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Lost Acapulco: “Somos el referente del surf mexicano a nivel mundial”

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Conversar con Crunchy López es entrar en un universo donde el caos musical, la fiesta y el surf se entrelazan sin perder el pulso de tres décadas de música. Después de tantos años, Lost Acapulco sigue siendo una banda que conoce su lugar en la historia, pero que no ha perdido la chispa que le hizo único: la alegría del riff, la intensidad del directo y la pasión por tocar para quienes sienten la música. Recientemente, después de su gira europea, Crunchy nos abrió la puerta a ese mundo mientras hablábamos en su sala de ensayo del nuevo material discográfico del grupo, del sencillo “México libre” y de la incorporación de Shelly a una banda que está por celebrar 30 años de trayectoria con un show en el Lunario del Auditorio Nacional.

TXT:: Tim Drake

Después de 30 años tocando, ¿qué ajustes hicieron en la producción del show para que funcionara en foros europeos, donde el sonido, la puntualidad y la logística son casi religión?

Con esta nueva gira todo cambió. Estábamos acostumbrados a una Europa distinta, como más “libre”. Y de repente llegamos y nos encontramos con que ya todo está muy fiscalizado, todo es diferente. La gente ya no usa dinero, todo es electrónico. Para nosotros fue un choque raro, no íbamos preparados. Pero una vez que entendimos cómo nadar con esa corriente, le dimos. Hablamos con nuestro contador en México de facturaciones, de todo lo que había que ordenar… y entramos en la ordenanza.

En esta gira europea llevaron su surf-rock a ciudades con culturas musicales muy distintas; ¿qué ciudad les dejó más aprendizaje y experiencia por la manera en que reaccionó el público y cómo afecta eso para una gira a futuro?

Los primeros shows fueron raros. Lost Acapulco siempre ha sido una banda de 300 personas para arriba en Europa, y de pronto llegaban 100 personas. Pensamos, ya fuimos, ya pasamos de moda. Pero al día siguiente tocábamos en otro lugar y llegaba gente de la ciudad anterior. Nos decían, me enteré apenas ayer que tocaron en Madrid, y ahora vine a buscarlos aquí a Valencia. A partir de eso, los shows mejoraron. Salimos de España, fuimos a Italia al festival Surfer Joe, donde nos fue muy bien. Nos pusieron como headliners. También en el Surforama, festival tradicional de Valencia, fuimos banda principal. Ya se nos reconoce como una banda importante, como el referente mexicano del surf a nivel mundial. Nos la pasamos fenomenal. Tuvimos chance de vacacionar en Inglaterra, Portugal. Anunciamos 28 fechas y terminamos haciendo unas 36. Se iban sumando shows y nosotros felices. Nos encanta andar del tingo al tango, tocando y echando desmadre.

En Europa son headliners de festivales, los comparan con The Ventures, y en México los siguen poniendo en las primeras horas de un Vive Latino o no se les valora en su justa dimensión: ¿qué emociona o duele más, que te encasillen como reliquia en tierras lejanas o que te pongan de telonero para el inicio de un festival en tu país?

Pues mira, la verdad es que yo entiendo muy bien el negocio del Vive Latino. Nunca me he quejado. He intentado que cambien el horario, sí, como todos los grupos lo hacen. Casi todos los grupos negocian sus horarios. Pero entiendo que el Vive Latino necesita activar su economía desde el momento uno. Una vez abrimos el escenario principal y se llenó. ¿Qué les dice eso? Que Lost Acapulco activa la economía desde el arranque.

Claro, haces que la gente llegue desde temprano y consuma.

Exactamente. Todo el día tienen la economía activa. Lo entendí bien y nunca he reclamado. Nos han dado el escenario principal, hemos sido segunda o tercera banda. No siempre abrimos. Y si el festival vende 500 cartones de cerveza cuando estamos tocando, yo feliz. Esto es un negocio. Los festivales, la industria, todo es negocio. No los culpo. Al contrario, creo que lo hacen muy bien.

La escena musical mexicana vive un boom de festivales y al mismo tiempo una crisis de foros pequeños; ¿qué espacio creen que realmente sostiene la cultura de una banda como Lost Acapulco, el festival masivo o el bar sudoroso de 200 personas?

Lo que me interesa del Vive Latino es la exposición. Me ayuda a proyectar a la banda en otros países. También tengo mi beneficio. Muchos grupos tocan ahí y no pasa nada con ellos. Nosotros buscamos oportunidades. Después de tocar en varios Vive Latino hemos cerrado giras en Japón, Escandinavia. Nos beneficia mucho tocar ahí. No tenemos problema con abrir. Me gusta abrir porque así disfruto todo el festival, me aviento mi fiestota y veo a los grupos que quiero ver. Siempre ha sido bien chido. Nunca he tenido reclamos.

¿Qué simboliza para Lost Acapulco presentarse como headliner en un festival en Italia después de tres décadas de ser referentes del surf y el garage en México? ¿Lo viven como un reconocimiento institucional o como un reto para mantener el caos y la irreverencia fuera del “confort” de México?

Cambia el chip. Sabes que traes un paquetote y hay que hacerlo bien. La preparación es la misma, pero el mensaje es otro. En México, incluso pedimos tocar temprano. Quiero tocar bien chingón, agarrar a la gente fresca, que bailen duro, que se la pasen chido. Nunca hemos peleado por un lugar en la industria. Acatamos lo que los promotores dicen. El que paga manda. Sé el lugar de mi banda. Somos el referente más importante del surf mexicano a nivel mundial. No tengo que pelearme por ese lugar. Si abro o cierro, me da igual. Doy la misma calidad. Si cierro, preparo un show con luces. Si abro, no hay luces porque es de día, pero el show es igual de potente. Garantizo que la gente se va a romper la madre bailando.

El público joven regresa a sonidos de otras décadas, surf, garage, post-punk. ¿Cómo se sienten siendo “clásicos vivos” y parte de una moda revival (principalmente) en TikTok?

Es el cambio de generaciones. De repente te das cuenta de que llevabas 10 años sin ir a Europa y ya no es la misma gente. Pero agradablemente descubrimos que esta nueva generación también gusta de Lost Acapulco. Seguramente por herencia de los padres, los tíos, los hermanos. Empezó a llegar mucho público joven y nos llenaba todos los shows.

Han anunciado que la banda pasa de cuarteto a quinteto para esta etapa: ¿qué les empujó a añadir una bajista en lugar de reconfigurar los roles internos? ¿Cuál fue la conversación creativa detrás de esa decisión?

Está bien fácil. Diseñamos un disco nuevo, bueno, dos. Uno ya salió, se llama Death by robots, del cual llevamos tres sencillos afuera. Ese disco fue diseñado a tres guitarras.  Entonces, lo que platicamos en una reunión fue, necesitamos un elemento más para poder llevar bien el sonido de estos discos. Pensamos que también era una buena oportunidad para refrescarnos, hacer algo distinto y sentirnos diferentes al tocar en vivo. Tomamos la decisión de integrar a un nuevo elemento, pero teníamos claro que no queríamos que fuera un güey, porque ya somos muchos. La fiesta de tornillos ya estuvo.

A Shell Shock la había visto tocando hace tiempo en un bar con su banda. Me pareció que tenía buena onda, presencia. Además, ya había cotorreado con ella un par de veces y me caía muy bien.  Dijimos, vamos a ver qué onda con Shelly, si le interesa. Llegamos al acuerdo sin problema. Al gran Gus, que era el bajista, lo pasamos a la guitarra. Si de por sí es muy buen bajista, como guitarrista es increíble. Hablamos con ella, se integró y la verdad es que nos la hemos pasado muy bien. Ella es la que ahora nos trae en chinga recordando las rolas.  Tiene otra visión más fresca de las rolas. Estamos muy contentos de haberla adherido a la banda.

El Lunario es un espacio íntimo dentro de un recinto mítico como el Auditorio Nacional; ¿cómo diseñaron un show en ese lugar que funcione en ese equilibrio entre lo ceremonial y lo salvaje del surf?

Siempre nos ha ido muy bien, afortunadamente, en el Lunario. Solo quisimos comenzar nuestra gira de 30 años ahí. Como bien dices, es un venue prestigioso. Estamos preparándonos mucho, estamos ensayando un buen. Nos choca ensayar, nos caga ensayar, pero nos estamos divirtiendo mucho.

Al preparar un show especial en el Lunario para festejar 30 años, ¿cómo trabajaron la curaduría del repertorio (arriesgar con material nuevo o apostarlo todo a los clásicos) y qué criterio usaron para decidirlo?

El setlist lo hace la gente. Nuestro público nos pide canciones por redes, nos sugiere cosas, y hacemos caso. Va a ser un recorrido de 30 años, pero también estrenaremos un par de canciones nuevas de Death by robots que ni siquiera sabemos cuándo saldrán oficialmente. Simplemente tenemos un chingo de ganas de tocarlas.  Creemos que a la gente le va a gustar… y si no, pues ni modo, a nosotros sí.

El último single, “México libre”, ¿es una utopía, una amenaza, una realidad?

Es una pregunta. Se trata de eso: de no saber qué es. La pelota está botando. Cada quien puede ir por la carretera, por la de cuota o por la libre. En tu vida puedes irte por la libre o no. Yo quiero ver a mi México libre, pero no sé si de eso se trata la canción. Cada quien le va a poner su propia historia. El balón está botando ahí.

El título del disco, Death by robots, suena a ciencia ficción y distopía, ¿es una metáfora del presente tecnológico o una broma al estilo Lost Acapulco que terminó definiendo el disco sin inteligencia artificial?

A mí me la suda la inteligencia artificial. No la necesito a nivel musical. Pero claro que vemos cómo los robots le están quitando espacio al humano. En fábricas, en cajeros, en todo. Death by robots habla de eso: de cómo los robots van ganando terreno. Nosotros seguimos siendo analógicos, queremos seguir viendo a la gente, trabajando, ganándose la feria, yendo a conciertos. Queremos seguir haciendo música real.

¿Qué es más peligroso para Lost Acapulco: la censura de un algoritmo que los silencia, la inteligencia artificial o el riesgo de volverse su propia caricatura después de tres décadas enmascarados?

Yo, personalmente, me sentiría defraudado de hacer una canción con inteligencia artificial. Creo que no sería honesto. Nunca lo he hecho en estos 30 años. No quiero decir que no lo haría. A lo mejor mañana amanezco todo “carcamán” y solo quiero hacer eso. Pero eso es lo que no quiero: llegar al punto fácil, a la música fácil.

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