El cine es una suerte de “microscopio antropológico”. Mirar a través de sus escafandras es sumergirse en una serie de mundos inéditos, anónimos para la narrativa oficial de un sistema el cual gusta de invisibilizar todas aquellas perspectivas que le resultan inconvenientes. ‘Mano de Obra’, el largometraje debut de David Zonana, se destaca como una de las muestras autóctonas más recientes y escalofriantes con respecto a dicho fenómeno.

Este filme narra la historia de Francisco, un obrero quien, tras soportar estoicamente las inclemencias de un sistema diseñado específicamente para reproducir la miseria y la indignidad, decide “equilibrar la balanza” mediante una serie de acciones las cuales rompen de forma tajante con esos pactos los cuales son el pilar por excelencia del Status Quo.

La serie de eventos que tienen lugar a lo largo de ‘Mano de Obra’ -un conjunto de peripecias que cuestionan la legitimidad de la propiedad privada así como de los lujos que la clase alta ha cultivado a partir de la explotación de los menos favorecidos- es un portento que la vincula de forma directa con ‘Parasite’, cinta la cual se ha transformado en un auténtico fenómeno a nivel mundial.

En conversación con Revista Marvin, Zonana asegura que este paralelismo argumental e ideológico no es de sorprender, ya que la crisis que actualmente define al mundo neoliberal ha dado pie a una serie de “coincidencias mentales” en las que múltiples directores de todo el mundo se apoderan de las capacidades indiciales del séptimo arte para deconstruir y cuestionar aquellos dogmas capitalistas que durante décadas han regido a la humanidad.

Por otra parte, Darío Yazbek -productor de la cinta-, declaró de forma enfática que, a pesar de la “lucha de clases” que observamos a lo largo de la cinta, el verdadero villano en la historia es el sistema: una entidad invisible e insaciable.

El encargado de protagonizar ‘Mano de Obra‘ es Luis Alberti, histrión quien nos ofrece una de sus actuaciones más intensas y abiertamente desoladoras dentro de su carrera. Esto debido particularmente a que su personaje es un ente quien sufre una serie de transformaciones mentales tremendamente abrumadoras.

Con respecto a este asunto, Alberti mencionó para Marvin que la verdadera misión de la cinta es capturar la esencia real de nuestra cotidianidad nacional, misma condición que recae sobre la personalidad “mutante” de nuestro pueblo.

Para Alberti esta cinta representa un eslabón histórico con respecto a nuestra complejidad como individuos, misma situación que va más allá de simples dicotomías morales para dejar al descubierto una compleja maquinaria social de la que todos formamos parte. Básicamente, incluso la mente más pura puede corromperse ante los fulgores de un mundo que encuentra en la deshumanización a su principal punto de encuentro.