TXT :: Alfredo Padilla

En entrevista, Laureana Toledo puntualiza sobre el documental que prepara con el Dr. Lakra, de su proyecto con Mick Jones el guitarrista, voz y co-fundador de la banda The Clash y de Mexipunx, exposición fotográfica de Rubén Ortiz Torres que curó para el Centro Fotográfico Álvarez Bravo en Oaxaca. La obra Mexipunx, sobre los orígenes del punk en México, estará expuesta hasta el 23 de septiembre en Páramo Galería de Arte de Guadalajara, como parte de las actividades del Doña Pancha Fest.

Laureana Toledo (Ixtepec, Oaxaca, 1970) es una artista visual autodidacta, cuyo trabajo en la fotografía explora las relaciones entre diversos lenguajes a partir de la asimilación y apropiación de la música y la cultura popular. La obra de Laureana Toledo busca el grito y no sólo el susurro estilístico, al puro estilo punk, un trabajo que sirve para rebatir actitudes sociales que han sido perpetuadas a través de la deliberada ignorancia de la naturaleza humana. Hay una elegante semejanza entre la fotografía de Laureana Toledo y el movimiento punk, en las perspectivas y comportamientos únicos, y la propia, natural y genética predisposición artística hacia la singularidad.

“… mis fotos no eran resultado del voyeurismo antropológico de un fisgón, sino, tal vez, el efecto resultado de un auténtico exhibicionismo”, dice Rubén Ortiz Torres acerca de “Mexipunx”, exposición que tú curaste para el Centro Fotográfico Álvarez Bravo y que ahora se exhibe en Guadalajara. Laureana, ¿crees que la obra de Rubén produzca una autorepresentación de la subcultura punk de la Ciudad de México de los años 80 y 90, sin dejar de ser un documento histórico?

Hace un par de años, mientras grabábamos entrevistas para el documental que estamos haciendo Dr. Lakra y yo, fuimos a California a entrevistar a punks que viven allá, y pasamos a visitar a Rubén, que es un viejo amigo de aquellos tiempos, de cuando son todas las fotos (1984); yo sabía que él tenía mucho material de esos entonces y le pedí que me lo mostrara para ver si podíamos utilizar algo para nuestra película.

Creo que es muy importante mencionar que hay dos clases de punk en México: hay un punk que de alguna forma, estaba fotografiando Rubén, que es un punk “sureño”, en el sentido de que era un punk un poco más educado, cuyos exponentes iban a colegios de paga, que podían viajar y comprar discos; y hay otro punk que es más de barrio, un punk que viene de otra clase social y por supuesto había momentos en los que estos dos punks se encontraban.

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No sé qué tanto afán de documento tenía lo que estaba haciendo Rubén en ese entonces, más que realmente, de un juego con amigos, con la gente que estaba ahí cercana. Yo creo que algunos de los personajes que salen en las fotos no son estrictamente punks; pero digamos que había una escena en la que todas las categorías se juntaban a la hora en que alguien ponía a Bauhaus en la pista, todo el mundo salía a bailar: los punks, los jipis, en fin. Yo creo que no existía esa afición de categorizar tan tajantemente, como se podría hacer ahora, y creo que eso es lo que le da un poco de riqueza al documento que estamos viendo, en el sentido de que no se trata de un documento fotográfico estrictamente, como se le conoce a un documental, como cuando uno va a fotografiar gitanos y sólo fotografía gitanos, cuando uno va a fotografiar punks a las calles sólo fotografía punks; yo creo que aquí lo que es muy importante es el entorno de Rubén, que se refería a lo punk, pero también tenía otras referencias, las artísticas, musicales, las fotos de Las Insólitas Imágenes de Aurora o las fotos de los Simples Mortales. Entonces yo creo que en ese sentido, Rubén no estaba tratando de hacer un documento. Así como muchos de los que estábamos haciendo o empezando a hacer cosas en ese tiempo, estábamos experimentando y jugando con lo que teníamos a la mano, ese era nuestro entorno y eso a la distancia, por supuesto, que cobra otra importancia.

¿En qué se diferencia esta exposición a la de 1984, como parte de la serie “Jesús y los mutantes”, en el Consejo Mexicano de Fotografía?

La exposición de ahora y la exposición de entonces son muy distintas. Ahora tiene esta carga de mirar hacia atrás, una mirada retrovisora, quisiera decir, retrospectiva. Por supuesto que adquiere otra dimensión, hay otra forma de editar las cosas. Yo no vi esa exposición, pero puedo imaginar que con el paso del tiempo las fotografías adquieren una dimensión distinta o una perspectiva distinta a como estaban escogidas durante ese momento.

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¿Cuál es la narrativa que se entreteje en este trabajo, también fotoperiodístico?

No hay una narrativa muy fija en esta exposición y creo que tiene que ver un poco con la temática, es tutti frutti -cuando algo es tutti frutti no hay orden en las frutas, digamos, que todas tienen una jerarquía igual-. Tiene que ver con que hay personajes que se repiten, hay personajes que evidentemente son más amigos de Rubén o gente que aparece más en las fotos, como Vox o Alejandra Rosete, y creo que básicamente se trata de ver el panorama que Rubén retrató en ese momento. No hay una narrativa histórica, no hay una narración en donde se cuente una historia, más allá de lo que se está viendo en las fotos.

¿Qué me puedes decir de la fotografía “Aura” (Ciudad de México, 1990)?

Es Natasha Fuentes, en una referencia a la obra de su padre (Carlos Fuentes), del cuento “Aura” (1962), por supuesto.

Pero creo que hay historias igual de interesantes, me parecen mejores personajes los hermanos López Morán o los hermanos Quiñones o lo que sucedía en el bar Tutti Frutti. Creo que el asunto es que se habla de una generación que estaba muy curiosa en todos los sentidos, el punto en el que el punk, las artes plásticas y la música se unieron con lo que sucedía en los ochenta y los noventa en México. Fue un momento muy importante, en el que surgieron cosas. Uno de los factores era que no había un asunto de mercado tan voraz como lo hay ahora, los grupos tocaban pero no lograban firmar ningún contrato, los artistas hacíamos cosas, nunca esperábamos que una galería nos llamara, era rara la gente que tenía galería, Rubén trabajó en una y ya era grande, estaba un paso más allá. En general, todos estos retratos hablan de una época en donde las cosas se hacían de una forma muy distinta y creo que al final es lo que quisimos conservar con esta exposición: un amigo yendo a posar para otro amigo, exponías en la casa del tercer amigo, llegaba la mamá del quinto amigo y regalaba las cervezas.

En ese sentido, no hay una seriedad curatorial, todas estas exigencias que hay ahora hacia una curaduría, esto es una vez más un proyecto de las fotos de un amigo, curadas por una amiga para exponer en el Centro Fotográfico Álvarez Bravo de Oaxaca, en donde tenemos la posibilidad de exponerlo, y no solamente porque se trate de la amistad: las fotos de Rubén han demostrado ser un documento valioso; mi selección vale la pena exponerse no solamente porque se trata de un amigo. Queríamos conservar ese espíritu en el que hacíamos las cosas en ese momento, en donde los rigores eran distintos, los rigores curatoriales, los rigores técnicos, los rigores de discurso y queríamos conservar esa ligereza a la hora de trabajar, y eso es lo que yo creo que denota el asunto de ser punk ahora, hoy día; no hacer las cosas con la computadora, no hacer toda esta profesionalización de las artes, y en ese sentido, es en donde estamos siendo punks, en no profesionalizar el asunto de la exposición.

¿Qué fue lo más complicado de curar en esta exposición?

No hubo ningún problema a la hora de curar la exposición. En realidad, yo seleccioné la obra con el objeto de que esto eventualmente me sirva para mi documental. Creo que Rubén Ortiz Torres es alguien que tiene muy claro el cómo está diciendo las cosas desde entonces, tiene muy clara una estética, una visión, para la cual fue muy fácil llegar a un acuerdo sobre qué cosas funcionaban y qué cosas no. Es un material con el que fue muy rico jugar, sobre todo porque las composiciones son increíbles y yo, que soy fotógrafa, me fascina toda esta cosa que tiene que ver con la parte “analógica”, todos estos trucos analógicos de cómo se hizo el close-up de los jugadores de fútbol (“El Gol del Siglo”, 1986) con unos binoculares, de cómo hay dobles exposiciones. Fue muy rico poder jugar con la obra y la delicia de ver a todos estos personajes otra vez; hay mucha gente conocida que ya no está, hay una vinculación además, no solamente de la parte de la obra, sino también de la parte histórica.

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Háblame sobre el documental que estás haciendo sobre el punk en México.

Desde hace tres años, mi hermano y yo estamos haciendo un documental que habla de la escena punk de los ochenta y noventa en la Ciudad de México, para hablar de lo que era vivir en la Ciudad de México en ese momento, lo que era ser joven en ese momento, de ser joven y tratar de hacer cosas distintas que no fueran oír a Timbiriche y querer salir en “XE-Tú”. Esa era la versión oficial de lo que sucedía en [la cultura, según] Televisa. Hay una serie de otras cosas que sucedían al margen, como siempre ha sucedido, pero que eran increíblemente ricas, y que están aunadas y van de la mano con todo el transcurrir político de la ciudad; que venía desde el ’85; la sociedad civil desde un poco antes de los restos del ’68 y del ’71; del fraude del ’88.

Entonces se junta con ese momento en el que están, por ejemplo, las fotos de Rubén, en donde había una efervescencia de muchas cosas sucediendo en la ciudad y el interés por el punk. Mi hermano estuvo muy cercano; yo también aunque poco menos, pero estábamos ahí, cercanos a la escena. Ahí fue donde él aprendió a tatuar y yo siempre estuve muy cercana y sigo estando muy cercana a colaborar mucho con músicos; es una continuación muy natural del trabajo de ambos.

Ha sido un trabajo increíblemente enriquecedor a la hora de ver qué sucede con esa gente y dónde está todo ese espíritu, también para situarse en dónde está uno y dónde está esa rebeldía, cómo puede uno ser rebelde después de los cuarenta años. Ha sido una gran lección de cómo mantener el punk a pesar del país, a pesar de las circunstancias, a pesar de la adultez, a pesar de la vida.

¿Qué hay de tu proyecto con Mick Jones, guitarrista y co-fundador de The Clash?

El proyecto que estoy haciendo con la colección de Mick Jones se va a presentar el 24 de enero en el Museo Jumex y es una pieza que también llevo un rato haciendo, a partir de la percepción de cómo uno ve al otro por medio de clichés, como el rock mismo. Pieza que estoy haciendo con la colección de Mick: libros, discos, revistas, fanzines.