Existe algo profundamente crudo y latinoamericano en nuestra forma de abrazar la tragedia. En esta parte del mundo, la tristeza no se esconde bajo la alfombra ni se disimula con una sonrisa de catálogo; se sirve en vasos de cristal grueso por las madrugadas y se canta a todo pulmón hasta que la garganta sangra, cuando ya nadie está lo suficientemente sobrio para mentirse. Macha y El Bloque Depresivo entienden esta alquimia emocional a la perfección.
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Estos chilenos han convertido el desamor, la nostalgia y la pesadumbre en un acto de resistencia cultural, un karaoke gigantesco donde las miserias compartidas se transforman en una catarsis colectiva. Porque hay canciones que no se escuchan. Se sobreviven. A propósito de su inminente regreso a México, donde pisarán Monterrey por primera vez, además de reencontrarse con Guadalajara y su entrañable público capitalino, charlamos con Raúl Céspedes y Daniel Pezoa sobre esa conexión casi visceral entre ambos países, tejida con boleros, rancheras y un cariño mutuo que trasciende generaciones.
Hay algo muy latinoamericano en la forma de concebir la tristeza, aquí podemos estar devastados por dentro y, sin embargo, terminar cantando abrazados, con una copa en la mano. ¿Por qué creen que en nuestra cultura la tristeza necesita convertirse en fiesta para poder sobrevivirse?
Raúl Céspedes: Es natural para nosotros, vivimos condiciones difíciles en nuestros países. Buscamos una manera de salir, de desahogar por algún lugar. Estamos en sociedades también que son súper elitistas, sociedades que te exigen estar siempre bien y todo eso, como siempre tener buena cara o estar pasándolo fantástico, sociedades que ocultan la tristeza, que la guardan. Y nosotros, los latinos, en ese sentido, somos buenos para hacer salir eso. Como bien decías, es un hilo conductor de Latinoamérica en todos lados. En Chile se quiere mucho a la cultura mexicana, los sentimos súper hermanos y vibramos también con las mismas cosas.
Daniel Pezoa: Claro, y también junto con lo que dice Raúl está la parte musical, con la rítmica, los géneros que se van cultivando de muchos años atrás, totalmente arraigados con los pueblos; y también junto al desamor, qué más triste que escuchar un bolero de repente.
México y Chile poseen una relación musical mucho más recóndita de lo que a veces reconocemos. José José, Chavela Vargas, Los Panchos, Víctor Jara, Violeta Parra, Los Tres… ¿Qué descubrieron de México a través de sus canciones y qué creen que México ha descubierto de Chile a través de ustedes?
Raúl Céspedes: Crecimos todos escuchando ranchera, corrido, huapango, son huasteco. Como bien dices, Chavela o Amparo Ochoa, un montón de cantantes mexicanos tan fructíferos, los folkloristas, muchos forman parte de nuestro ADN. Con El Bloque Depresivo no escogemos qué canción vamos a hacer como si fuera un estudio general de algún país, por ejemplo, vamos a tocar una canción del Perú. Buscamos canciones que nos han acompañado siempre, que nos gustan mucho y uno se acuerda, tomas la guitarra, empiezas a tocar un poquitito y se arman nuestras versiones. Muy desde el corazón, desde el oído de la costumbre, desde lo que uno escuchaba de chico.
Daniel Pezoa: También los pueblos son súper acogedores, por decirlo así, con el cariñito. Juan Gabriel llegó a Chile como un gusto adquirido de a poco. Cuando ya apareció ese concierto grande en Bellas Artes, ya se escuchaban sus canciones como autor cantadas por, no sé, Daniela Romo, Rocío Dúrcal. Desde ahí se fue masificando y después supimos quién era el autor de esas canciones.

Vivimos una época encaprichada con lo nuevo, lo inmediato y lo desechable. Ustedes, en cambio, trabajan con canciones que pueden tener décadas y siguen hablando de amor, abandono, alcohol, soledad y desvelo. ¿La nostalgia es una representación de resistencia cultural o simplemente estamos descubriendo que algunas emociones nunca pasan de moda?
Raúl Céspedes: Tiene cara de resistencia cultural de alguna manera, está también en nuestro ADN. Crece esta sensación de pesadumbre, de nostalgia, que siempre va acompañada con música. Está bueno eso de tener la posibilidad de desahogar. Yo creo que eso nos hace fuertes, y nos mantiene también. Estamos en un constante llenarte y desahogarte, inflar y desinflar, somos pueblos mucho más dúctiles en ese sentido. En Europa son un poco más rígidos con estas cosas, más fríos.
Daniel Pezoa: Hasta con la sangre. La sangre es lo más fuerte. Y, obviamente, desde ahí el corazón va funcionando. Bueno, ¿quién no ha tenido un amor, un desamor? Hay canciones que importan pena y se van produciendo con los años y décadas pasadas.
¿Creen que cantar nuestras miserias, en lugar de esconderlas, puede ser una forma de sanarlas?
Raúl Céspedes: Absolutamente, es muy sanador. Yo creo que más que centrarnos en una temática que tiene que ver con la tristeza, nos centramos en canciones que escuchamos cuando éramos chicos, que escuchaban nuestras mamás, nuestros papás, nuestros abuelos, tatas, como una música que sentimos que está muy en la historia nuestra y que si tomas una guitarra y tarareas todos la conocen. Muchas de ellas son de temáticas tristes, pero otras muestran diferentes maneras de acercarte al amor, al desamor, desde la vida misma, con lo que te pasa en la calle, con lo que ves. Como Víctor Jara. No siempre le canta al amor de pareja, combina el amor por el prójimo.
Daniel Pezoa: En nuestros conciertos no es raro ver un abuelito, un joven de 14 años y familias completas, obviamente la temática de las canciones es un recuerdo, un florecer del romanticismo. Es una manera de reposicionar una música que siempre estuvo relacionada, tal vez, a un espacio, a la casa, a la mamá, a tu infancia. Es traerla y revisitarla, ponerla en un mundo que está preocupado por hablar de otras cosas.
Van a reaparecer en la Ciudad de México con estas canciones que hablan de desamores, noches largas y heridas que posiblemente nunca terminan de cerrar. Si Macha y El Bloque Depresivo fuera una cantina latinoamericana abierta a las tres de la mañana, ¿qué creen que estaría buscando la gente que entra por esa puerta: olvidar, recordar, llorar, enamorarse otra vez o simplemente sentirse acompañada?
Raúl Céspedes: Nada, cantar, cantar, cantar, desahogarse ahí, hacer un relajo. Disfrutar 100%, es bonito conectarse con el canto. En general, también los conciertos de nosotros son muy cantados. Esa conexión con el canto es muy linda. Que la gente cante con uno, que te acompañe. Es como un karaoke.
Daniel Pezoa: Sí, un karaoke andante muy bonito. Tuvimos la suerte de tocar el año pasado en el Estadio Nacional en Chile para 50, 60 000 personas. Todas cantando, un karaoke gigante, increíble. Hay una conexión linda también en México. Eso siempre esperamos.
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