Stefano Petrocchi es una especie de guardián de la democracia literaria italiana. El genio y la dedicación no garantizan, por sí solos, la consagración de una obra maestra; a menudo, el reconocimiento oportuno actúa como el catalizador necesario para elevar un libro a la categoría de clásico.
Es el caso de Umberto Eco. Hace casi medio siglo, el 9 de julio de 1981, El nombre de la rosa —la novela que consagró al filósofo italiano como narrador— se alzó con el Premio Strega. Aquella elección, que detonó un intenso debate en Italia, terminó por propulsar a Eco a la condición de clásico vivo. El galardón, a su vez, se validó como el “premio de los premios”, consolidando un estatus de éxito que perdura hasta nuestros días. Asimismo, el reconocimiento terminó por cimentar la posición de Mondadori —que lidera el palmarés con 23 victorias— como el sello que, durante décadas, más contribuiría a la configuración del canon literario italiano.
Petrocchi es una figura central de la vida literaria actual; biógrafo de Maria Bellonci y autor de novelas como La polveriera —aún inédita en español—, compagina su faceta como escritor con la secretaría del comité directivo del Premio Strega. Más allá de su prestigio, el galardón —financiado históricamente por la familia Bellonci y la empresa de licores Strega Alberti— constituye un fenómeno cultural único. El ganador no solo recibe un reconocimiento simbólico, sino una dotación económica que, junto con el sello del premio, garantiza un impacto comercial inmediato. La elección del vencedor recae en un cuerpo electoral de 800 jurados —los famosos “Amigos del Domingo”—, cuya diversidad y amplitud geográfica aseguran una representación plural de la voz literaria italiana. Antes de su conversación con Marvin, el primer jueves de julio, Petrocchi presentó en México —por primera vez fuera de la península— a Michele Mari, Elena Rui y Matteo Nucci, tres de los finalistas de la presente edición. El desenlace del 80.º aniversario del galardón se anunciará este 8 de julio de 2026, durante la ceremonia de clausura en la Piazza del Campidoglio, en Roma.

El Strega no es únicamente una distinción literaria; es un archivo vivo que, desde la posguerra, traza la cartografía de la identidad italiana. Para Petrocchi, el galardón trasciende la lógica comercial para convertirse en un termómetro de la vitalidad pública de su país. En un mundo donde la literatura a menudo se somete a la inmediatez de los algoritmos, el Strega se erige como una anomalía democrática.
Pregunta: El Premio Strega es la distinción más prestigiosa de Italia, pero su percepción fuera de sus fronteras es particular: funciona como un sello de calidad para el mercado editorial internacional. ¿Cómo garantizan que la elección final sea un reflejo de la literatura viva y no solo una decisión de la industria?
Stefano Petrocchi: El Premio Strega es, sin duda, percibido internacionalmente como un sello de garantía. Al igual que el Goncourt o el Booker Prize, los finalistas del Strega son traducidos cada año, consolidándose como referentes globales. ¿Cómo garantizamos esa calidad? Consideramos que nuestra mecánica es la clave: involucra a 800 jurados —de los cuales 200 residen en el extranjero—. Al tratarse de un cuerpo electoral tan vasto, diverso y distribuido, resulta difícil sostener la idea de que el galardón responda a acuerdos preestablecidos entre grandes grupos. La heterogeneidad de este jurado blinda la integridad del proceso.
Pregunta: ¿Por qué México? ¿Es una estrategia de diplomacia cultural o detectaron una afinidad electiva entre el lector mexicano y la actual producción italiana?
Stefano Petrocchi: La literatura mexicana atraviesa un momento de gran esplendor en Italia. Autoras como Valeria Luiselli y Cristina Rivera Garza gozan hoy de un notable éxito entre nuestros lectores. En este contexto, hemos decidido presentar a los finalistas del Strega como un preludio a la participación de Italia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Este evento funcionará como un anticipo de nuestra presencia en la FIL, donde contaremos con una amplia representación de escritores italianos dispuestos a dialogar con el público mexicano.
Pregunta: Históricamente, la tradición mexicana está volcada hacia el realismo mágico, la crónica o el trauma político. ¿Dónde cree que el alma de la literatura italiana premiada en el Strega conversa mejor con nuestra realidad actual?
Stefano Petrocchi: Los grandes autores del realismo mágico han ejercido una influencia notable en Italia. Un ejemplo claro es El dolor perfecto (2004), cuya trama integra elementos del realismo mágico dentro de una narrativa de corte histórico. Esta atención al pasado es, precisamente, una de las características distintivas de la literatura italiana. La complejidad de un país que durante siglos enfrentó dificultades para consolidar su unidad —marcado por una tradición de invasiones— explica que sus novelas busquen, con frecuencia, reafirmar la identidad nacional.
Pregunta: Si el Premio Strega desapareciera mañana, ¿cuál sería el vacío irremplazable que dejaría en la literatura mundial?
Stefano Petrocchi: Si el Strega desapareciera, el legado de los libros premiados en sus 80 años de historia permanecería intacto; representan lo mejor de nuestra producción desde la posguerra. Es evidente que, aun sin el premio, seguirían surgiendo obras que encontrarían otras vías para darse a conocer. La función principal del Strega es servir de plataforma, pero la buena literatura, por naturaleza, siempre hallará el modo de alcanzar a su público. Sin embargo, lo que realmente se perdería es una institución que forma parte de los ganglios vitales de Italia. El premio no solo genera entusiasmo por un autor; es su mecanismo democrático el que logra encender la pasión de los lectores. Si bien este proceso conlleva polémicas anuales, estas no son más que un síntoma saludable de la vida pública y del debate cultural de un país que vive la literatura con intensidad








