En plática con Nane y Nico de LosPetitFellas, hablan como suenan: con la cabeza incendiada de ideas y el alma insistiendo con esa fe maltratada que solo aparece cuando ya no queda mucho más. Dicen que El plan nuestro de cada día no es un disco: es sudor, es insistencia, es pararse todos los días a pelearle a la vida con canciones. Carne contra cielo. Cansancio contra milagro. Hablan de carreteras mexicanas tragadas a pulso y de un sonido armado desde el choque: rock, salsa, hip hop y jazz; todo revuelto, orgánico, vivo. Son una banda colombiana que no llegó a imponer nada, sino a ganarse el cariño tocando. LosPetitFellas construyen una idea clara de comunidad, independencia y pertenencia que se confirmará en vivo sobre el escenario del Lunario del Auditorio Nacional, donde el viaje deja de ser promesa para convertirse en presente el próximo 26 de marzo.
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El plan nuestro de cada día se describe como un diálogo entre lo divino y lo terrenal. ¿Cómo influyó esta dualidad en la composición de las letras y los sonidos del álbum?
Nico: Pasamos dos años haciéndolo, dándole la pelea, soñando, soportando. Y en esa humanidad, en ese pararse diario, aparece la carne. Hay un estado muy divino en la súplica: en pedir el milagro, al dios del bombo, a la vida, a la energía, a la música. Creo que hay una súplica constante. Yo sí siento que hay varias conversaciones con los dioses en el disco. Tiene una carga espiritual, pero no pretendo decir que seamos personas espirituales. Más bien nos detuvimos un rato ahí: en una profundidad, en unas preguntas, en esa duda de la carne y en la búsqueda del milagro, el milagro cotidiano. Ahí es donde uno se agarra de algo para seguir dando la pelea, para inspirarse, para encontrar belleza en cosas que están ahí, que son el milagro mismo y que a veces pasamos por alto. La Santísima Trinidad: el cuerpo, la mente y el alma. Esa es nuestra conversación diaria. Vamos oyendo, claro.
Después de un tour tan largo por México, ¿qué aprendizajes o experiencias específicas se llevan de esta audiencia que quizá no habían tenido en otros países?
Nico: LosPetitFellas no vienen a montar la suya acá. Hemos venido a México a vivir, a ganarnos el amor de la gente, a ganarnos el respeto de la gente de la industria. Y eso implica coger la carretera: ir a Texcoco, Izcalli, Aguascalientes, Monterrey, Guadalajara; todo por tierra, todo con nuestras manos, manejando nosotros. Todo por el sueño, desde la independencia, desde entendernos como outsiders. Aquí no hay nadie metiéndole dinero: somos nosotros y es nuestra gente. Y llegar, encontrarse con la gente, saber su historia, por qué nos sigue, aunque geográficamente estemos distantes, pero conectados.
Su música mezcla hip hop, jazz, soul, rock y salsa. ¿Cómo equilibran estas influencias sin perder una identidad sonora cohesiva?
Nane: Siempre es una hazaña. Son de esas cosas que uno ni sabe cómo suceden, pero pasan. Yo sí creo que ocurren por el tiempo de conocernos: es la receta original de la casa. Es lo que se va cocinando con todo este ir y venir de hacer canciones y, sobre todo, de conocernos; de saber qué somos dentro del grupo, quién aporta qué. Cada uno trae una receta de su casa y de su propia persona para ponerla sobre la mesa. Eso ha puesto a cocinar el sonido de la banda durante casi quince años, dando un resultado muy orgánico. Lo que hacemos es pensar en emociones, en el mensaje, en cómo eso se puede traducir en imágenes y, sobre todo, en sensaciones. Estar con la sensibilidad puesta en la obra. Cuando algo no nos funciona, no es porque la idea sea mala, sino porque en su proceso de escucha y de sensibilidad no hemos estado todos realmente ahí, prestos a entregarlo. Y ahí es donde está la magia de hacer canciones con más de una persona, de estar en una banda: que haya comunión. Hablamos de las musas, pero al final es un momento, una presencia. Cuando todos estamos en atención sensible, eso ocurre. Y claro, al final se traduce en un género, pero es demasiado sencillo pensarlo así. En realidad, estamos más elevados, pensando en lo que trasciende.
Han hecho más de 500 conciertos en su historia. ¿Hay alguna presentación en México o Latinoamérica que marcó un punto de inflexión para ustedes como artistas?
Nane: Algo que ha sido muy sorprendente en esta evolución, y para sentirnos de esta manera, es el respaldo de la gente. El respaldo de quienes te escuchan, de quienes ponen todo para que esto crezca, para que se haga cada vez más grande y llegue a más personas. Te hablo de todos los que nos oyen, de todos los que nos siguen y que lo hacen real, que lo mantienen vivo y que nos mantienen súper enamorados de este sueño, porque al final uno hace esto por esa sensación de comunidad, donde uno se sostiene con el otro. Es un amor y un sentimiento que no es ni más ni menos que lo que sucede en nuestra Colombia, sigue siendo muy emocionante, completamente sorprendente. Eso ha sido una parte fundamental de estos primeros dos años viviendo en la ciudad; poder convivir de una manera mucho más personal y darnos también la licencia de tener cerca a nuestros seguidores y, al final, a nuestros amigos.
Nico: Ha sido un proceso, responde mucho a las preguntas que nos hacemos varios en la banda. Eso nos llevó al filarmónico que hicimos con la Orquesta Filarmónica de Medellín y a ver lo que eso genera; nos puso a sonar en modo big band. Cada etapa de la banda termina siendo un punto de inflexión, en el sentido de que estamos haciendo cosas que ni siquiera habíamos contemplado cuando empezamos. Todo eso nos está llevando ahora al Lunario de la CDMX este 26 de marzo.
El Lunario del Auditorio Nacional es un cierre simbólico para esta etapa. ¿Qué representa ese lugar para ustedes y cómo planean que sea esa noche en comparación con otros shows de la gira?
Nico: Yo quiero decir una idea muy sencilla: El Lunario es una puerta hermosa hacia la ciudad, hacia adentro de la ciudad y hacia toda la película. Siento que por ahí hay algo así, algo que se abre.
Nane: Sí, es volver real el estado de esta banda y hacerla chilanga. Es sentirse parte de la ciudad. Es hacerlo real. No es ser headliners en nuestra ciudad: es ser headliners de nuestro Lunario en esta ciudad. Y eso es hermoso. Es el cierre de todo este sueño que fue venir a México a hacer un disco y una celebración, pero sobre todo es sentir a esta banda como parte de la ciudad, sentirla también responsabilizada de lo que empieza a suceder con nuestra música aquí, con su gente. Es, literalmente, el inicio de Los Fellas en Ciudad de México.
Nico: Va toda la carne al asador. Hay algo hermoso que nos inspira mucho en el show y es la sorpresa, la emoción de no tener certeza de que algo va a pasar; la duda y la respuesta a la duda, y solo hay una forma de saberlo. Hay muchas sorpresas, proponer un coro gospel que traemos en mente. La banda quiere llevar un poco esa idea de los formatos que uno puede hacer en Bogotá, porque es la ciudad de uno, donde está tu gente y puedes vender los boletos para hacerlo. Son más de diez voces en vivo, es una patada bien dada en la cara, no una patada divina, con un formato de vientos increíblemente poderoso, más todo lo que sucede después, que tiene que ver con esto de la localía. Cuando uno ya se siente en casa, se puede permitir sorprender y emocionar al público. Hay una garantía: cada show que hacemos es más increíble que el anterior. Estamos empezando a convencer para que digan: “esa banda es una chimba”.
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