Con una larga carrera con Los Fabulosos Cadillacs (encargado de los teclados) y otros proyectos propios, Mario Siperman decidió que era hora de dejarse llevar por el influjo del compositor y escritor canadiense, y llevar hasta su terreno y en español canciones de Leonard Cohen, una verdadera leyenda en la historia del rock.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo y Jaime Acosta

Hay tanto de que conversar acerca de un músico que tenía un gran halo místico, admirador de García Lorca y que aprendiera a tocar la guitarra española a través de un gitano que se topó de joven en un parque de Montreal, que no hay porqué demorarse.

En tu banda y en el ambiente musical en el que te mueves, pues no todos los colegas son de tu misma edad. De entrada, me gustaría preguntarte, ¿consideras que el mensaje que transmitía Leonard Cohen a través de sus canciones sigue vigente? ¿crees que lo asimilan las nuevas generaciones?

Una de las cosas que más me interesó del repertorio de Leonard Cohen es justamente que empezó de muy joven escribiendo. Comenzó a hacer música tiempo después, pero sus primeros libros son de la década del 50 y siguió hasta el 2015, cuando falleció estando aún en gira. Seguía componiendo y escribiendo hasta el último aliento.

La verdad es que su temática abarca temas universales, como el amor, le pérdida; abarca un montón de asuntos que tienen que ver con muchas generaciones; fue reflejando preocupaciones relacionadas con los cambios gigantes en la humanidad… la guerra, la violencia, el futuro, etc.

A mí me gusta bastante la historia. Entonces me gusta relacionar cada periodo estético de Leonard Cohen con lo que sucedía en el mundo. Sus canciones a lo largo del tiempo son casi como un libro de historia, pero uno en el que hay que entrar a su poesía para entender de qué está hablando.

Si lo sigues con atención empiezas a encontrar a qué etapa de su vida personal pertenece y su relación con el resto de los seres humanos. A Gustavo Roca – con quien hago el proyecto, y a mí, nos interesó mucho que su música pueda tocar la sensibilidad de distintas generaciones y calar hondo.

Incluso me pasó muchas veces que cierta gente no conocía de Leonard Cohen más que “Aleluya”, porque sale Shrek. Ahí te puedes dar cuenta que la gente de Dreamworks, que son los productores, no son ningunos tontos y colocaron una canción que puede conectar con gente de la época de cuando se escribió y también con las generaciones nuevas. Leonard Cohen sigue completamente vigente.

Al momento, del proyecto El poeta canciones en español ya se encuentra el Volumen 1 que contiene 10 canciones, pero ya se han grabado casi 35 recreaciones, por lo que Mario nos cuenta que a lo largo de 2022 van a salir más discos hasta completar quizá 4 entregas de una iniciativa completamente independiente y de la que le haría mucha ilusión que se editará en vinilo.

Recién apareció un documental en Netflix que sigue sobre la ruta que explota más la imagen de Leonard Cohen como un gran seductor… que bueno, lo fue, incluso ya con avanzada edad. Sin embargo, hay una parte muy importante de su obra que radica en la espiritualidad. Y quizá haya menos gente que sepa que incluso estudió para Monje Zen en un monasterio en California. Desde tu punto de vista, ¿consideras que la espiritualidad es relevante en la obra de Leonard Cohen?

Sí, muchísimo. Su espiritualidad viene desde la cuna, porque su papá era rabino en Canadá. O sea, procede de una familia muy religiosa y también es interesante ver como a través de los años siempre mantiene una gran identidad con la cultura hebrea y con todo lo que le viene de herencia, pero también, como buen personaje de los años 60 y 70, supo romper con eso y buscar una espiritualidad mucho más amplia y alejándose del judaismo, como una institución muy dogmática y armada bajo parámetros muy estancos.

Estuvo varios años en un monasterio budista en California, donde no tuvo contacto con el mundo exterior. Era un tipo que todas las cosas que encaraba le llevaban mucho tiempo e intelectualización.

En una ocasión Bob Dylan le dice: esta canción la hice en 15 minutos; y Leonard Cohen le responde, pues para ésta mía tardé ocho meses. Era muy detallista y siempre en busca de la palabra exacta.

Lo que más nos gusta a Gustavo Roca y a mí de Leonard Cohen es que tanto la música como la poesía -las letras están- puestas en el mismo nivel de importancia. Notamos que en la música pop y en el rock en general el mensaje escrito está en un segundo plano con respecto a la música

Leonard fue alguien que comienza más bien pegado al folk, con un sonido de guitarra acústica, y posteriormente termina siendo producido por Phil Spector, agregando caja de ritmo. Es decir, su parámetro estético fue amplio. Y también en el disco ustedes convocaron no solo a cantantes que fueran cercanos al rock (como Leo García y Nito Mestre), hay gente que viene del folk, del jazz. ¿Cómo fue que enfrentaron técnicamente la adaptación?

En general, el proceso que teníamos era el de ir escuchando discos para redescubrir alguna canción que nos gustase mucho, porque no solo grabamos los temas más conocidos o los hits, sino también incorporamos canciones que nos parecían muy lindas.

En la medida que las íbamos grabando, tratamos de hacer un ejercicio de imaginación para saber quién era la persona perfecta para esa canción, a partir de la temática, el timbre de voz o por el ritmo.

Una vez que fantaseábamos con la persona idónea nos conectamos con ella. Muchas veces eran músicos que no conocíamos personalmente, pero los invitamos vía Facebook o Instagram; a veces a través de un amigo en común. La manera de iniciar el diálogo era una simple pregunta: ¿te gusta la música de Leonard Cohen? Si nos contestaban afirmativamente, hacíamos la propuesta.

Vos sabés que en Argentina no es un artista demasiado conocido. Sucedía que nos imaginábamos a un cantante específico y resultaba que no conocía la obra. A veces le mandábamos el link de algún disco para que lo escuchara. Eso nos tiene contentos, porque hemos creado nuevos adeptos.

Por ahí se dice que traducir, pues es más bien recrear. Incluso existe el famoso lema de “traductor, traidor”, un poco así, ¿cómo fue la parte de cuidar las letras, de encargarse de la de la traducción al español?

La verdad es que fue complicado, porque no solo hay que mantener el sentido, sino que hay que tratar de conservar la musicalidad. Intentar en lo posible que se mantengan la cantidad de sílabas por estrofa, por verso, mejor dicho, para que uno pueda cantarlo.

A veces la acentuación del español es muy distinta del inglés. Entonces, hay algunas licencias que nos tomamos, siempre tratando de tener el mayor respeto por la original.

En la medida que fuimos avanzando con el proyecto más nos fuimos informando más, leyendo libros y reportajes. Al final de lo que se trata es de mantener el mensaje lo más fiel posible, para hacer algo que pueda ser cantado en español con musicalidad.

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