Recientemente se revivió un antiguo mito del foundfootage subterráneo: Megan is Missing, cinta que en 2011 ya prevenía de las violencias y peligros del mundo virtual.

Recientemente se ha extendido una cuestión con respecto al clásico de culto ‘Megan is Missing’. La cuestión es simple pero apremiante: ¿se trata, realmente, de una cinta traumatizante y tremendamente densa? La respuesta es, innegablemente, afirmativa, sin embargo, vale la pena destacar que este logro no se debe a los métodos convencionales en los que acostumbra apoyarse el género del horror.

Megan is Missing es, ante todo, una cinta dramática. Más de la mitad de la cinta se trata de un simulacro de verdad documental el cual pretende sumergirnos en la mentalidad de nuestro par de protagonistas; mismo ejercicio que, por supuesto, ofrece una reflexión con respecto a los peligros consustanciales a los que se enfrentaban desde hace varios años los adolescentes de esta ya moribunda década. Aunque, por supuesto, esta lectura no se encuentra libre de cierta exageración moralina.

Es a partir de la cuarta parte de su narración que la cinta se sumerge en picada en un submundo lleno del sadismo más desolador. Sin embargo, incluso en estos momentos de absoluto horror la cinta se mantiene férrea a su perspectiva documental, misma situación que reviste de una segunda normalidad a las secuencias tan horriblemente depravadas que tienen lugar.

Por ejemplo, existe una toma en particular -aquellos que ya la hayan visto sabrán cuál- que sólo tiene cuando mucho dos segundos de duración. Sin embargo, el impacto tan orgánico que produce en el espectador eclipsa la hora y media de duración del relato.

Al mismo tiempo, podemos destacar que el desenlace de la cinta se trata de un auténtico ejemplo de vanguardismo fílmico el cual deja en claro la atmósfera tan horrendamente sugestiva que un plano fijo minimalista y de larga duración es capaz de generar sobre el espectador. Misma situación que nos obliga a participar de manera sensorial e intimista en el terror tan desesperante de esta secuencia final.

Megan is Missing es uno de los grandes exponente con respecto al simulacro de realidad que el foundfootage es capaz de conjurar; mismo ejercicio que, llevado al horror más verosímil, logra crear sensaciones genuinamente escabrosas.

En caso de que te haya gustado esta cinta, vale la pena que le ches un ojo a The Poughkeppsie Tapes, cinta de 2007 que también reviste de una perspectiva sumamente tremendista y escabrosa a los regímenes visuales propuestos por el metraje encontrado.


En conclusión podemos decir que Megan is Missing es una cinta verdaderamente turbadora; sin embargo, su discurso no causa un miedo ajeno y fantástico, sino una repulsión completamente inmediata y palpable. Se trata de una cinta que te dejará pensando, pero no por los motivos que tú crees.