Metallica es una de las bandas de rock más representativas e importantes a nivel mundial, aunque esto no sea sinónimo de lealtad al sonido al cual le apostó en sus inicios, justo el sello sonoro que hizo que millones de personas se sintieran abrazadas por el cuarteto y que hoy, con el anuncio de The Metallica blacklist, comienzan a amargarse.

TXT:: Lizbeth Gómora

El 22 de junio de este año la banda comandada por James Hetfield comunicó el próximo lanzamiento de The Metallica blacklist, un trabajo en el cual 53 artistas de distintos géneros musicales se dieron a la tarea de hacer un cover de alguna de las 12 canciones contenidas en The black album, un disco que este 2021 cumple tres décadas de vida. Las nuevas versiones cuentan con el estilo y caché de cada invitado.

A simple vista esto no resulta extraño, molesto ni mucho menos novedoso, pues si algo le encanta a la industria musical, desde tiempos inmemoriales, es la compilación de “grandes éxitos”, y encima covereados. El fósforo que encendió la mecha fueron los nombres que se sumaron a la edición especial del famoso disco negro: Mon Laferte, Juanes, Ha*Ash, José Madero y J. Balvin.

Sí, en el homenaje también hay bandas como The Warning, OFF! o IDLES, quienes van a tono con lo que Metallica fue hace varios años, pero apenas éstas se nombraron en un video promocional, fueron echadas a segundo plano ante la noticia de que el de “Ginza” se apropiaría “Wherever I may roam”. Las presencias del pop y reguetón fueron el centro de atención; el mame que prevalece hasta hoy y que, seguro, será parte de amargas anécdotas por algunos años.

Un nuevo resbalón, pero intencional

No es ajeno para los amantes del rock que Metallica ha hecho jugadas poco o nada dignas para su público, una audiencia fiel, que ha defendido a Hetfield y sus colegas  pese a sus puntadas. Precisamente una de ellas fue el disco que marcó la entrada del grupo a la cultura mainstream: The black album, producido por Rob Rock. Una obra que abrió puertas hacia nuevos mercados, aunque el thrash, los riffs veloces y la rebeldía, se apaciguaron.

No es casualidad que con la entrada de Rob los de Los Ángeles hayan adquirido un sonido más sencillo de digerir: su trabajo con bandas como Mötley Crüe, Bon Jovi y The Cult dice mucho del perfil trazado en el disco que hoy está por cumplir 30 años, así como de su impacto y comercialización. A partir de éste, Metallica cambiaría de camino: el protagonismo en MTV no se haría esperar y el interés por crear música para las masas se cristalizaría; un objetivo que ahora parece ser el fin de todo su andar (basta ver la “lista negra” acompañada del anuncio de un glamoroso box set de Black album, con viniles y CD’s a precio “banda”).

¿Qué músico no quiere ser retribuido por su talento? Es lo justo cuando le has dedicado tiempo y dinero al oficio, cuando has dejado de lado mucho con tal de grabar un disco que llegue a las plataformas digitales. Pero de eso a coquetear con el reguetón y el pop suavecito, cuando tu sonido emanaba del mismísimo infierno, hay una gran diferencia. Usuarios de redes sociales han dicho, en repetidas ocasiones, que este disco tributo es una mera estrategia de marketing, que analizarlo bajo otra perspectiva resultaría una pérdida de tiempo.

Y quizá tengan razón. Lo cual tampoco está mal si se concibe la obra desde un punto de vista comercial. El desencanto viene cuando el producto se te quiere vender como una novedad musical, como una manera de refrescar aquellos 12 populares temas bajo la inocente idea de dotarlos de un nuevo sonido, sin decir abiertamente que se trata de una astuta forma de mantener vigente al cuarteto dentro de una industria que ha priorizado los aspectos cuantitativos por encima de los cualitativos.

No olvidemos que, por ejemplo, Mon Laferte y Juanes empezaron su andar musical en los senderos del rock y el metal; tampoco que Metallica fue y sigue siendo una de sus mayores influencias musicales. Pero algo que causa curiosidad es el común denominador que prevalece entre estos dos intérpretes, además de J. Balvin, José Madero y los californianos: la obra de todos ellos pertenece al sello discográfico Universal Music. Vaya coincidencia.

Metallica, al servicio de la comunidad disquera, pero no de su público

El lanzamiento de The Metallica blacklist es, a todas luces, una estrategia redonda de mercadotecnia y promoción no sólo para celebrar el aniversario de la ya mencionada pieza discográfica, sino también para generarle alharaca a una gira europea programada para 2022. Válido todo esto, la industria musical es, a fin de cuentas, un gran negocio que debe alimentarse con todo aquello que genere lana. Pero, ¿a costa de qué? ¿Del público de Metallica que se ha mantenido fiel, que ha sacado la casta incluso en situaciones indefendibles?

Para los rockeros de hueso colorado, y específicamente aquellos que han encontrado consuelo y refugio en las rolas de Metallica, incluir en el álbum tributo un cover interpretado por el Príncipe del Reguetón es una tomada de pelo, una broma que no resulta graciosa por donde se le vea, una maniobra desesperada por sostener cierta vigencia ante nuevas generaciones. Y vaya, es verdadero que deponer las armas ante aquellos que mueven los hilos no es algo propio de los metallicos; aunque en la cultura pop ha habido excepciones.

En su libro Cultura mainstream, el sociólogo, escritor y periodista francés Frédéric Martel describe cómo David Geffen, fundador de Geffen Records, llevó a la cima a Nirvana a inicios de los años 90 al transformar a Kurt Cobain en en el portavoz de toda una generación. Nervemind pasó de vender las 200 mil copias que se tenían previstas a despachar más de 10 millones. Lo anterior, aunado a una constante aparición en MTV, propició que el nacido en Aberdeen, Washington, y miembro de El Club de los 27, se transformara en una estrella con presencia global.

En este momento, Geffen ya había logrado su cometido: hacer de Kurt Cobain un miembro más del sistema de masas, pero con su identidad, autenticidad y sonido intactos. En cambio, ¿qué ha sucedido con Metallica? En The Metallica blacklist el rock queda sepultado por el ansia inagotable de ser parte de la tendencia, el pan nuestro de cada día. Parafraseando al propio James Hetfield: con tal de mantenerse en boca de todos, “Nothing else matters”.