Increíble pero cierto: hace 27 años que Los Tres no se encontraban tal y como hoy lo hacen. Tenemos a Álvaro Henríquez, Roberto Lindl, Ángel Parra y Francisco Molina de nuevo juntos, como en los días de La espada y la pared y Fome, y además con un flamante álbum entre manos, titulado Xclnt. Una colección de 11 composiciones grabadas en los estudios Abbey Road, en Londres, en menos de diez días. Toda una hazaña, algo que solo músicos bien fajados podrían conseguir.
Para alcanzar tal meta, el cuarteto llegó a la catedral donde The Beatles labraron oraciones con su maquinaría sureña perfectamente aceitada. Mucho trabajo previo, harto ensayo delineando menudencias. No había espacio para la duda, se trataba de ir directo a la médula de los tracks y es por ello que encontramos un trabajo donde no caben artificios más allá de los que los cuatro integrantes de la banda dominan en el escenario: guitarras, bajo y batería. En medio de esto, hay un saber impregnando el aire: el amor ido. Esta vez los músicos trabajaron con canciones donde el sentir ausente vive.
“Cantar y amar” y “Como llegaste te vas”, la pareja que abre Xclnt (se pronuncia excelente), llevaba rato aguardando en la lista de pendientes de Henríquez, quien desde que las escribió tuvo claro que se trataba de canciones que sólo verían la luz firmadas por Los Tres. Tuvo razón, las dos declaran principios. La primera se refiere a aburrirse de todo excepto de dos cosas a la hora de recibir la condena final; celebra el presente, sin embargo: “a vivir todo lo que nos resta”, reclama la letra en medio de un viento fuerte, un mar hirviendo y un desierto remoto. La segunda es un hit en regla. Julieta Venegas sonreiría la escuchar esta cueca eléctrica con la cálida voz de Álvaro hablando de un amor asesino, que apuñala; en contraste, los acordes ensueñan, exceptuando una rugosa guitarra que recalca compases; de pronto algún delay análogo marca Abbey Road hay por ahí, señalando palabras.

En “La vida al revés” se comprueba que es complicado manufacturar un tema que vaya derecho, sin andarse por las ramas, y cómo quien lo consigue, como es el caso, roza la genialidad. Acá, Henríquez se declara en paz, evaluando sus sentires con sapiencia, la mira fija. Al tiempo, en “Al menos sólo por hoy” el músico canta por amor y devoción refiriéndose al obrero sin pan, señalando a los buenos a los que les va mal. La composición aloja un quiebre rocanrolero a modo de puente que es oxígeno puro. Vaya labor de guitarras ante la idea de que Satán sea poca cosa al lado de esa persona que aniquila problemas con sólo apersonarse. Luego, “Peor que mal” se advierte como prima de “De hacerse se va a hacer”, incluida en Fome. Pesimismo en esplendor yendo de las guitarras a lo Television a aquellas al estilo de The Byrds, abriendo paisajes entre nubes y puestas de sol, buscando horizonte después de todo.

“Perro muerto” avanza con la exploración folclórica, con todo y sus muchos ¡caramba! entre papas fritas. Un tema donde probablemente Los Tres consigan lo que llevan décadas buscando: entretejer su influencia anglosajona con las raíces de la canción chilena; algo parecido procuran más tarde, con “Alma a la deriva”. Pero lo mejor llega bajo el nombre de “Vendaval de otoño”. Acá los autores trazan una pintura preciosa. Vislumbran aguas oscuras y lunas rojas flotantes, y nos invitan a navegar por ahí, amorosos, en silencio, para ver pasar el fuego nocturno. El cantante se refiere a amigos que se vuelven enemigos, a soles hundidos y a tormentas. Apela al sufrimiento y al caos. Recuerda así, de pronto, a “Agua fría”, presentada en La sangre en el cuerpo, aunque con un desarrollo armónico cautivante donde los arpegios prolongan la partida, dejando atrás nubes y flores, y así sin pena ciertos amores. Se confiesa Álvaro, bien sentido: También lloro por aquella que por mí se halla perdida… y yo perdido por ella.
Punto y aparte para “INRI”. Los Tres en estado puro, vital. Todo deslumbra allí, escuchamos a una banda amarradísima dando cátedra de rocanrol. Y la letra reluce especialmente, con el retruécano verbal que tan bien doma Henríquez, quien tras citar las marcas que más venden, acaba brandeando el sitio donde Jesús fue clavado. Refina lo planteado en “Cárcel, hospital y cementerio” (Coliumo). Después, el último track encuadra la sustancia de Xclnt con efectividad, basta leer su letra para saberlo: una obra de cenizas y flores, estrellas y ríos. Un amor de provincia que llega al fondo de la vida para maravillarse al anochecer.
Es ésta una colección de canciones que no funcionaría si la alineación de Los Tres fuese otra hoy. Cuatro contra el mundo, fuera de modas, a su manera, revindicando su pasado, único. Sí, ya va siendo hora de ponerlos donde se merecen en el mapa del rock iberoamericano, Los Tres cuentan con una discografía y un discurso que les avalan como punteros (por decir algo, su unplugged ha de ser uno de los más propositivos en la historia de MTV a nivel internacional). Había dudas respecto a un nuevo disco por parte de los de Concepción, su más reciente presentación en el Teatro Metropolitan lució un tanto desangelada; ahora se sabe que faltaban estas canciones. Hoy, el regreso de Los Tres se encuentra justificado, plenamente. Y suena excelente.

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