Hablamos duro y tendido con el director de El Café del Desierto.

Slab City es una localidad definida por sus habitantes como “el último lugar libre del mundo”.

Situada en el desierto de Sonora, esta población okupa se encuentra compuesta por hombres y mujeres quienes, renegando de las estructuras hegemónicas del llamado “mundo  civilizado”, huyen a este “paraíso autoconstruido” en busca de libertad y anonimato.

Consciente de la relevancia de este paradigmático lugar, el director Mikael Lypinski recientemente se dio a la tarea de explorar sus estructuras más íntimas armado únicamente con una cámara y mucha entrega.

El resultado es El Café del Desierto, documental que retrata sin filtros la cotidianeidad de una serie de individuos proscritos de la sociedad neoliberal quienes han encontrado en el desierto un motivo de vida.

En entrevista para Marvin, Lypinski comparte la serie de retos y vivencias que se desprendieron de este sensacional proyecto.

-¿Cómo fue tu primer acercamiento a Slab City?

Renté un auto. Tenía mi cámara y mi micrófono. Tenía el equipo para filmar algo y no tenía idea de que pasaría un mes ahí. Era sólo una investigación, hacer algunas entrevistas, regresar a casa y encontrar financiamiento para el proyecto. Estos personajes comenzaron a aparecer y me di cuenta de que se estaban abriendo a mí. Pensaba que esto sólo era investigación preparatoria pero pronto me di cuenta de que ya estaba haciendo la cinta. Me di cuenta de que no podía irme. Me dije: “estás solo, buena suerte, sigue filmando”. Cuando vas por primera vez es un poco aterrador. Son personas fuertes, con opiniones duras. Pensé que no querrían abrirse, ya que su idea es “escapar” del mundo. Traté de ser muy honesto con mis intenciones. Nunca traté de darle una interpretación específica. Simplemente los escuché.

-¿Consideras que la presencia de la cámara pudo predisponer el comportamiento de los personajes?

Los americanos tienen una habilidad para ser honestos frente a la cámara. No se intimidan. En Europa es muy diferente. Es una gran diferencia cultural. Han crecido en una sociedad en la que pueden hablar de forma mediática. Eso ayudó. Algunos de los personajes predispusieron su actitud de forma inconsciente, especialmente los más jóvenes. Pero la mayoría del tiempo eran cosas naturales. Traté de hacerme invisible con la cámara. A veces yo me iba y dejaba la cámara grabando. Quería tener el mayor nivel de veracidad.

-¿Crees que el testimonio de estos personajes puede cambiar la mentalidad de los espectadores?

Sería genial si ocurriera. Cuando los grababa pensaba en mí todo el tiempo. La primera semana pensé: “amo este lugar, amo la libertad, quiero vivir aquí, es un paraíso”. La semana siguiente mi opinión cambió. Me di cuenta de que no son tan libres. Son personas que tratan de vivir su vida de la forma más independientemente posible. Ser creativos. Tener buenas vidas. Algunos fallan. Algunos se vuelven drogadictos o no soportan el calor. Otros han encontrado un significado al vivir ahí. Admiro eso. Muchos han tenido dificultades, han pasado por experiencias muy duras, pero han sido capaces de empezar desde cero. Después de conocer a estas personas me sentí mucho más abierto. Pensé en mis dificultades en comparación con las de ellos y me di cuenta de que soy muy afortunado. Me sentí muy inspirado por ellos.

-Tienes una carrera muy notoria en el mundo de los comerciales. Sin embargo, este trabajo parece bastante “anticapitalista”.

(Risas). Así es. Es muy divertido entrar al mundo profesional de los comerciales. Trabajas con equipos profesionales para hacer proyectos interesantes. Practicas tus habilidades. Narras historias en 30 o 60 segundos. Es un bello reto creativo pero, al mismo tiempo, sólo es un comercial. Le pertenece a la compañía. Si no tienes problemas con este concepto es un excelente trabajo pero, después de años de hacer lo mismo, quería intentar algo diferente. En la escuela de cine los documentales eran muy importantes para mí. Hice varios cortos. Me di cuenta de que quería volver a eso. Hay algo muy fresco acerca de los documentales. Acerca del enfoque. Puedes ser muy inocente: grabar el momento humano. Es algo muy estimulante. Te adentras a lo desconocido y puedes o no lograrlo. En los comerciales todo es seguro. En los documentales no hay nada seguro. Las personas que aparecen en la cinta son muy pobres. Tienen sólo lo básico. No son agresivamente anticapitalistas, simplemente están felices de vivir en una burbuja en la que el dinero no importa. La visión “anticapitalista” del documental es una consecuencia del estilo de vida de los personajes.

-En tu documental propones una aproximación fílmica bastante etnográfica. ¿Hay algún mentor quien te haya inspirado en dicho aspecto?

Gianfranco Rosi (Fire at Sea) es una gran inspiración. Él tiene un acercamiento muy personal. Filma sin ninguna interferencia. Simplemente es un observador constante. En lo personal me gusta entrevistar para obtener conocimiento de los personajes. Pero también me gusta pasar tiempo observando, siendo paciente.

-¿Qué es lo más oscuro y lo más brillante de los personajes de Desert Coffee?

Creo que lo que sucede con estas personas es que están felices haciendo cosas sencillas. Estar con sus perros, alimentarlos; hablar con amigos. Son procesos cotidianos muy simples. Pueden pasar tiempo hablando entre sí en una forma muy profunda. A veces no hay distracciones, ni presiones. Muchos de ellos han tenido dificultades en sus vidas y, sin embargo, son capaces de sonreír, de ser creativos, de hacer música, poesía, cantar, bailar. Creo que eso es genial. No tienen mucho, pero tienen sus pasiones y talentos. Es algo muy bello de ver. Son capaces de mantener su inocencia y no volverse cínicos. Algo que es sorprendente considerando el tipo de vida que han llevado. Eso es lo brillante. El lado oscuro es que a veces estallan. Si algo los molesta, explotan. Atestigüé mucha agresividad que quizás era innecesaria. Me pregunté qué era más cercano a la verdad: ¿lo brillante o lo oscuro? La cinta no muestra muchos aspectos violentos que ocurrieron exactamente cuando me fui. Una chica de la localidad fue asesinada por su novio. Tuvieron una discusión y él le dio un balazo. Mientras yo me iba de Slab City pude ver las patrullas entrando. Hay algo peligroso en el aire de la ciudad. También tenemos todo el aspecto de la drogadicción. Hay algunos adictos a la metanfetamina que tienen un aspecto terrible. Hay gente quien va a Slab City a morir. Si no tienes control de ti mismo puede convertirse en un infierno. Sin embargo, decidí no hacer hincapié en este lado oscuro porque a veces es la elección más gratuita: mostrar el rostro sórdido de los grupos humanos.

Imagen: IMDB.

Imagen de portada: IMDB