de la formación y el espíritu científico de aquellos exploradores, en general existía en la gente una forma muy distinta de observar, además de la capacidad para sorprenderse con lo que la naturaleza mostraba –más aún en tierras ignotas-. Pero ante todo, sobresalía ese deseo y voluntad de mirar y apreciar con atención; algo que en nuestros días se está extinguiendo.

¿Qué música habrían compuesto esos naturalistas de haber sabido composición? ¿Habrán llevado a algún músico entre sus acompañantes? ¿Se habrán dado cuenta de que de esos parajes brotaba también música en estado primigenio? Estas preguntas brotan mientras transcurren los segundos que conforman Mirla, hasta completar 32 minutos.

Pero Simón no debió moverse hasta una isla desierta ni alejarse de su espacio doméstico; él se ha preocupado por concentrar todos sus sentidos durante sus recorridos, que van del plano personal a los trayectos de gira con su banda. Esa fascinación por la naturaleza es algo con lo que alimenta cuerpo y alma, tal como él mismo lo cuenta: “Por muchos años he estado planeando hacer un álbum propio. Conseguí un muy buen micrófono, uno pequeño que se pudiera adaptar a mi teléfono, y cada vez que viajaba por Colombia, a la jungla del Amazonas o a lo largo del Río Magdalena, comenzaba a grabar”.

Con el tiempo fue acumulando un archivo de grabaciones de campo que sería el basamento para trabajar este proyecto que partió de un minucioso proceso de clasificación y depuración en función de la posibilidad de incorporarlos a las piezas. Aunque el binomio naturaleza y arte no es nuevo en el trabajo de Simón, quien cuenta con algunos antecedentes muy explícitos como “Pájaros”, procedente de Elegancia Tropical (2012), “Raíz”, incluida en Amanecer (2015) y el hecho que la melodía de “To My Love” la tomara del canto de un pájaro procedente de la costa del Caribe colombiano, región en la que reside por temporadas.

Cuando sería una rareza en la vida de una persona establecer tal cercanía con las aves, para este músico es algo habitual; de hecho, Mirla, que da nombre al álbum, surgió de un contacto que sostuvo Simón por días con un visitante muy particular: “Cada día se acercaba el mismo pájaro a mi terraza y, esto sonará loco, yo podía sentir que me estaba viendo grabarlo, lo que resultaba en que cantara aún mejor”.

Se trata de una pieza downtempo que lo acerca a lo que hacen Nicola Cruz, El Búho y Chancha Vía Circuito, entre otros proyectos similares. Los instrumentos de cuerdas marcan la línea sobre la que se vuelca el arsenal de programaciones y sonidos registrados en campo; el efecto es similar a estar en el interior de un aviario.

Se nota el gran respeto por la madre naturaleza -la Pacha Mama– y todo el misticismo que acarrea; por ello es que en “Colibrí” colocó un mantra improvisado por la cantante Natalia Helo, y que para Mejía le remite a la música llanera que se produce en la frontera entre Colombia y Venezuela.

Pero este tipo de experiencia se manifiesta desde el corte inaugural, “Kaka Hyká (Abuela Piedra)” en la que la voz es de Candil Chauta, líder de la comunidad indígena de Sesquilé, perteneciente al pueblo Muisca. El hombre canta como un tributo a las piedras, que para su pueblo: “son las abuelas de la tierra; las guardianas milenarias de la historia del planeta”. Aquí la intensidad va aumentando y casi pareciera como para un ritual de Ayahuasca, ya que su inspiración es la región andina, y esas sesiones en las que se busca inducir el trance.

Podría pensarse que Mirla sería un disco en el que lo contemplativo predominara, pero no es así; “Hábitat Sur” incrementa el beat y presume de los bajos tan densos que se reparten a lo largo de los 7 tracks que lo conforman, pero la verdadera sorpresa viene con “Jungla” -el cuarto corte-, que es muy adaptable para el dancefloor cosmopolita, aun cuando la presencia de una guitarra pone la parte melódica; no en vano José Castillo, quien se encarga de la lira en Bomba Estéreo es uno de los invitados; al igual que Daniel Álvarez de Diamante Eléctrico, Ale Giuliani en la batería y Juan José Salazar en el charango.

Simón también se ha involucrado como documentalista y en el video de “Mirla” mostró parte de sus registros; muy pronto se estrenará Sonic Forest, realizado en colaboración con la organización Stand for Trees, y para el que hizo la banda sonora. Mientras tanto podemos explorar un disco en el que brotan sonidos inesperados por doquier o incluso colaboraciones vocales procesadas. En “Mar” aparece Jenny de la Torre, a quien conoció durante una conferencia sobre Medio Ambiente en la Universidad de Harvard el año pasado. A Mejía le interesó su registro vocal, que al final intervino con un efecto robótico.

El debut de Monte constituye una sorpresa vibrante; Mirla tiene gran calidad y no deja de ser aventurero en su sonido. Simón Mejía tiene muy claro el sentido de su búsqueda y de sus intenciones: “Creo que la música, el sonido, puede ser un camino para restablecer la conexión con la naturaleza, y hacer que la gente sienta que dependemos de la naturaleza, y que la naturaleza depende de nosotros”.

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