Tarde-noche de rock progresivo. El Mex Prog 2026 ha convocado a algunos aferrados, necios y muy fieles seguidores del género que han respondido al llamado de los mexicanos Artefactron y los italianos La Maschera di Cera e Il Castello di Atlante.
El énfasis, por supuesto, se ha puesto en las legendarias agrupaciones italianas, pero cuando Artefactron sube al escenario el lugar se encuentra lleno ya. El quinteto mexicano se presenta con aplomo, despliega algunos de los temas de su, hasta hoy, único álbum. Las olas de sinfonismo envuelven a los presentes de inmediato, a pesar de que el sonido no es el mejor.



Desde el principio Axel Margalli batallará con hacer escuchar su guitarra, pero la agrupación no se arredra ante el contratiempo. Eduardo García y Héctor Aveleyra se intercalan los teclados y conjuntamente crean hermosos pasajes con destellos sinfónicos, pero sin caer en lo rimbombante. Al Zen al bajo se escucha solvente y su voz, en directo, gana en carácter y personalidad; al intercalarse las partes vocales con Aveleyra y Margalli, especialmente en “Hijo pródigo”, la contundencia es mayor. La batería de Camilo Gallardo, quien no grabó en ese primer disco, pero sí lo ha hecho en la segunda producción de la banda, próxima a aparecer, se complementa con Zen y dan el perfecto soporte al todo.
La Maschera di Cera, Fabio Zuffanti (bajo), Alessandro Corvaglia (voz, teclado), Martin Frederick Grice (sax, flauta), Andrea Orlando (batería) y Agostino Macor (teclados), visita por primera vez el país y lo hace para celebrar 25 años de trayectoria profesional.

Su set se encuentra marcado por una mayor potencia en el audio, música más energética, potentes riffs y momentos muy contagiosos, pero sin echar mano del pop. Las canciones, en italiano por su puesto, ponen a los asistentes en un estado de frenesí —aunque quien esto escribe no sabe si la lengua de Dante es el motivo o hay una razón extra que no logra percibir.

La flauta y el sax de Grice imprimen otros colores a la música; Zuffanti, llegado el momento, le quita peso como frontman a Corvaglia quien tal vez no tenga una gran voz y batalle en los registros muy altos, pero sabe cómo dirigirse al público, aunque no creo que la mayoría hayamos entendido cabalmente todo lo que dijo.

Il Castello di Atlante también llega por vez primera a México y su presentación ha generado expectativa. Desafortunadamente para quien esto escribe, solo pude presenciar cuatro canciones de las interpretadas por Aldo Bergamini (violín), Andrea Bertino (guitarra), Davide Cristofoli (teclados), Dino Fiore (bajo), Mattia Garimanno (batería) y Paolo Ferrarotti (voz, teclados).

El comienzo fue vigoroso, dinámico; Bertino comandado al frente, con una voz melodiosa e intercalando frases con el violín de Bergamini, una sólida base rítmica y la combinación de teclados de Ferraroti y Cristofoli. Es un sonido en donde los instantes finos también tienen cabida y redondean el show de Il Castello.

Fue un cierre idóneo para una tarde noche perlada de sonidos sinfónicos, progresivos, rock y tintes de fusión. Tres grupos de características distintas, instrumentaciones diferentes, y que, en el caso de los italianos, han encontrado la forma de sobrevivir a los embates, tanto del tiempo como de otras corrientes sonoras de moda.
¿Ganador? La música, el público. En un concierto como este, diría Miguel Ríos, no hay ganador porque no es una carrera de caballos.

*También te puede interesar: Tom Morello: “¿Trump es 51% fascista y 49% payaso?”






